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El acusado de matar a su hermano en Madridejos dice que estaba "colgao" por las drogas

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Jesús G.R., de 37 años, acusado de matar a su hermano con un puñal de veinte centímetros de doble hoja en el domicilio que compartían con su padre en la localidad toledana de Madridejos, afirmó hoy no saber bien lo que hizo porque cuando ocurrieron los hechos estaba 'colgao' por la droga consumida.

Los hechos que se juzgan desde hoy con jurado popular en la Audiencia de Toledo ocurrieron a las seis de la tarde del 26 de octubre de 2005 en la habitación donde el acusado estaba echándose la siesta y se despertó al sentir que su hermano José Antonio, de 42 años, también drogadicto, entró para sustraerle dinero del pantalón que había dejado en una silla del dormitorio.

Durante su declaración, el acusado -para quien el fiscal solicita catorce años de prisión- relató que se llenó de "rabia" cuando durante la discusión que ambos iniciaron el fallecido le exhibiera, riéndose, el billete de veinte euros que le había quitado, mientras le pedía que le devolviera el dinero diciéndole, 'José, ya te vale'.

Entonces cogió el puñal que tenía enfundado colgado encima de la cama y se lo clavó en el antebrazo izquierdo, aunque cree que solo le propinó una puñalada que le alcanzó también el pulmón, mientras que la fiscalía sostiene que fueron dos a juzgar por los resultados de la autopsia,al segunda de ellas mortal.

Acto seguido, el herido abandonó la habitación y cayó desplomado al pié de las escaleras de la vivienda, donde murió en brazos de su hermano, según afirmó el procesado, que tras lavarse las manos y el puñal en el lavabo de la habitación escondió el arma en la leñera de la vivienda, donde después lo encontraron los agentes de la Guardia Civil tras la confesión de Jesús.

El inculpado, con sentencias condenatorias por drogas, lesiones y robo, dijo al jurado que comenzó a consumir hachís a los doce años, cocaína a los dieciséis y heroína dos años después, que su hermano se inició antes que él en el mundo de las drogas y que se quedaron huérfanos de madre cuando el tenía once años.

Durante su exposición, la fiscal del caso cree que el acusado quiso acabar con al vida de su hermano e insistió en que los análisis de la sangre extraída horas después del suceso ponen de manifiesto que no tenía restos de drogas y que por tanto no tenía alternadas ni su inteligencia ni su voluntad.

Por su parte, el abogado de la defensa, que pide la absolución, puso en duda la legalidad de estos resultados porque las muestras de sangre se enviaron al laboratorio "sin los requisitos que exige el protocolo de etiquetado" de las muestras.

Añadió que seis meses después de los hechos y estando en la cárcel al acusado se le hicieran pruebas de ADN en el cabello que revelaron que había restos de droga y que si se argumenta que se pudo drogar en prisión se preguntó entonces por los fines de reinserción de estos centros y que, por tanto, estaría mejor fuera, trabajando y siendo un hombre de provecho.

A este respecto aludió a los informes de buena conducta carcelarios y a las ofertas de trabajo que tiene fuera del centro penitenciario, que le abrió dos expedientes, por tratar de introducir un MP3 y dinero, pero no por consumo de drogas, dijo el propio inculpado.

Durante el interrogatorio que la defensa hacía al acusado, los problemas surgidos por el acoplamiento de los micrófonos de la sala de vistas entorpecieron varios minutos el desarrollo del juicio hasta el punto de que la presidenta magistrada, Gema Adoración Ocariz, se planteó seguir después de comer con la declaración del acusado.

Finalmente el juicio prosiguió al solucionarse en parte el problema después de las sugerencias que hizo uno de los miembros del jurado, formado por cinco hombres y cuatro mujeres.