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De cómo el abuelo de Mayor Oreja dejó el granero en castellano

El candidato del PP recomienda que, para prosperar, las otras lenguas se releguen al uso simbólico

FERRAN CASAS

El bisabuelo de Jaime Mayor Oreja sí que lo tuvo claro. Las lenguas diferentes del castellano son un problema. Por eso hay que dejarlas en un segundo plano y evitar que entorpezcan cualquier carrera que se precie pensó en su día el buen señor pese a la amistad que le unía con Sabino Arana, fundador del PNV y bestia parda del españolismo.

Emocionado, ayer en Barcelona, el candidato europeo del PP explicó en un desayuno del Foro Europa la anécdota familiar de cuando corría el final del siglo XIX para ilustrar su idea sobre las lenguas cooficiales.

El bisabuelo del ex-ministro del Interior, concretamente el de la rama procedente de Ibarrangelu (Vizcaya) prohibió a sus hijos el euskera. De esta manera, según el biznieto, su abuelo prosperó y, con el resto de sus hermanos, fue un hombre de provecho "que habló con naturalidad euskera y castellano". En palabras del candidato a lehendakari durante el aznarato, salió "del granero".

El tío-abuelo del candidato, Marcelino Oreja Elósegi, fusilado en Mondragón en la revolución de octubre de 1934, fue diputado de la derecha, empresario y miembro de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas después de crecer bajo este particular régimen lingüístico.

"Mi bisabuelo se esforzó para que sus hijos no se encerrasen en el granero. Prohibió que hablaran vasco en casa para que aprendieran bien el español", explicó después de que le preguntaran por el papel que, a su entender, el catalán, el vasco o el gallego debían tener en las instituciones europeas y sobre la situación lingüística en Catalunya, uno de los asuntos estelares de los populares en ese territorio.

De forma meridianamente clara, y tirando de la forma en que prosperaron sus ancestros, Mayor glosó las virtudes de la diglosia lingüística en favor de la lengua fuerte, en este caso el castellano avisando de los peligros de "cerrarse" (en el euskera o el catalán, claro). Más o menos en la misma línea que hace unos días, cuando afirmó que la inmersión lingüística en la lengua propia de las escuelas catalanas "es una inmersión en la ignorancia y la limitación".

Pese a quedar alejado de la funesta "ignorancia", la conscuencia de la particular y celosa política lingüístia del abuelo de Mayor Oreja es que el exministro, nacido en Donosti, no habla ni una palabra en vasco.

Según él es un error pretender que el catalán tenga el mismo rango en Europa que el maltés, el letón o el galés pese a que cuenta con varios millones de hablantes más. Oreja explicó que lo procedente es que su uso se acote a Catalunya. "El catalán tiene que ser defendido en Catalunya", aseguró con aire magnánimo.

A partir de ahí es necesario que los esfuerzos de los ciudadanos del estado que hablan lenguas diferentes del castellano asuman "el reto" de que el castellano tenga un papel más preeminente que el actual en las instituciones comunitarias.

Sin dejar de tirar de anecdotario evocó lo pesado de las reuniones con la familia de la derecha europea entre tanta lengua e intérprete y pronosticó que en el futuro se impondrán sólo "dos o tres" lenguas de trabajo. Por eso es necesario que el castellano sea "la segunda lengua tras el inglés". A falta de poder esgrimir número de hablantes o peso específico en la UE, como sí pueden hacer el francés o el alemán, Mayor recordó que el castellano "es la lengua de toda América del Sur" (olvidó Brasil) y la segunda de Estados Unidos, una situación que "no reflejan las instituciones comunitarias".

A Mayor le arropó toda la cúpula del PP catalán excepto el cabeza de cartel para las europeas, Alejo Vidal-Quadras, que hubiera estado orgulloso de oír la arenga lingüística de su jefe de filas. Le presentó el exvicepresidente económico Rodrigo Rato, alguien a quien los populares siempre recurren cuando de mejorar la imagen en Catalunya se trata.

Rato reivindicó a Mayor e incluso su papel "importante" en los acuerdos del 96 con CiU y el PNV para llevar a Aznar a La Moncloa pero no se metió en más harina (su posición en la comisión ejecutiva de Criteria, el holding de participadas de La Caixa no deber recomendárselo).

Más allá de la cuestión lingüística, el candidato europeo del PP si que demostró que está más dispuesto que nunca a movilizar a los más convencidos. Por eso no dudó en reivindicar los gobiernos de Aznar puesto que "el único aval de futuro es la lealtad al pasado más reciente". Y tampoco se hechó en falta su recetario más tradicional: ante las crisis y los problemas de Europa, "más España".

 

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