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Ascenso y cuitas del príncipe Jean Sarkozy

El hijo de Sarkozy, nominado para un cargo público clave a sus 23 años y en segundo de Derecho

ANDRÉS PÉREZ

Aboyó el coche de un modesto automovilista parisino y se largó sin rendir cuentas, pero no fue condenado por ello. No se levanta temprano para trabajar -e incluso suele acostarse bien trasnochado-, pero nadie se lo reprocha. Se relaciona sólo con multimillonarios y se casó con una rica heredera, pero ya reparte, como su padre, consejos al pueblo raso sobre el bien trabajar. Se llama Jean, Jean Sarkozy, Sarkozy Junior. Y empieza a subir con fuerza en cargos públicos, como todo buen hijo de papá. 

Sarkozy padre, acompañado por los más fieles de su guardia pretoriana, tuvo que intervenir ayer en persona a marchas forzadas y con toda urgencia para intentar contrarrestar la andanada de críticas y auténtica salva de advertencia llovida desde la semana pasada contra su niño, de 23 años de edad. 

¿La razón? Después de ser colocado por su padre con fórceps en la diputación provincial de Hauts-de-Seine, acaudalada región oeste de París, el joven, con sólo un año de derecho aprobado a sus  espaldas, va a obtener otro cargo. Y éste es de oro: Se le ve pronto nombrado número uno del Establecimiento Público de La Défense (Epad). Esto es, al frente de nada más y nada menos que el equivalente de la capitanería del barrio de negocios de París, donde residen miles de empresas y decenas de sedes de multinacionales de primer orden, con sus elevados rascacielos acristalados. 

Imagen de La Défense, en París. AFP

Sarkozy padre atacó indirectamente a quienes ya hablan de favoritismo y nepotismo a favor de su hijo. Francia vivió hace 200 años, con la generalización de la enseñanza secundaria, "el fin de los privilegios de nacimiento" del tipo realeza o abolengo, explicó en sustancia el presidente, aprovechando la presentación de una enésima reforma de la enseñanza.

Más preciso fue su consejero especial, Henri Guaino: "Jean Sarkozy no tiene ni más ni menos derechos que los demás. Es un hombre  político como los demás, y no por ser hijo del presidente de la República tiene menos derechos". 

Otros cinco personajes muy allegados al presidente también cerraron filas para proteger al retoño frente a una campaña contra su nombramiento que recogía, este mediodía unas 45.000 firmas y seguía creciendo de forma exponencial. 

Y si tanta energía política era necesaria por parte de las más altas instancias del Estado para proteger a tan modesto "consejero provincial" del departamento de Hauts-de-Seine, ello se debe a que la defensa del propio interesado es más bien débil. 

Tras una larga semana de silencio desde que el miércoles pasado empezara la polémica, ayer el 'Príncipe Jean' se limitó a adoptar la estrategia de víctima. "Pido que se me juzgue, no por mi estado civil, sino por mis actos y mis resultados", dijo el joven, asegurando que, "si tuviera que ser juzgado por las medias verdades, las críticas y las amalgamas de que soy objeto, probablemente sería condenado a cadena perpetua". 

"Olvidan demasiado rápido -o aparentan olvidar-- que yo fui elegido consejero general (diputado provincial) por sufragio universal, y después fui elegido presidente de grupo en el Consejo General de Hauts-de-Seine por mis pares", dijo. 

Cierta es esa realidad del sufragio que invoca, pero si alguien olvida algo, es precisamente él mismo: olvida contar que sólo logró figurar en las listas locales del partido de su padre, la Unión para un Movimiento Popular (UMP), en 2008, gracias a la presión del ya presidente de la república, y al precio de una fuerte pugna que acabó con la cabeza de varios cabecillas locales reticentes en una bandeja. Todo ello para poder ser candidato en un barrio de multimillonarios, propiedad electoral de la derecha desde tiempos inmemorables.

La provincia donde Jean empieza a hacer carrera fulgurante es la misma que albergó los inicios de su padre hace ahora casi cuarenta años. Allí se casó en primeras nupcias el don nadie Nicolas Sarkozy con una tal Marie-Dominique Culioli, madre de Jean. 

El apellido Culioli no dice nada de puertas afuera, pero sí dice mucho de puertas adentro: se trata de un adinerado clan gaullista corso, operativo en el control de ese departamento des Hauts-de-Seine. Ese clan dio al joven Nicolas sus primeras redes, sus primeros contactos y sus primeros millones para conquistar, primero, la alcaldía 'ultrachic' de Neuilly-sur-Seine, y luego el Consejo General de Hauts-de-Seine entero, desde donde se propulsó hacia la presidencia de la República. 

Al entregar el Epad a su hijo, Jean Sarkozy-Culioli, el presidente francés efectúa una operación de doble sentido. Por un lado, devuelve el favor de hace cuatro décadas a un clan al que nunca ha abandonado, aunque sí abandonara a la mujer y madre, primero para caer en  brazos de Cecilia Ciganer y luego para desfallecer ante Carla Bruni. 

Por otro lado, está entregando a su hijo el gigantesco poder del Epad, una auténtica caja negra creada por Charles De Gaulle, que negocia de tú a tú y en privado con las multinacionales como Total, BP y tantas otras, que necesitan mantener y aumentar sus sedes en la 'City' parisina. 

Varios cadáveres de misteriosos suicidados -policías, constructores, negociantes-- han quedado sembrados en los cimientos de los rascacielos de La Défense y en sumarios judiciales sobre corrupción política, inconclusos desde los años noventa. 

Un personaje muy próximo a Nicolas Sarkozy, Thierry Solère, un barón local de Hauts-de-Seine, resumió todo el problema con una frase brillante. "Jean es el hijo de un genio político, y por lo tanto no es sorprendente que sea precoz. Cuando usted es hijo de un pianista de gran talento, no es sorprendente que toque bien, y si es hijo de Zinedine Zidane, que juegue bien al fútbol", añadió sin reparos. 

Aunque todavía no es seguro que Francia vaya camino de convertirse en una monarquía republicana en manos de la dinastía de los Sarkozy Primero, Segundo, etc, con declaraciones así, una cosa es segura: antes que reyes y príncipes, ya hay cortesanos.

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