Publicado: 18.05.2015 20:25 |Actualizado: 19.05.2015 17:08

Los neonazis del Hogar Social Ramiro Ledesma se instalan en la antigua sede de Forum Filatélico

Aseguran querer denunciar la situación de las 500.000 familias estafadas por la filatélica, así como de los parados y desahuciados, pero sólo si son españoles de pedigrí.

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María abre el candado del nuevo edificio ocupado en la madrileña calle José Abascal y que lleva nueve años sin ser utilizado, desde que la administración concursal se hizo cargo de las 50 propiedades de la empresa Forum Filatélico, acusada de estafar a medio millón de familias.

Ella y su grupo de okupas de ultraderecha han cambiado todos los cerrojos, lo mismo que hicieron en los anteriores dos edificios ocupados en el último año para dar cobijo al Hogar Social Ramiro Ledesma donde la extrema derecha reparte alimentos, ropa juguetes y techo sólo entre españoles. El barrio está dividido entre los defensores de que “eso es fascismo, la solidaridad es universal y para todos” y los que aseguran “que la labor que hacen estos jóvenes es encomiable y es normal que sea sólo para españoles porque otros se llevan muchas ayudas”. Pero en lo que parecen coincidir unos y otros es que a nadie le importa la ocupación en si misma mientras, explica una vecina, “no hagan jaleo como hasta ahora”.



Sede Forum Filatélico, ocupada.

“Todos los edificios ocupados han tenido un significado", explica María, la portavoz de los okupas. "El primero, en Tetuán, pertenecía a la mafia china de Gao Ping. Del que nos echaron hace unas semanas, en la calle Bretón de los Herreros, era propietario el Ministerio de Trabajo y llevaba sin ser utilizado muchísimo tiempo hasta que una inmobiliaria se lo ha comprado para construir 30 pisos de lujo. En el edificio de ahora se estafó a familias enteras todos sus ahorros y algunos de sus afectados han acabado en hogares sociales pidiendo comida o desahuciados”.

Entraron en la antigua sede filatélica, de 6.000 metros cuadrados valorados por la administración concursal en 25 millones de euros, hace una semana. Tenía luz, los ascensores en marcha, agua y hasta la megafonía funcionando. “Los primeros días los pasamos a oscuras, cambiamos todos los cerrojos pero no pudimos cambiar el mando. Entró una furgoneta que habían contratado para terminar de llevarse las cosas de dentro. En la planta presidencial había cuadros del presidente, en su despacho tenía cocina y un cuarto de baño con ducha…”, relata María. Otro de los ocupantes asegura que “en los cajones todavía había algunas carpetas que ponía destruir y en los sótanos hay una inmensas cajas fuertes, sensores de movilidad, lectores de huellas digitales… el edificio es impresionante”.

Discurso populista

Desde que este grupo neonazi comenzase con esta línea de actuaciones, sin utilizar la violencia y acogiendo con un discurso populista a todo español que lo necesite, 180 familias acuden una vez a la semana a recoger alimentos básicos. Sin embargo en este concepto de español no están incluidos los hijos de inmigrantes. "Que aunque hayan nacido en España y cotizado aquí no les consideramos como tal. Ser español no es tener un DNI. Además, ellos casi no han aportado con su trabajo a la caja de todos, porque los empresarios abusan de ellos y les pagan salarios nimios y en muchas veces en negro”, argumenta María.

En su concepto de español no están incluidos “los hijos de inmigrantes que aunque hayan nacido en España y cotizado aquí"

Además, también tiene habilitadas habitaciones para una docena de familias que viven en el Hogar Social. “En estas semanas que hemos estado buscando el nuevo edificio les hemos tenido que acoger en nuestras casas. Son familias desesperadas y no se puede frivolizar con su sufrimiento”, cuenta la portavoz del movimiento.

María se refiere a la escena creada en el primer intento de desalojo de la casa de Bretón de los Herreros, cuando una de las mujeres que vivía allí se encaramó a la cornisa amenazando con tirarse. Doce furgonetas de la Policía Nacional, con sus agentes antidisturbios preparados para actuar se vieron paralizados y sin poder actuar ante esa escena. “Eso no estaba preparado. Lo que sí estaba preparado era colocar los alimentos que nos quedaban atrancando la puerta por si entraban a destajo que los periodistas pudieran captar la imagen de nosotros y los alimentos por el suelo”, nos explica.

Y es que los nuevos neonazis ya no llevan botas militares ni barras de metal. Hoy iban armados con escobas y fregonas, ideando donde colocaran “el gimnasio, la ludoteca para los niños, la biblioteca y la sala para la ropa…”. Cuelgan carteles con leyendas como “las ideas no se desalojan” y otras de claro mensaje racista y xenófobo como “Aquí se baila el chotis, no reggeton”.

Lo que están seguros es que esta vez no podrán echarles tan pronto. “Nos desalojan por una cuestión ideológica. Con las casas de extrema izquierda no se toman tanta prisa. Pero esta vez les hemos pillado en campaña electoral”.