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El cura de aldea al que le cabía la enciclopedia en la cabeza

Pionero del uso de la lengua gallega en la liturgia, Xosé Pumar Gándara escribe a sus 82 años tratados de etnografía después de dar misa, donde echa en falta la presencia de mujeres sacerdotes. La monarquía, ni verla: "Es un sistema que genera corrupción"

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El cura ilustrado Xosé Pumar Gándara. HENRIQUE MARIÑO

Apoya la vida en su bastón, un caballete de madera donde ultima el cuadro de su existencia. En él, priman los óleos, nada extraño en un encargado de difundir la palabra sagrada. Tiene 82 años y se cuestiona, antes de retrotraerse en el tiempo, el porqué de esta entrevista. A Xosé Pumar Gándara (Val do Dubra, 1931) le cabe la enciclopedia en la cabeza, pero no se explica que alguien llame a su puerta para preguntarle sobre lo divino y lo humano.

Ya ha escrito todo lo que tenía que decir: este sacerdote coruñés dio profusa fe de los usos y costumbres de las parroquias por las que ha pasado. "La Historia de Bastavales son once tomos", puntualiza sin inmutarse. Manuscritos: tinta y pluma. Esboza una sonrisa pícara y previene: "No se asuste".

Son las cuatro de una tarde intranquila. Pumar recibe solo en el despacho parroquial de Carballo, su último destino, donde sigue oficiando misa. Usa gafas oscuras en una tierra donde nunca se sabe si el sol sale o se esconde. Anda corto de vista, pero el faro de su cerebro es de largo alcance. Detrás del portón, un cura erudito que quiso dar cuenta de la idiosincrasia y la cultura de los rincones donde ejerció el sacerdocio, tomando como referencia la obra del canónigo del cabildo compostelano Antonio López Ferreiro, quien había escrito en once tomos la Historia de la Santa Apostólica Metropolitana Iglesia de Santiago de Compostela

"Fue mi forma de rendirle homenaje", explica Pumar, que repitió ese "número sagrado" para narrar la Historia de Seavia, una parroquia del Concello de Coristanco que cobijaba el tesoro de la fraseología. El arcano de la lengua gallega, "herida por la radio y la televisión". Bastavales tal vez les suene por sus campanas. "Allí noté que había un gran desconocimiento de Rosalía de Castro, ya que la gente pensaba que era alguien que se dedicaba a cantar por las ferias".

Habla de la madre nutricia de la poesía en lengua vernácula, la que llamó viudas de los vivos a las mujeres que ofrecieron las cabezas de sus padres, maridos e hijos a la emigración, el sacrificio que aún a estas alturas se sigue cobrando el dios de la necesidad. "Yo traté de darle otra dimensión y también abordé su figura".

Quién le iba a decir al niño labriego Xosé que, tras dejar su casa con cuatro años para irse a Santiago, con el tiempo terminaría escribiendo en latín. "No el de Cicerón sino el de Jerónimo", el santo que tradujo la Biblia al cristiano para que la entendiese el pueblo, de ahí la Vulgata. "En mi diario, al que le confieso mis secretos, escribo en latín con cierto hipérbaton para que, si algún día cayese en manos ajenas, nadie lo entienda". Escribir para sí, la forma más reflexiva de narrar. "Luego dejo que pasen los meses y observo qué angustias, cuitas, dudas y aflicciones tenía en el pasado".

El suyo fue el de una Galicia mísera. De cepa "clerical, piadosa y cristiana", eligió el camino del seminario "de forma instintiva". A su piso de la rúa Nova de Santiago llegaban paquetes, esas voluminosas cartas de amor dirigidas al estómago de los ausentes: patatas, queso, caza... "Vivíamos subvencionados por la aldea". La cartilla de racionamiento proveía de pan, azúcar y aceite. "Éramos una familia de cuatro vacas, dos bueyes y un caballo", cuyo poderío venía marcado por la matanza: tres cerdos cada invierno. "En el campo no había futuro y, para promocionarnos, nos mandaron a estudiar a Santiago". Lo acompañó su hermana, quien se matricularía en Filosofía y Letras, hasta que el matrimonio la alejó de la Facultad.

La sotana de Pumar sería pionera en dar misa en gallego. "En Padrón, después de Rosalía, sólo lo hablamos Camilo Agrasar Vidal [el ángel custodio de la casa de la poetisa] y yo". Las lenguas vernáculas eran aptas para el culto desde el Concilio Vaticano II, pero "los curas se resistían porque pensaban que degradaba la liturgia". El arzobispo de Santiago Fernando Quiroga Palacios había abierto la veda y su sucesor, Ángel Suquía, puso una pica en Pontedeume cuando celebró la eucaristía en gallego. "Fue más comprensivo con nuestro idioma que muchos de nosotros". 

Claro que Suquía era vasco, se crio en euskera y hablaba alemán, francés, italiano y gallego. "Aquella homilía marcó época", rememora. El que luego sería presidente de la Conferencia Episcopal pastoreó en la lengua del pueblo, a quien invitó a escribirle y hablarle en gallego, y de paso le mandó un mensaje a la curia local, todavía reacia aquel primero de noviembre de 1974 a los latinajos.

Pumar no es un cura moderno, pero sí contemporáneo. Tampoco es conservador sino conservacionista: de la tradición, la cultura y el idioma, "que es la patria donde nos educamos todos". Obviamente, entronca con el galleguismo histórico, pero se ha sacudido los tics atávicos propios de otra época. Por ejemplo: "La mujer en la Iglesia no está aceptada como debería". ¿Quiere decir que tendrían que permitirles ordenarse sacerdotes? "Claro, claro". Habla de los homosexuales con respeto, incluso de los apóstatas. Cree que la institución debería autofinanciarse. Y aboga por un golpe de timón en el Vaticano aprovechando la elección del Papa Francisco, aunque "deshacer lo que está hecho cuesta mucho". 

Hay una España que desprende un olor pestilente, como el de aquel residuo de petróleo que compraba en la taberna de Buxán, donde nació hace muchos tomos, para alumbrarse. "La corrupción es un descrédito para los políticos, un desánimo para la ciudadanía y una mala educación para la gente". Un mensaje poco ejemplar: "Si ellos roban, ¿por qué no robar?".

Entonces, sin que medie pregunta alguna, le saca brillo al tabú de la corona. "Es una isla dentro de la democracia. Un padre le puede dejar en herencia a su hijo un piso, pero no el gobierno del Estado, algo que debe decidir la gente. La monarquía es un sistema que genera corrupción, porque los reyes están expuestos a que un día los echen. Por eso, acaparan lo que pueden para poder vivir después". Y se saca de la manga la profecía del rey Faruq de Egipto: "Dentro de poco sólo quedarán cinco reyes: el de Inglaterra y los cuatro de la baraja".

Claro y meridiano. "Bueno, nos estamos metiendo en política", tercia Pumar, como quien desembarra las botas con la punta del bastón. ¿Pero se considera un cura progresista? "Hombre, yo... yo creo que sí", balbucea, como zancadilleado por la risa. Hablamos pues de su inminente libro, Viaje por el corazón de Bergantiños, donde incide en el paisanaje y el paisaje de su tierra, hasta hace nada quebrado por las grúas. "La construcción se desbocó". Luego vino todo esto. Anotado queda en uno de tantos cuadernos de este cura etnógrafo, que llegó a presidir el Instituto de Estudios Bergantiñáns. ¡Dios, qué buen cronista si tuviese buen editor! Con once Pumares se reescribiría la historia de Galicia. No la de los vencedores, sino la de los que nunca se dieron por vencidos.

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