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Balagueró y Plaza vuelven a meter miedo a la taquilla

Los directores estrenan REC 2, la secuela más esperada del cine español, en la que recuperan y mejoran las dosis de acción, humor negro y terror

CARLOS PRIETO

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no ha dormido alguna vez con la luz encendida? Nadie. La oscuridad nos da miedito y los cineastas de terror conocen nuestros temores. Bien, pues si usted lo pasó de miedo viendo REC(Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), la historia de un grupo de personas atrapadas en un edificio tomado por algo parecido a unos zombis, para este viernes prepárense para subirse por las paredes con el estreno de la nueva entrega de la saga REC 2.

El filme retoma la historia justo dónde acabó la primera. Lo primero que vemos es al cuerpo de los Geos a punto de entrar en la casa maldita, lamentablemente que vayan armados hasta los dientes no les va a evitar sufrimiento, ni siquiera el espectador pasará menos miedo: alguien ha cortado la luz en el bloque y todo el filme se desarrolla envueltos en puras tinieblas. En efecto, éramos pocos y parió la abuela. REC 2 viene con menos luz, sí, pero con más sangre, más sustos, más acción, más descontrol y más humor negro.

Una vuelta de rosca terrorífica que hace que nos preguntemos cómo han logrado hacer Balagueró y Plaza algo tan complicado, cómo una secuela puede ser tan buena como un original aclamado por todos. Tras el éxito de REC recaudó en todo el mundo 15 veces su presupuesto y recibió el respaldo entusiasta de la crítica por renovar el género de terror la segunda parte parecía condenada a ser más de lo mismo, pero los cineastas han conseguido el más difícil todavía: crear un filme diferente respetando el original. 'El reto era mantener el espíritu francotirador de REC, la frescura, la espontaneidad, la falta de pretensión, la voluntad de hacer un filme de género entretenido', explicó a Público Paco Plaza. 'La idea original era contar una película en directo riguroso, como un reportaje televisivo, para implicar más al espectador, que se sintiera parte de lo que estaba pasando. Repetir la fórmula era un poco tonto. Se trataba de sofisticar el modelo', aclara Balagueró. Ahora, comprobado el poderío de la secuela y a la espera de ver si vuelve a reventar las taquillas, repasemos las claves de esta jugada maestra.

¿Qué habrá sido de Ángela? REC acababa con la reportera televisiva interpretada por Manuela Velasco a punto de caer en las garras de las maléficas criaturas. Los aficionados esperaban con mucha expectación saber en qué condiciones reaparecería el personaje en REC 2. Balagueró y Plaza han resuelto el misterio con una de las escenas más espectaculares del año: Velasco aparece entre las sombras a lo Sigourney Weaver en Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) con gesto desafiante y blandiendo un arma, su cámara. 'Queríamos reforzar el icono de la cámara, hasta el punto de hacerla pasar por un arma: si la cámara hubiera dejado de funcionar en REC nadie hubiera vivido para contarlo', dice Balagueró.

Pero los paralelismos con el emblemático título de ciencia ficción de los setenta no se acaban aquí. Como admiten los directores, su idea de hacer una secuela novedosa se apoyó en el modelo de Aliens: el regreso (James Cameron, 1986), que era una película diferente (de acción) pese a respetar la fórmula original, que se movía entre el terror y el suspense. 'A nosotros también nos interesaba pasar a un género distinto, saltar del realismo de la primera al género de horror puro y duro, reforzando las dosis de acción y el humor negro que ya estaban apuntados en REC', explica Plaza.

Pero una vez que los cineastas catalanes tuvieron claro qué tipo de filme querían hacer, tocaba lo más difícil: decidir cómo hacerlo. Una de las grandes bazas de REC fue la lograda sensación de frescura, conseguida en buena parte gracias al modo en que se rodó, como si fuera un divertimento punk, un experimento creativo con fuertes dosis de improvisación. Por ejemplo: el operador de cámara del filme que, no olvidemos, era también uno de los personajes: el periodista que graba lo que sucede en el edificio desconocía en muchos momentos lo que iba a ocurrir en la siguiente escena, de ahí que cuando vemos en la pantalla que la imagen tiembla o se pierde el encuadre, quizás se debiera a que algún zombi le había dado un susto de muerte durante el rodaje.

No obstante, pese a que REC 2 es un filme con mucha más planificación 'el guión tenía tramas entrelazadas, no nos podíamos permitir improvisar tanto', explica Plaza el rodaje no estuvo exento precisamente de experimentación, de cruces entre la realidad y la ficción. 'Los actores iluminaban muchas de las escenas, no había otra luz que la que ellos portaban', dice Balagueró.

En efecto, iluminar REC 2 fue un tour de force. El libreto decía que el edificio estaba a oscuras, y por eso la única luz que vemos es la que sale de las linternas y las cámaras de los protagonistas. Tomemos el ejemplo de la primera media hora de la historia y su atmósfera escalofriante: los Geos que asaltan la casa llevan minicámaras en el casco y lámparas LED colocadas en sus trajes. Por un lado, las imágenes que vemos en la pantalla salen presuntamente de la cámara subjetiva de los agentes. Por el otro, los actores actuaban e iluminaban la escena al mismo tiempo.

Los primeros días de rodaje fueron complicados: a los intérpretes les costaba acostumbrarse a su doble función. Pero, poco a poco, lograron 'incorporar a su lenguaje corporal la coreografía que tenían que hacer con las linternas y con los focos de sus uniformes: a la vez que actuaban tenían que girar el pecho en una dirección o intentar no levantar un brazo', explica el director de fotografía del filme, Pablo Rosso.

El resultado en pantalla de este meticuloso trabajo es zozobrante. Imagine que se van los plomos de su casa y busca con una linterna el interruptor de la luz para encenderla. Un momento ¿qué es ese ser terrorífico que ha surgido en mitad de la penumbra de la habitación?, y ¿por qué se le ha tirado al cuello y está tratando de morderle? ¡Por el amor de Dios! Que alguien encienda la luz. Aggggh. ¡Socorro!

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