Público
Público

Los artistas infalibles salvan el mercado

El impacto de la crisis. El arte que mejor se vende se rige por el marketing y la proyección mediática

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El miércoles Sothebys volvía a sorprender en plena crisis económica al vender la monumental serigrafía 200 One Dollar Bills (1962) de Andy Warhol por 43,76 millones de dólares (casi 30 millones de euros), un precio cuatro veces superior al estimado y segunda obra de mayor valor subastada del artista pop. En total, la subasta recaudó un total de 134,4 millones de dólares de todas las ventas, superando en más de un 50% en la venta de los 54 lotes. Incluso se establecieron nuevos récords para otros artistas como Jean Dubuffet. Tobias Meyer, jefe de arte contemporáneo de Sothebys se apresuró a anunciar que el mercado ya se ha recuperado: 'Después de un año sin comprar, los coleccionistas han recuperado sus adquisiciones'.

Sin embargo, Don Thompson, economista, profesor de ciencias empresariales, experto en arte y autor del libro El tiburón de 12 millones de dólares. La curiosa economía del arte contemporáneo y las casas de subasta (Editorial Crítica) niega que el arte sea una buena opción como inversión y explica las razones del porqué las subastas apenas se resienten con las crisis financieras. En el libro, que aparecerá en una semana en las librerías españolas, se dedica a analizar precios, comisiones, chanchullos, métodos de venta, la saturación de arte contemporáneo y la escasez de arte clásico en las subastas y el oscurantismo con el que se resuelve el negocio del arte.

Thompson llega a afirmar que 'el arte no es una buena inversión'. Esto se debe a que la mayoría de las obras de arte no aumentarán lo suficiente de valor como para hacer frente a los costes de transacción, las comisiones de las casas de subastas, los seguros, los costes de almacenaje, el impuesto sobre el valor añadido. En los precios excesivamente altos hay menos compradores potenciales y menos rendimiento de la inversión. En el caso de la venta del Picasso Dora Maar au chat, por 95,2 millones de dólares, si fue adquirido como inversión, tendría que volver a venderse por casi 200 millones de dólares (la mayor venta en subasta corresponde a una pintura de Jackson Pollock por 140 millones de dólares), y si eso sucediera, el vendedor obtendría un modesto 10% anual de rendimiento. El 80% del arte comprado a través de marchantes y ferias de arte locales nunca llegará a revenderse por un precio igual al de la compra original.

Como los coleccionistas de arte no siempre entienden el código de valores, desconfían de su propio juicio. La marca puede sustituir al juicio crítico. De esta manera, acuden a la confianza de la marca y al asesoramiento de los marchantes para elegir bien las piezas de sus colecciones o sus inversiones. Pujan en las casas de subastas de marca y buscan artistas de marca. 'Hasta que no se consigue una marca, no se es nadie en el mundo en el arte contemporáneo', explica Thompson.

La marca otorga personalidad, distinción y valor a un producto o servicio. La marca sirve para evitar riesgos y ofrecer confianza. Es decir, los coleccionistas pujan por la clase, por la validación pública de su buen gusto. Cuando un artista llega a tener una marca, el mercado tiende a aceptarlo como legítimo independientemente de las obras que haya expuesto.

Cuanta menos obra en el mercado, más cara es. Cada vez hay menos obra de arte tradicional y fiable en las subastas porque la mayor parte de las obras de arte anteriores al arte contemporáneo han desaparecido en colecciones particulares y museos, y 'probablemente no estarán disponibles de nuevo en mucho tiempo'. Sin embargo, la crisis también golpea a las familias más adineradas, que se ven obligadas a liberar sus colecciones. El pasado 30 de octubre Manuel March (nieto del famoso banquero mallorquín) vendió los 500 objetos que decoraban su casa Son Galceran, entre los que había un cuadro de Joaquín Mir. Recaudaron 5,9 millones de euros, ligeramente superior a lo que esperaban.

'El mejor arte es el más caro, porque el mercado es muy inteligente', asegura el mencionado Tobias Mayer. De esta manera es como el valor del arte tiene más que ver con la marca del artista, el marchante o la casa de subastas que con la calidad de la obra en sí. Si el precio marca la calidad, si un comprador al pagar 140 millones de dólares por un Jackson Pollock ha convertido a la obra en maestra, la historia del arte estar siendo reescrita por un comprador.

El índice del arte como inversión Mei/Moses ofrece un interesante descubrimiento: los artistas de reputación consolidada, como Monet, Renoir o Picasso, obtienen un rendimiento menor en el mercado del arte en general. También concluyen que durante cualquier conflicto armado de larga duración del último siglo, los índices de inversión de arte superan a los principales índices bursátiles. ¿El arte está al margen de la crisis?

