Publicado: 07.02.2016 23:41 |Actualizado: 07.02.2016 23:41

"Necesitamos al menos 40 años más para conseguir una representación verdaderamente igualitaria"

Asunción Bernárdez Rodal, doctora en Periodismo y quien dirige el Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM en una entrevista con 'Público' reflexiona sobre la representación mediática de la mujer tras la publicación de su libro 'Mujeres en Medios: Propuestas para analizar la comunicación masiva con perspectiva de género'. 

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Asunción Bernárdez, en su despacho en el Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM en Madrid./PÚBLICO

Asunción Bernárdez, en su despacho en el Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM en Madrid./PÚBLICO

MADRID.- Mujeres en Medios: Propuestas para analizar la comunicación masiva con perspectiva de género (Editorial Fundamentos) es la nueva obra de Asunción Bernárdez Rodal. Es licenciada en Filología hispánica, doctora en Periodismo y profesora titular de Semiótica de los Medios de Masas, Teoría de la Información y Comunicación y Género en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Además dirige el Instituto de Investigaciones Feministas de la UCM y coordina el programa de doctorado en Estudios Feministas y de Género.

En declaraciones a Público, la investigadora explica que seguimos inmersos en una sociedad patriarcal, en la que la mujer queda en un segundo plano, y asegura que a pesar de los avances que se han conseguido hasta el momento en igualdad, todavía quedarían cuarenta años para conseguir una representación igualitaria en los medios de comunicación. 

Aclara que existe una relación -aunque científicamente no se pueda decir que directa- entre lo que representan los medios de comunicación y la realidad que vivimos en la sociedad. "La violencia no se produce si no hay una violencia simbólica, es decir, si la cultura simbólicamente no te dice que las mujeres somos más víctimas no seríamos víctimas en la realidad", zanja. 



P. En las facultades de ciencias de la información son mayoría las mujeres matriculadas, sin embargo, por cada seis hombres, sólo una mujer ocupa un puesto de relevancia en la estructura organizativa de las empresas de comunicación, ¿Por qué ocurre esto?

No es que el mundo de la comunicación sea especial. También pasa en el mundo de la banca y de la biotecnología, por ejemplo, donde hay muchísimas mujeres. Pasa porque vivimos en una sociedad en la que escalar puestos, para las mujeres, todavía cuesta y también cuesta que se les permita subir puestos de responsabilidad. ¿Por qué ocurre? Porque actúan distintas dinámicas. Muchas veces no es que las personas que estén en la dirección de un periódico digan "¡Ay! Es que yo excluyo a las mujeres", a veces son dinámicas generadas por el propio proceso social. Por ejemplo, cuando se elige a alguien para subir un puesto, curiosamente siempre viene a la cabeza varones, porque en el fondo, hay un proceso en el que se asume que la gestión es más adecuada para los varones porque son más asertivos y deciden con más agilidad. Se piensa que las mujeres somos más dubitativas, más emocionales… Toda la carga simbólica que hay en la representación de los géneros acaba incidiendo en las tomas de decisiones para elegir quién asume un puesto u otro. A veces de manera muy inconsciente.

P. ¿Qué es el proyecto 'Who makes the news'? ¿Qué conclusiones destacaría?

Es un monitoreo de medios que se empezó a hacer a partir del año 1995 en el primer congreso de la ONU en el que se habla de los medios de comunicación, de la presencia de mujeres en los medios… Es importante porque el proyecto consistió en tomar datos en 71 países con el objetivo de estudiar la política de representación que se estaba llevando a cabo en todo el mundo. Para ello se recogieron datos objetivos de todas las noticias que se emitían en un día en prensa escrita, radio y televisión.

"Las cosas van cambiando, pero tan lentamente que necesitaríamos al menos cuarenta años más para conseguir una representación verdaderamente igualitaria"

Algunas de las conclusiones más destacables, por ejemplo, son que el 24% de las personas sobre las que se reciben noticias son mujeres, y el 76% son hombres. El 13% de todas las notas se centran específicamente en las mujeres, el 46% de las notas refuerzan los estereotipos de género, esto es a su vez casi ocho veces más que las historias que cuestionan dichos estereotipos. También recoge temas de opinión en los medios, así como cuántos expertos y cuántas expertas se consultan a la hora de realizar una información.

