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Medio millar de mujeres con discapacidad encuentran su sitio en el mercado laboral

Inserta Empleo, la entidad de la Fundación ONCE para la formación y el empleo de personas con discapacidad, está desarrollando la campaña Mujer en Modo ON. “Ahora siento que valgo, me siento valorada por mí misma”, declara una de las beneficiarias de la iniciativa. 

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Una mujer discapacitada en silla de ruedas participa en una sesión de capacitación con un perro guía. AFP PHOTO

Apenas una de cada cuatro mujeres con discapacidad en edad de trabajar tiene un empleo. Concretamente, un 22,8% frente al 58,9% de las mujeres sin discapacidad. Inserta Empleo, la entidad de la Fundación ONCE para la formación y el empleo de personas con discapacidad, está desarrollando Mujer en Modo ON, una campaña para activar a las mujeres con discapacidad. 

La iniciativa, que lleva en marcha desde marzo, ha conseguido activar ya a 564 mujeres con discapacidad. Se trata de “una llamada de atención”, en palabras de Virginia Carcedo, directora de Inserta Empleo.

“Nosotros pretendemos dos cosas con este proyecto: primero activar y animar a las mujeres que están inactivas y no buscan trabajo y facilitar a estas mujeres la posibilidad de trabajar y entrar en el mercado laboral”, explica Virginia Carcedo.

La directora de Inserta denuncia que “las empresas siempre piden los mismos puestos y lo que hay que hacer es darles a entender que no hay ningún puesto que una persona con discapacidad no pueda ocupar. Lo más frecuente es que se contrate a mujeres con discapacidad en el sector limpieza o en la hostelería, aunque ahora estamos consiguiendo que nos demanden puestos diferentes como administrativas, recepcionistas o teleoperadoras".

El empleo es la puerta para otros muchos derechos de la ciudadanía y también, según explica la directora de Inserta, “para las personas con discapacidad, además de una independencia económica, supone una forma más de sentirse miembros activos y de pleno derecho de la sociedad”. Este es el caso de Teresa Morón, una beneficiaria de la campaña, que declara a Público que desde que tiene trabajo todo ha cambiado: “Ahora siento que valgo, me siento valorada por mí misma”.

Teresa Morón. CEDIDA

Teresa Morón trabajaba atendiendo a personas con necesidades sociosanitarias, pero cuando le extirparon un tumor auditivo le dañaron la masa encefálica y el cerebelo, lo que le provocó parálisis facial y de la mitad de su cuerpo. Además, Morón es víctima de violencia de género. “Para mí era muy fácil cuidar a los demás porque yo no me quería y me involucraba mucho”, afirma lamentando que ya no puede realizar el mismo trabajo debido a su alto grado de discapacidad. Ahora trabaja como limpiadora en IKEA. En la la organización le asesoraron y orientaron. "Inserta supone para mí todo. Lo que no hicieron otras personas lo hicieron ellos", explica emocionada. 

Mª Pilar Acerete. CEDIDA

Mª Pilar Acerete era técnico en educación infantil, aunque ahora ya no puede trabajar como tal por no poder realizar ningún trabajo que requiera el uso continuado de la voz. “Me operaron de una tiroides y me fastidiaron las dos cuerdas vocales. Cuando llevo mucho rato hablando me cuesta hablar”, explica Acerete. Después de la intervención buscó trabajo y tardó dos meses en encontrar empleo de limpiadora en la universidad a través de Inserta. “Conocí la plataforma a través de las redes sociales y conocidos que trabajan allí. Me apunté, envié mi currículum, me llamaron para una selección y pasaron con la entrevista de la empresa.”  Este es su primer empleo como discapacitada.

Mª Lina Cobos. CEDIDA

Otra de las muchas mujeres que han conseguido trabajo a través de Inserta es Mª Lina Cobos. Ahora trabaja de teleoperadora en IKEA, pero antes no había tenido tanta suerte. “Había trabajado en un sitio de recepcionista, pero me engañaron y me pusieron a limpiar”, declara a Público. Antes de ser discapacitada era administrativa comercial y auxiliar de clínica. “Ahora estoy muy limitada”, lamenta Cobos tras explicar que su discapacidad es a causa de un total de cuatro operaciones en un año en la espalda.

Con las personas discapacitadas, “a las empresas se les aporta una rentabilidad por diversidad, es decir, cuando tienes a personas o mujeres con discapacidad en tus equipos, estás fomentando una cultura de aceptación de lo diferente y entonces cuando vas a diseñar tus productos te puede ocurrir que pienses en cosas que con un equipo de personas homogéneas no te habrías planteado”, explica la directora de Inserta.

La brecha salarial entre hombres y mujeres con discapacidad es del 17% y tiene que ver con los puestos a los que acceden las mujeres, ya que suelen ser de menor cualificación. Por esto, “es importante convencer a las empresas de que realmente el talento no tiene género y de que tienen que darles más oportunidades a las mujeres con discapacidad que a los hombres con discapacidad”, explica Carcedo. En este sentido, Inserta está trabajando con el Ministerio de Igualdad y con otras empresas para lo que se llama el currículum anónimo, que consiste en enviar los curriculum sin identificación de género” para que la empresa decida en base al talento de la persona, no en base a su género”.