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Mara León, dos años sin pecho

La fotógrafa sevillana tuvo un cáncer de mama y sufrió una mastectomía. Cada día se hace una foto para denunciar las tediosas listas de espera para la reconstrucción de senos.

La fotógrafa sevillana Mara León, autora de '730', en la escuela de fotografía Efti. / HENRIQUE MARIÑO

Hay una fotografía de Mara León (Sevilla, 1970) que simboliza el vacío, la ausencia, el duelo, el pasado y, a la vez, el presente. Un autorretrato sin rostro, un busto sin pecho. Si el espectador hace zoom con sus ojos, verá que tras las manos que cubren los senos falta algo. “Cuando me diagnosticaron cáncer de mamá, tuve mucho miedo a la pérdida”, confiesa la artista andaluza, quien terminaría sufriendo una mastectomía en 2013. “Entonces pensé que mi carrera como artista había terminado”.

Mara trabaja con su cuerpo, o sea, ella es el objeto de su obra. “Me interesa como escenario en el que pasan cosas; también lo frágil y vulnerable que puede llegar a ser”. El tajo en su piel, como un lienzo rasgado de Lucio Fontana, fue una paradoja cruel, pero logró sacar fuerzas de la flaqueza y convertir su traumática experiencia en un nuevo proyecto. “Me costó mucho asumir mi imagen y hacerla pública”, confiesa frente a las fotografías de 730, que da título a una exposición y a una campaña de sensibilización.

Son los días que pasan desde el ingreso en la lista de espera hasta la reconstrucción mamaria. Dos años que serán plasmados, día a día, en una fotografía: la artista, su boca, el brazo alzado, un pecho. Es su forma de denunciar ese tiempo muerto hasta la entrada en el quirófano. “Cuando tienes una enfermedad, te das cuenta de lo mal que está la sanidad pública”, se queja la fotógrafa, convencida de que hay que defenderla. “El proyecto va más allá de ponerse una teta: es una necesidad y un derecho, no un capricho”.

Sus imágenes lucen en Efti, donde hace seis años cursó un máster en fotografía conceptual. Mara recaló en Madrid frisando en los cuarenta, centrifugada por la crisis del ladrillo. Había sido despedida de un estudio de arquitectura, donde trabajó casi dos décadas como diseñadora e infografista. “Siempre quise contar cosas, sin saber bien qué, y aquí supe canalizar mis energías para expresarme”, afirma la artista, criada en una finca de Aznalcázar donde su padre cultivaba la tierra, una Arcadia feliz a media hora de Sevilla.

La capital fue un soplo de aire fresco y una inspiración artística, pero terminó retornando al pueblo, donde le diagnosticaron el cáncer. “Cuando me miré por primera vez en el espejo, fue un drama”, rememora. “La mutilación tiene connotaciones físicas, pero también acarrea muchos daños psicológicos”. El tiempo apremia, aunque la realidad es terca: “Tardaron un año en incluirme en la lista y, desde entonces, hay que esperar otros dos hasta la cirugía”. Mara se decía: “Si esto me pasa sólo a mí, me conformo”, mas pronto se dio cuenta de que el problema afectaba a otras mastectomizadas.

El año pasado 25.215 mujeres fueron diagnosticadas de cáncer de mama, el más común entre ellas, pues supone uno de cada tres. Su causa llegó al Parlamento andaluz, que aprobó una iniciativa para que la Junta garantice la reconstrucción del seno en un plazo de 180 días. Mara estuvo, junto a otras compañeras, en la tribuna de invitados: “El PP y el PSOE se tiraban piedras mientras nosotros nos sentíamos tan frágiles… Es muy frustrante ver que estás en manos de la política”.

Desde el 19 de octubre, una foto de su cuerpo es estampada a diario en las paredes del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Cada cien días (habría que añadir: sin el pecho izquierdo), la pegada de los carteles reivindicativos es masiva y llega, a través de voluntarios, a otros centros médicos del país. Ayer, la propia Mara, coincidiendo con la inauguración de la exposición, se acercó al Hospital Gregorio Marañón de Madrid y dejó su huella. “No aparece mi rostro porque pretendo que sea universal”. Aunque, para ella, fuese como mirarse al espejo.

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