Publicado: 22.09.2016 17:07 |Actualizado: 22.09.2016 17:07

El Gobierno concede protección al menor sirio que pidió asilo hace un año tras huir del Estado Islámico

Abdsalam Haj Taher recorrió solo diez países tras escapar a los 15 años de una cárcel de la organización yihadista en la que estuvo durante cuatro meses junto a otros 300 niños.

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El joven sirio de 17 años Abdsalam Haj Taher, durante su intervención en la rueda de prensa posterior a su participación en la jornada de Puertas Abiertas al Tribunal Supremo. - EFE

El joven sirio de 17 años Abdsalam Haj Taher, durante su intervención en la rueda de prensa posterior a su participación en la jornada de Puertas Abiertas al Tribunal Supremo. - EFE

MADRID.- El Gobierno ha concedido protección subsidiaria a Abdsalam Haj Taher, el chico de 17 años que pidió asilo en España hace ya un año después de recorrer él sólo cerca de 10 países tras escapar a la edad de 15 de una cárcel en la que el Estado Islámico le había confinado junto a otros 300 niños por ser un kurdo sirio de Kobane. Según fuentes oficiales, la resolución de su petición se aprobó en la reunión de la Comisión Interministerial de Asilo y Refugio (CIAR) el pasado mes de julio y fue firmada el 15 de septiembre. Estaba así, pendiente de notificación.

Precisamente el joven denunciaba este jueves su situación en una mesa redonda organizada por el Tribunal Supremo, en la que ha expuesto que la falta de resolución de su petición de asilo le hacía imposible traer a España a sus padres, que están refugiados en Turquía. Este, afirmaba, es hoy su único anhelo. El joven ha recibido protección subsidiaria, un estatuto similar en lo que a protección y derechos se refiere al de refugiado. Tiene a diferencia de este, un carácter temporal por lo que periódicamente Abdu, como se hace llamar, tendrá que justificar ante la administración que las razones para seguir protegido en España persisten. Con todo, con él podrá reagrupar a su familia pidiendo que se les extienda la misma protección.



Tal y como ha detallado acompañado del vicepresidente del Tribunal Supremo, Ángel Juanes Peces; el magistrado de la Sala Tercera Diego Córdoba Castroverde, el catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos, Castor Díaz; y la responsable de Migraciones y Desarrollo de Fundación Entreculturas, Cristina Manzanedo; su historia era la de un niño normal, en una familia normal, hasta que la guerra irrumpió en sus vidas. Vivía en Kobane con su padre, frutero, y sus seis hermanos. Cuenta que en 2011 "era un niño" que "no sabía nada de la guerra" y lo tuvo que aprender de golpe cuando asesinaron a su mejor amigo. El giro radical de su historia se produjo poco después, cuando tuvo que cruzar Alepo para someterse al examen que le daría el título de 4º de la ESO, "lo que significa pasar por territorios del Estado Islámico". A la ida no tuvo problema.

Explica que en el viaje de regreso le dieron el alto, ya de noche y le empezaron a increpar. Le dijeron que podían matarle si querían, "hacer lo que quisieran" con él porque era un kurdo de Kobane. "Me llevaron a otra ciudad, a una cárcel. Allí éramos 300 niños. Allí estuve cuatro meses, cuatro meses sin saber nada de mi familia ni ellos saber de mi, de si estaba vivo o estaba muerto. Dije 'no aguanto más así', si me quedo me matan y si me escapo a lo mejor también me matan. Me tengo que escapar'", relata.

Reunió a sus amigos en aquel agujero y contó su plan en voz alta. Un total de doce se apuntaron. Hubo uno que se ofreció a quedarse el último, hasta que todos hubieran salido, para que en caso de que los captores se despertasen durante la fuga, le cogiesen sólo a él. Consiguió escapar con los demás, pero no todos tuvieron la misma suerte porque varios fueron de nuevo atrapados en las calles.

Abdu llamó a su madre y a través de un contacto familiar consiguió salir a Turquía, donde se reunió la familia. "Estuve ocho meses en Turquía sin salir de casa. Tenía en la mente la imagen de cómo pegaban a mis compañeros. Tenía miedo por si me veían y me mataban, por si mataban a mi familia", señala. Decidió marcharse y junto a su hermana, su sobrino de once meses de edad y su cuñado, se embarcó en un bote "en el que no cabían 15 personas" con un total de 42.

Llegó a la isla griega de Kos, de allí a la Grecia continental y después, avanzó por la ruta balcánica hasta Alemania. Allí se quedaron su hermana y su cuñado. Él quiso reunirse con otro de sus hermanos, que lleva instalado en España cerca de diez años. Fue él quien acudió a recogerle a Alemania y lo trajo en coche hasta el país, donde nada más llegar formalizó su petición de asilo, que ahora por fin se ha resuelto aunque a él no se le haya aún notificado. "La diferencia entre España y Alemania es que mis amigos allí están trabajando y tienen los papeles para poder traer a su familia. Yo tengo un papel que me deja vivir en España pero necesito a mi familia. Sin tu familia no eres nada, te da la fuerza, te da todo", dice.

Durante su intervención, Cristina Manzanedo ha recordado que "hay muchísimos casos como el de Abdu", chicos jóvenes que salieron de Siria cuando aún eran menores de edad. Incide en que la reagrupación familiar debería ser más sencilla y ágil pues es una de las vías legales y seguras de acceso a territorio por excelencia. Recuerda además que en España "el plazo de resolución de solicitudes de asilo se incumple sistemáticamente. España tiene miles de solicitudes de resolución pendientes y da la sensación de que se quiere tener a la gente esperando", ha comentado.