Al invertir hay que ignorar a los artistas de mayor edad porque el mercado ya los ha descubierto y a los artistas de mitad de carrerra porque ya han incrementado su valor. El mayor rendimiento está en el descubrimiento de los innovadores, los artistas que protagonizarán el arte que viene. Así colecciona Charles Saatchi, el ejecutivo publicitario más popular de su generación y coleccionista de arte con más éxito a la hora de revender con beneficios las obras de arte que ha reunido.

Él descubrió a Damien Hirst. David Galenson, profesor de economía de la Universidad de Chicago, aporta una idea interesante al valor relativo de los cuadros: hay un patrón que rige en el éxito de los artistas. Las obras más valiosas son producidas en los primeros tiempos de su carrera, como Andy Warhol, o muy tarde, como Jackson Pollock.

¿Cómo se escoge la cifra? ¿Cómo determinan el precio de las obras los marchantes de arte? Nada tiene que ver con el coste, ni con el tiempo que le dedica el artista a crearlo. Lo más importante es lo que los economistas denominan 'señalización'. Tal y como apunta Don Thompson, en un mercado en el que la información es escasa y no siempre fidedigna, la regla básica es que 'el nivel de los precios indica la reputación del artista y el estatus del marchante y del comprador'.

Un precio lo suficientemente alto como para disipar las dudas sobre su calidad y lo suficientemente bajo como para poder ser una obra prometedora se acercará a un precio justo para el mercado. Éste es un sistema de determinación de los precios poco transparente que permite cobrar a los clientes precios radicalmente diferentes por obras análogas. 'Los marchantes aseguran que una transparencia en los precios les causaría problemas', escribe Thompson.

Jorge Galindo. Artista multidisciplinar

“No sé si voy a vender más o menos. Las ferias son un reflejo del mercado e indudablemente Arco se resentirá, porque faltará una parte de la oferta”, opina Galindo, representado en Arco 2010 por la galería Soledad Lorenzo. “En momentos tan difíciles, toca aguantar y apoyar la feria, quizás potenciando más su valor como evento cultural frente al propiamente comercial. Para ayudar a los artistas, hay que ayudar primero a las galerías. Quizás se podría estudiar adaptar los precios de los stands a la situación de crisis”, propone.

Jesús Zurita.  Pintor

“La situación es dramática porque muchos coleccionistas han desaparecido, y eso significa que hay galerías y artistas que no cobran desde hace ocho meses”, relata Zurita. El pintor ceutí estará representado en el programa Arco 40, para galerías jóvenes, a través de Sandunga (Granada). Según él, la solución pasa “por abrirse a otros mercados internacionales” y por que Arco se plantee nuevos formatos de stands: “Tanto la organización como los galeristas de Arco deberían haber creado un gabinete de crisis para establecer fórmulas flexibles para esta crisis”. 

Rosa Brun. Pintora y escultora

“Yo soy positiva respecto a las ventas. Siempre hay un coleccionismo que está pendiente y expectante. Creo que es una edición que puede estar bien después de un año un poco flojo”, valora Brun, representada por la galería Oliva Arauna, que se reincorpora a Arco en 2010 tras su ausencia del último año. “La crisis económica es una buena oportunidad para estudiar nuevos programas y replantear espacios que vienen siendo caros en la feria”, valora la artista, que subraya que el contexto económico no condiciona su obra. 

Lourdes Fernández. Directora de Arco

Lourdes Fernández concibe Arco como una feria de arte contemporáneo de y para las galerías, por lo que considera que “todo es planteable”, en alusión a crear nuevos formatos en el futuro. “No ahora mismo”, advierte. “Tampoco creo que el problema sea de índole económica. Arco es una feria que brinda muchas oportunidades y cada uno puede elegir dónde estar: Expanded Box, Performing Arco, Solo Project... Antes de pensar más a largo plazo, hay que ver cuáles son los resultados de la siguiente edición”, dice con prudencia.

Helga de Alvear. Galerista y coleccionista

Los resultados “especialmente negativos” de la pasada edición han hecho mover ficha a Helga de Alvear, que en 2009 montó uno de los stands más grandes. En 2010, no tendrá stand en el programa general, sino en Solo Project y Performing Arco con la obra de Santiago Sierra. Desde la galería, explican que “una galería es como una empresa, pero tampoco podemos hacer un ERE. Apostar por el Solo Project y la ‘performance’ es nuestra forma de ajustarnos a la crisis. Pero es algo que no sólo haremos en Arco, sino también en otras ferias”.

Pepe Cobo. Galerista

“Arco ha perdido fuelle y competitividad internacional. Es una pescadilla que se muerde la cola: si la feria sólo se vale de vender metros, pierde interés”, dice el galerista, quien se muestra escéptico en lo que a resultados se refiere: “España es un país en el que el coleccionismo cuesta. A mí el año pasado no me fue nada bien”. Mónica Fuster será la baza de Pepe Cobo para Arco 2010 que, como Alvear, se pasa al Solo Project. “No se debe a un ajuste debido a la crisis. Arco es una feria española y prefiero concentrarme en un solo artista”, defiende. 

 

 

Más noticias en Política y Sociedad