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ANÁLISIS

La otra puerta china en Europa

Mientras el proceso de deconstrucción comunitaria parece avanzar a marchas forzadas, China redobla sus estrategias en relación al Viejo Continente.

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El presidente chino Xi Jinping en su llegada a Praga, República Checa, el 28 de marzo de 2016. AP/PETR DAVID JOSEK

PEKÍN.- Mientras el proceso de deconstrucción comunitaria parece avanzar a marchas forzadas, China redobla sus estrategias en relación al Viejo Continente. De una parte, procurando pequeñas mejoras en sus relaciones con la UE, en las que siguen coexistiendo avances y tensiones, y grandes acuerdos con los principales países. Tras su reciente novena visita a China, la canciller Ángela Merkel regresó a Alemania con nuevos proyectos de cooperación industrial bajo el brazo. Berlín es, junto a Londres en lo financiero, el aliado clave de China ante una Europa que se resiste a reconocerla como una economía de mercado a escasos meses de que dicho reconocimiento se opere de forma automática en virtud de los acuerdos de adhesión a la OMC. El presidente Rajoy visitó China una vez –en 2014- lo cual podría explicar su limitado conocimiento del país. Madrid cotiza a la baja en Beijing.

Más interesante es el ritmo del acercamiento entre China y los PECO (Países de Europa Central y Oriental). Desde 2012, China promueve con ellos un foro en el que participan 16 países, de los cuales cinco (Albania, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro, Serbia) no son miembros de la UE. En los últimos cuatro años, los países menos desarrollados del continente han encontrado en China un aliado clave para alentar sus exportaciones y mejorar sus infraestructuras obviando el aturdimiento comunitario. El volumen de intercambio comercial crece de forma sostenida de año y en año si bien partiendo de cifras modestas y aun a distancia de lo que representa el comercio con los países de Europa Occidental. Pero la vía china les ofrece una alternativa complementaria y a Beijing una palanca de influencia nada desdeñable frente a una Bruselas en la que, en conjunto, no encuentra la receptividad anhelada.

La clave del nuevo tiempo es el papel de esta región en la estrategia china de la Ruta de la Seda. Los trenes que parten de Chongqing, Wuhan, Zhengshou, Yiwu o Chengdu, atraviesan buena parte de estos países para llegar al centro y sur de Europa. Hasta dieciséis ciudades chinas han habilitado conexiones similares con doce ciudades europeas, entre ellas Madrid, operando bajo la marca “Trenes de carga China-Europa”. Los enlaces ferroviarios y aéreos, la mejora del transporte y la modernización de los puertos así como el planeado corredor marítimo-terrestre progresan a buen ritmo.

Xi Jinping viajó a Praga hace tres meses y ahora regresa a la región para visitar Belgrado y Varsovia. En 2009, Serbia fue el primer PECO en establecer una asociación estratégica con China. Con Polonia la suscribirá dos años más tarde. Es su mayor socio comercial en la región y es el único PECO que participa en el BAII (Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras). China apuesta por convertir la ciudad de Lodz en el centro logístico más grande de la UE.

La Europa del Este, díscola por otros motivos con el discurso de Bruselas, encuentra en la actitud ante China otro elemento diferenciador. Con menos tiquismiquis –aunque no sin problemas- y primando la cooperación económica sobre cualquier otra cuestión, esperan acceder a una recuperación que en el conjunto del continente se sigue resistiendo en virtud de la dogmática aplicación de las políticas de austeridad.

* El autor es director del Observatorio de la Política China