Opinión
'Julito' Martínez, Aldama de 'Desokupa' y la élite partidista

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
En sus grandes casos de corrupción, al PP nunca le hicieron falta malas y cutres compañías dispuestas a corromper a los corrompibles, y sin justificar a éstos en absoluto, aunque tanto Ábalos como Cerdán como Zapatero aún son presuntos y hay grandes diferencias cuantitativas y cualitativas entre las tres causas, pese a las prisas de Feijóo y Abascal por enchironarlos a todos desde que Pedro Sánchez fue investido presidente.
La (ultra)derecha, como los Borbones, siempre ha llevado a los grandes corruptos en sus propias filas o a los corruptores en la lista del IBEX, como constataron los papeles de Bárcenas. Ahí están, en los vastos anales de la corrupción española, el citado extesorero del PP, Eduardo Zaplana, Jaume Matas, Rodrigo Rato, Francisco Granados o Ignacio González, entre otros y sin registrar aún a los que están en juicio, como Jorge Fernández Díaz o su secretario de Estado, y varios/as imputados más. Tampoco queremos ignorar, por su pedigrí internacional, al amigo de juventud madura de Feijóo, un narcotraficante de renombre cuyo rastro en la Xunta se borró con la lluvia, y no es poesía barata.
También sin mencionar, por supuesto, a aquellos cuya identidad se desconoce y solo se intuye por las siglas; aquellos que, como José Luis Rodríguez Zapatero, aparecen nombrados en grabaciones de terceros que son presuntos culpables o culpables directamente (“El presidente lo sabe”, el Barbas, el Asturiano,… ) y hasta aquellas que hablan en primera persona en otras conversaciones, como Dolores de Cospedal, pero que no merecen ser investigados por lo que sea; o que hacen lobby con un 1% de comisión entre Abengoa y el difunto “amigo” libio Muamar el Gadafi para la que no hacen falta ni intermediarios. Al fin y al cabo, ahora que los genocidios y las invasiones ilegales cotizan al alza en las urnas, José María Aznar (lo he dicho) tuvo la decencia de meter a España en una guerra ilegal de EEUU y no la indecencia de retirar a nuestras tropas de ella.
Hoy, no obstante, no vamos a hablar de la doble vara de medir o las distintas velocidades de los grandes tribunales nuestros, según sean los presuntos culpables de izquierdas o derechas. Hay tantos ejemplos que ilustran esta obviedad de doble rasero y que van desde Alberto Quirón a José Luis Ábalos, que me quedo sin tiempo para entregar el artículo. En este texto vamos a poner el foco en una pseudoélite cuyos méritos se desconocen y que acceden a los entornos del poder político gracias al peloteo, el dinero, un aparente éxito empresarial a golpe de consejos baratos y bolillos fiscales o una capacidad reptiliana para colarse en todos los sitios donde se pueden manejar las grandes y muy rentables decisiones, y no hablamos en absoluto de conseguir más inversión pública para investigación científica, por ejemplo.
Vamos a señalar a personajes como Víctor de Aldama o Julio Martínez Martínez, que tanto sacuden la caspa de varias chaquetas del Gobierno a la vez, si las cosas van bien, como señalan a su madre si hace falta para librarse de la cárcel o minimizar las consecuencias de sus actos corruptos (presuntos) Tanto Aldama como Martínez han dejado al excomisario José Manuel Villarejo, por ejemplo, como un capo sofisticado y hasta resultón; no digamos a los empresarios Francisco Correa, testigo de la boda de la hija de Aznar, y a David Marjaliza.
Vamos a señalar a Julito y a Víctor Desokupa porque, para un electorado y una militancia progresista que se mueve entre el cabreo supino, la depresión patológica y la antipolítica -o todo a la vez-, la mera existencia de estos sujetos y su proximidad al núcleo de las decisiones políticas que nos afectan a todos/as en el día a día ya está incrustada con dolor en el imaginario militante, sean culpables o inocentes los imputados y procesados por los varios delitos de corrupción. Por lo menos, lo del ángel Marcelo de Fernández Díaz podía justificarse por obedecer a un acto de fe religiosa, a una alucinación transitoria opusdeista o a una mezcla de ambas irracionalidades. Pero Julito y Aldama…
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