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Azaña: un escritor contra su olvido

Pensador. Derrotado y sin dinero, centró sus esfuerzos en ver publicada su obra sobre España

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Benicarló suena ahora a ciudad de vacaciones. A paella en la playa. Pero a mitad de los años treinta sonaba a algo más grave. A mitad de camino entre Valencia y Barcelona, los viajeros se detenían a descansar en su albergue, inaugurado en junio de 1934 y convertido, tras el estallido de la Guerra Civil, en un punto estratégico de la zona republicana.

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Allí se reunieron el 3 de mayo de 1937 Largo Caballero, primer ministro de la República, y Lluís Companys, presidente de la Generalitat de Catalunya. Dos meses después lo hicieron algunos de los intelectuales que iban a asistir al II Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia; entre otros, Pablo Neruda, André Gide, André Malraux y Octavio Paz. Casi nada.

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"Las misivas completan el puzle de su estancia en Francia"

Pero el huésped más célebre del albergue se llamaba Manuel Azaña, presidente del Gobierno de España (1931-1933, 1936) y presidente de la Segunda República española (1936-1939). No sólo mantuvo cruciales reuniones políticas, sino que inmortalizó el lugar en su obra teatral La velada en Benicarló. Su publicación en Argentina en 1939 causó cierto revuelo en los círculos de exiliados españoles. Era el testamento político de Azaña. Lo había escrito durante una de las semanas más terribles para las aspiraciones republicanas, la primera de mayo de 1937, cuando anarquistas, comunistas y nacionalistas se enfrentaron a tiros en las calles de en Barcelona.

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El libro tenía una trama sencilla varios personajes disertan sobre el alcance de la II República y un significado complejo. Azaña, del que mañana se cumplen 70 años de su muerte, sintetizó su pensamiento sobre los problemas del país. Y quería que la obra se conociera a toda costa, como se desprende de unas cartas de Azaña al traductor de su obra en Francia, Jean Camp (en PDF), que salen ahora a la luz.

Azaña tenía prisa por ver publicada su visión de la Guerra Civil

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Las tres misivas, encontradas por el hispanista Gérard Malgat, autor de Max Aub y Francia o la esperanza traicionada (Renacimiento, 2007), en los archivos de Jean Camp, amigo y traductor de Azaña, fueron escritas entre 1937 y 1939 y ponen de relieve la importancia que daba Azaña a la difusión de su obra. "Estas cartas, sobre todo las dos escritas tras la guerra, completan el puzle de su estancia en Francia. Azaña había dejado de escribir entradas en su diario tras exiliarse. Después sólo se supo de él a través de sus artículos de prensa y la correspondencia con sus amigos", razona Isabelo Herreros, político, historiador y presidente de la Asociación Manuel Azaña.

"Me parece muy acertada la indicación de usted: habrá que decirle al público qué es la Pobleta y dónde está Benicarló. Realmente, el situar el diálogo en ese lugar, no es arbitrariedad, ni pura invención (). Yo mismo, en mis viajes, he parado allí algunas veces y he tenido conversaciones importantes, aunque no las que se inventan en el libro", escribió Azaña a Camp el 2 de mayo de 1939 desde Collonges-sous Salève.

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Azaña no vivía entonces su mejor momento. Además de perder la guerra y haber sido repudiado por algunas autoridades republicanas por abandonar España (6 de febrero) antes de que acabara oficialmente el conflicto, recibía noticias funestas sobre amigos encarcelados o fusilados. El político decidió pasar el mal rato refugiándose en las labores intelectuales. Quería publicar a toda costa tanto La velada en Benicarló como una versión retocada de sus diarios de 1937 titulada Memorias políticas y de guerra. Cuadernos de La Pobleta.

"Le interesaba que la opinión pública conociera su opinión sobre la guerra. Además, pasaba por apuros económicos, otro motivo para querer publicar sus libros en Francia", razona Herreros.

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En efecto, la mayor preocupación de Azaña era lograr que todas las personas de su séquito, unas 30 entre familiares y amigos, pudieran subsistir o partir hacia México. Pero tenía problemas incluso para mantenerse a sí mismo. El político no recibía ya ninguna ayuda del Partido Socialista, como consecuencia de la pugna interna sobre el control de los fondos de la organización en el exterior. "Azaña no tomó partido ni por Indalecio Prieto ni por Negrín. La batalla la ganó Prieto, que tuvo una actitud miserable con Azaña por mantenerse neutral en este conflicto", dice Herreros.

"Mi distinguido amigo: le devuelvo su traducción del Benicarló (). La traducción, como yo suponía, es excelente, fidelísima. En realidad, podría salir tal como está (). Convendría, acaso, ponerle, además del título principal La veillée à Benicarlo, un subtítulo en la cubierta; por ejemplo: Reflexionssur la guerre d´Espagne, o cosa parecida, a gusto de usted, para que el público sepa de qué se trata", escribió Azaña a Camp el 17 de mayo de 1939. "No tengo establecido con Gallimard ningún orden para la publicación de las traducciones. Así es que, en cuanto la de Benicarló esté a punto, no hay más que entregársela al editor, diciéndole que es la primera que debe salir", añadió. Azaña tenía prisa por contar al mundo su visión del conflicto.

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La tercera carta a Camp está fechada en Barcelona el 2 de enero de 1936, aunque Malgat sostiene que se trata de una errata. Según el hispanista, la misiva se escribió el 2 de enero de 1937 (en la carta, Azaña aparece como presidente de la República y el 2 de enero de 1936 no lo era). El político escribió a su traductor para hablarle de su obra teatral La corona, que se iba a estrenar en Bruselas.

Al contrario que en las cartas que escribiría dos años y medio después en el exilio, Azaña sí incluyó en la misiva comentarios políticos sobre la situación que se vivía en España. "Estimo mucho sus palabras afectuosas para mi país, que padece una prueba tan terrible. Enorme es el caso, pero confío en que los españoles seguirán estando a la altura de un inopinado destino", zanjó.

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Coincidiendo con el setenta aniversario de la muerte de Manuel Azaña, el diario ‘Público' ofrece mañana el libro ‘Azaña imprescindible', una selección de los mejores discursos del político editada y prologada por Isabelo Herreros, periodista, historiador, político y presidente de la Asociación Manuel Azaña. 

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