Lo curioso de esto es que pensamos que los países occidentales somos más igualitarios, pero vemos que esto no es así. Los Estados Unidos es un país muy deficitario en cuanto a representación de mujeres en política y prensa. Un dato llamativo que se daba es que las cosas van cambiando, pero tan lentamente que necesitaríamos al menos cuarenta años más para conseguir una representación verdaderamente igualitaria.

P. Cada vez son más mujeres periodistas en pantalla, ¿por qué tienen tanto éxito? ¿por qué los directivos las eligen, porque son mejores que los hombres del equipo o por su buena imagen?

Asunción Bernárdez./PÚBLICO

La televisión es un caso claro en el que la presencia física sigue teniendo un peso importantísimo a la hora de elegir a las mujeres. Vemos muchos más señores menos agraciados presentando en la televisión que señoras. Normalmente se les pide el requisito de que sean personas cuidadas, si son jóvenes además tienen que ser guapas. La juventud sigue siendo un requisito importante para trabajar en televisión. Aunque así, vamos a intentar ser positivos y pensar que la situación va cambiando. Por ejemplo, el programa de Ana Pastor, El Objetivo en LaSexta, saca muchas periodistas expertas, las que buscan datos, las que investigan… y la mayoría creo que son mujeres, que pueden ser muy guapas pero son muy buenas comunicando y hacen muy bien su trabajo. Esto es importante. A veces se dice "bueno da igual que estén las mujeres en ciertos puestos, mientras que hagan 'política masculina' da lo mismo". Un ejemplo es Margaret Thatcher que dicen que “funciona como un hombre”. Eso en la dinámica de medios no es verdad. En una investigación que se hizo en el canal Sundance de cine, se vio que las mujeres cuando dirigen cine, contratan más mujeres como cámaras, como ayudantes... Es verdad que las mujeres contamos más con mujeres, es importante que las mujeres estemos más presentes.

P. Entonces, ¿diría que el culto a la imagen en la televisión aleja de las pantallas a periodistas con mayor valía profesional?

Sí. Siento decirlo, pero sí. Claro que sí. Las mujeres, de media, tienen una vida profesional de unos quince años, de los 20 a los 35 en pantalla (cine y teatro). Mientras que los hombres tienen una vida profesional de 20 a 30 años sin problemas. Y eso es porque hay una franja de edad en la que las mujeres salen perdiendo (desde los 30-32 hasta que ya consigues hacer papeles de señora mayor... porque muchas veces los papeles de mujeres de 45 años los hacen las de 35 por ejemplo). Eso sigue afectando y creo que en la televisión lo vemos. Cuantitativamente, hay mucha cara nueva de mujeres jóvenes que se van incorporando pero luego hay muchas que se caen por el camino, que no tienen una continuidad profesional. Esto al margen de que tengamos grandes periodistas mayores como Ana Rosa Quintana, María Teresa Campos, o Ana Blanco, pero hay muy pocas. 

P. ¿Afecta la situación de la conciliación familiar al trabajo de una periodista?

La conciliación sigue siendo un problema que recae sobre las mujeres, cuando es un tema que deben asumir también los hombres. Hoy en día, con la precariedad tan tremenda laboral, las mujeres tienen un gran problema para ser madres. ¿Cuándo es madre una mujer? ¿A los 35?... ¡Y a lo mejor a los 35 no has conseguido estabilizar tu carrera profesional! Por eso es tan importante desarrollar políticas públicas de verdad, tanto de conciliación que obligue a los hombres a coger sus bajas a cuidar a los niños y luego que haya ayudas estatales de verdad para que las mujeres puedan trabajar. Tener guarderías donde llevar a los niños, o centros de mayores para los ancianos, a los que también cuidan más las mujeres que los hombres, por cierto.

P. Los medios de comunicación son “espejos de la realidad” de nuestra sociedad, pero ¿en la actualidad, se representa a la “mujer real”?

