Publicado: 05.12.2015 08:26 |Actualizado: 05.12.2015 08:26

LAS CRÓNICAS DE BABIA

La lengua de Cospedal

La secretaria general del PP se toma a rajatabla la consigna de ignorar a Ciudadanos y borra el término de su vocabulario

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María Dolores de Cospedal, en un acto con jóvenes en Illescas.-

María Dolores de Cospedal, en un acto con jóvenes en Illescas.

Hubo un tiempo en que María Dolores de Cospedal inspiraba poemas, hasta el punto de que un bardo toledano llamado José María Gómez, en un arranque de lírica exaltación, compuso en su honor un soneto memorable que equiparaba sus virtudes a las de Isabel la Católica. Dice así: “Magnánima y honrada / por privilegio celestial ungida / supo salvar a España dividida / por la ambición feudal y desalmada / Se llamaba Isabel y fue admirable / verla reinar austera y liberal / recta y dulce impartiendo insobornable / justicia para todos por igual. / He aquí el modelo que hoy te proponemos / cuantos en ti la fe puesta tenemos / desde el más hondo afán de nuestra entraña. / No defraudes nuestra íntima esperanza / María Dolores, siempre firme avanza / hasta recuperar muy pronto España”.

Puede que lo de recuperar España se haya complicado un poco, sobre todo ahora que los almogávares catalanes andan muy sublevados, pero lo innegable es que Cospedal llegó ayer como una reina al restaurante Barquillo de Illescas (Toledo) para lanzar su arenga a una tropa de más de 70 miembros de las Nuevas Generaciones del PP que, a decir de Rajoy, eran jóvenes, muy jóvenes y mucho jóvenes. Tan jóvenes eran que sus estómagos fueron capaces de asimilar un menú del día cuyo plato estrella era una paella digna del paladar de un turista británico.



Según se pudo apreciar, en el vocabulario de Cospedal hay algunos términos prohibidos. Por razones obvias, la secretaria general del PP jamás pronuncia finiquito ni menos aún diferido. Pero hay una tercera palabra que también se ha vuelto innombrable. Se trata de Ciudadanos, que ha sido sustituida por giros del tipo “hay un partido que dicen que es de gente joven” o más directamente “los que os quieren contar cuentos”.

Andan en el PP muy preocupados con los ‘contadores de cuentos’ y su escalada en las encuestas y es comprensible que Cospedal no quisiera mentar esa bicha ante sus parroquianos más influenciables, no vaya a ser que les den ideas raras. Cataluña tampoco era tema para tratar en la comida, que bastante tenían lo chicos con lidiar con la paella, y sobre la corrupción la cosa se limitó a un simple tentempié: “A los sinvergüenzas les hemos echado y no van a volver. Eso nunca va a volver a pasar en el PP”, prometió.

Verla partir hubiera sido muy doloroso para el poeta Gómez, que quizás habría recitado a Cernuda de inmediato (Eras, instante, tan claro./ Perdidamente te alejas,/ dejando erguido al deseo/ con sus vagas ansias tercas), pero el resto pudimos soportarlo sabiendo además que la expresidenta de Castilla-La Mancha tenía cita en Seseña con Cristina Cifuentes en un mitin sin paella, donde lo que se pudo observar es el glosario que sí piensa usar con profusión el PP en la campaña.

Así, se habló mucho del PSOE (“el que siempre ha hundido España” fue el epíteto épico que le dedicó la presidenta madrileña), de Podemos (“los socios del PSOE”, en definición también de Cifuentes) o de PSOE y Podemos a la vez. Que el acuerdo de ambos partidos apartara a Cospedal de la presidencia de Castilla-La Mancha es una herida que aún supura. En definitiva, el PSOE es un aliado de los radicales y Ciudadanos, de cuyo nombre nadie quiere acordarse, es puro marketing y mentiras para niños. Erguido frente al caos o la inanidad, sólo queda el PP. Así de simple es el mensaje.

En la lengua de Cospedal existe lugar para las metáforas (España es un coche y existe el peligro de que se pare “y que todo lo que hemos hecho en estos cuatro años se pierda” o, más poético, España es un velero “y hay que aprovechar el viento a favor para que este país sea la envidia del mundo”). Por haber, hay sitio hasta para los trabalenguas que tan famoso han hecho al presidente: “Si queréis que gobierne el PP, hay que votar al PP”.

También lo hay para las citas de Churchill que, en realidad, no son de Churchill (“un político piensa en las próximas elecciones y un estadista en las próximas generaciones” es una frase de James Freeman) aunque, llegados a ese nivel y sin arroz apelmazado de por medio, no hubiese estado de más alguna referencia a temas que no fueran el impuesto de Sucesiones castellano-manchego y el convenio sanitario con Madrid.
La estrategia de convertir unas generales en unas elecciones a la presidencia de una comunidad de vecinos puede ser eficaz electoralmente pero es terriblemente aburrida.

Hasta ahí llegó la prosa de esa mujer que un día inspiró poemas y que hoy se conforma con recitar letanías de argumentario. Aún así, el auditorio quedó complacido. No en vano estábamos en el Centro Cultural Isabel la Católica, la que “supo salvar a España dividida por la ambición feudal y desalmada”. Cospedal ya sabe lo que se espera de ella.