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Al Arish, convertida en una feria donde miles de palestinos celebran su huida

EFE

La ciudad egipcia de Al Arish, cercana a la frontera con Gaza, se ha convertido hoy en una enorme feria donde todo se compra y se vende, después de que cientos de miles de palestinos huyeran de la franja en dirección a Egipto.

Tras atravesar el hueco en el muro que separa el Rafah palestino del Rafah egipcio, abierto esta madrugada por militantes del movimiento islámico Hamás, ayudados de explosivos y excavadoras, cientos de miles de palestinos comenzaron un largo peregrinaje a Al Arish para comprar "lo que en Gaza se ha vuelto prohibitivo" y "respirar otro ambiente".

En la avenida 26 de Julio de Al Arish, capital de la provincia del Norte del Sinaí, riadas de personas se abren camino en todas direcciones haciendo acopio de toda clase de productos que ofrecen tanto las tiendas como los numerosos puestos surgidos de la nada.

Desde medicinas y comida, hasta motocicletas o escopetas de aire comprimido, pasando por tabaco o móviles de último diseño, los recién llegados lo compran todo.

"Llevaba seis meses sin beber un refresco de Coca Cola, en Gaza se había multiplicado su precio por diez", dijo a Efe Mohamed, mientras terminaba una bolsa de patatas fritas.

Por su parte, Arafat, otro joven palestino aseguró sin dejar de sonreír que "aquí, en Al Arish se puede comprar de todo".

Arafat explicó que lo único que ha hecho es pasear, ver y comprar y agregó que con los shékels (moneda israelí) ya no se puede comprar nada.

"Gracias a Dios", exclamó mientras sacaba y besaba un billete egipcio con el que se disponía a comprar algunas medicinas para llevarse de vuelta a Rafah.

Algunos han tardado diez horas en recorrer a pie los 45 kilómetros que separan el paso fronterizo de Rafah de Al Arish, y a pesar de la larga caminata dicen que desde que llegaron no han parado de dar vueltas, y no saben cuándo van volver.

Sin embargo, no todos se muestran tan optimistas y no pocos mantienen que los egipcios los tratan como extranjeros y que han subido los precios de todos los productos.

También contribuye a este malestar las decenas de cambistas que se han multiplicado por la calle 26 de Julio, la principal avenida de Al Arish, para hacer su agosto con este éxodo palestino.

Un shékel, que normalmente se cambia a 1,20 libras egipcias, hoy se cambia a 1,02 en Al Arish.

Hasán, un médico palestino, que no ha ido a trabajar, comenta que en Gaza sólo se han quedado las mujeres y que piensa quedarse al menos tres días.

Aunque algunos en lugar de comprar o comer han elegido gastar su dinero montando en un pequeño puesto de coches de choque y otros han preferido acercarse a las mezquitas, todos terminan hablando de lo mismo: la situación insostenible en la que viven en Gaza por culpa del bloqueo económico de Israel y la comunidad internacional.

Entre tanta muchedumbre, la Policía egipcia casi no tiene presencia y en Rafah y en la valla fronteriza se limitaba a pedir a las oleadas de palestinos que entraban desde Gaza que se lo tomaran con calma, disparando en un par de ocasiones al aire para intentar convencer a las riadas de gente.

Las horas pasan y los restaurantes y tiendas parece que han decidido no cerrar sus puertas, a pesar de que muchos han agotado gran parte de sus existencias.

Sin embargo, y a pesar del negocio que parece que están haciendo los habitantes de Al Arish algunos no se muestran demasiado contentos con sus nuevos vecinos y aseguran que es demasiada presión para la vida que llevan.

En un restaurante, un grupo de palestinos de unos cincuenta años celebra su pequeña escapada de la "jaula" en la que viven mientras uno de ellos, cubierto con un gorro de lana negro para combatir el frío, asegura que no le importan las medidas que pueda tomar mañana la policía.

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