"Cuando los medios de comunicación caen en espectacularizaciones y sesgos a la hora de hablar de la realidad, esto es lo peligroso"

Los medios no son el sitio de la realidad. Creo que hay una espectacularización de la realidad importante y el problema es cuando afecta a procesos que tienen que ver con la información. Es decir, que nos cuenten una serie de ficción, sabemos que es ficción, pero cuando los medios de comunicación caen en espectacularizaciones y sesgos a la hora de hablar de la realidad, esto es lo peligroso.

Si hablamos de mujeres, ¿Cuándo hablamos de mujeres? Cuando hay casos en las que a las mujeres se las espectaculariza. Por ejemplo, ahora que hemos conocido el caso del juicio de la madre e hija que mataron a la política… pues yo me acuerdo de un titular en El País que era “León: seis mujeres en torno a un crimen”, haciendo referencia a la madre, la hija, la policía, la abogada, la jueza… Te aseguro que si hubiesen sido todos hombres, el titular no hubiese puesto el foco en el género de los implicados. Hacer eso es espectacularizar. Bueno y ya ni hablemos de los casos de violencia de género. Esto a mí me pone verdaderamente nerviosa.

En cuanto a la relación entre lo que muestran los medios y la realidad, existe una relación, pero no podemos decir que es directa. La violencia no se produce si no hay una violencia simbólica, es decir, si la cultura simbólicamente no te dice que las mujeres somos más víctimas no seríamos víctimas en la realidad. Esto lo digo porque por la antropología sabemos que había culturas en las que las mujeres no eran objeto de violencia. Nosotros tenemos una cultura en la que en lo simbólico se nos representa como objetos de maltrato y al final resulta que somos maltratadas. Ahí hay un paso complicado, pero no somos capaces de demostrarlo científicamente. Un hombre que ve muchísimas películas violentas, no tiene porqué acabar siendo violento. No podemos establecer una relación directa y científica pero sí sabemos que eso influye.

P. En muchas ocasiones las mujeres son presentadas en pantalla como ‘mujer objeto’. ¿Qué opina sobre la polémica que surgió por el vestido de Cristina Pedroche en nochevieja?

"Me interesa crear un mundo en el que las mujeres podamos vivir sin que te tengas que desnudar o exhibir"

Parte de esta espectacularización es la utilización del cuerpo de las mujeres. Eso es así en las revistas, en la tele.. Ese vestido ya lo habíamos visto en Hollywood. Lo curioso es que se sigan formando debates en torno a esto porque si asumimos que es espectáculo, pues es espectáculo. ¿Qué deberíamos reclamar? ¿que se desnuden ellos también o no? El debate debería ir más por ahí. A mí lo que no me gusta es que la carga de culpa se da sobre la persona, en este caso sobre Pedroche. Yo no quiero culpar a las mujeres de esto, pero hay una presión mucho mayor para que las mujeres se desnuden en pantalla. En todo caso debemos criticar al medio o al sistema que esto se haga así. Me interesa crear un mundo en el que las mujeres podamos vivir sin que te tengas que desnudar o exhibir. Creo que nuestra lucha va por ahí y no en la crítica personal de una mujer en concreto.

P. En cuanto a la publicidad, en su libro explica que los y las jóvenes niegan a ver como problemáticas las imágenes que cosifican a la mujer porque dicen verlas desde un punto de distanciamiento irónico, argumentando que eso no les afecta a su vida. ¿Por qué?

Vamos a olvidarnos por un momento del ejemplo del desnudo. Pensemos en las formas en las que nos maquillamos las mujeres. Y nos maquillamos la mayoría. Yo sé, porque lo he analizado, que en el Occidente nos maquillamos como si fuésemos muñecas (nos quitamos las marcas de la edad, nos pintamos los ojos para que parezcan más grandes y para parecer más niñas). Esto es un sistema que yo sé que si lo veo globalmente en la sociedad, hace de nosotras unas niñas, unos objetos, pero aún así yo me maquillo porque en el fondo sé que es muy difícil oponerse a un sistema que es de reconocimiento social. Decidir no maquillarme más es una decisión dura y muchas mujeres que son jóvenes piensan: “Si yo no me represento como me exigen en la sociedad, me va a suponer una marginación”. Ese es el problema. Lo que hacemos al final quitarle importancia. En el siglo XVII los hombres también se pintaban, no era una cosa de género.