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Bangladesh naufraga entre las catástrofes y la miseria

La inestabilidad política agrava los problemas en uno de los países más pobres del mundo

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Bangladesh acaba de identificar, después de 38 años de existencia, al fundador del país. El Tribunal Supremo bangladesí dictaminó el pasado junio que el padre de la actual primera ministra, Sheikh Hasina, y no el marido de su archirrival, Khaleda Zia, proclamó en 1971 la independencia de la joven nación de Pakistán. Esta decisión judicial revela a un país a medio hacer y políticamente convulso, que muchos analistas consideran un Estado fallido.

'La crisis alimentaria mundial golpea fuertemente a Bangladesh. Este año habrá una mala cosecha y la inflación es galopante. Hasta los empleados del Gobierno tienen dificultades para llegar a fin de mes', cuenta Anand Kumar del Instituto para el Análisis y Estudios de Defensa (IDSA) de Nueva Delhi, especialista en el país vecino.

'Bangladesh se está convirtiendo en un Estado fallido por varios motivos. La radicalización de buena parte de la población hacia la ideología extremista wahabí y la amenaza del cambio climático crean una combinación mortal', continúa Kumar.

El frágil sistema democrático de Bangladesh se ha visto abortado desde su nacimiento por varios golpes de Estado y dictaduras militares. En enero de este año se restauró de nuevo la democracia con la arrolladora victoria de Hasina, líder de la Liga Awami, que puso fin a dos años de estado de excepción. Pero el Ejército mantiene intacto su poder en la sombra siempre dispuesto a acabar con las violentas disputas entre los dos principales partidos y a su flagrante corrupción con un golpe de Estado.

La fuerte inestabilidad política impide que los Gobiernos se enfrenten a muchas de las tensiones que amenazan a la nación asiática. Bangladesh es uno de los países más pobres del mundo. También uno de los más corruptos, según Transparency International. La alta densidad de población 162 millones de personas en un territorio equivalente a una cuarta parte de España causada por la explosión demográfica saturan un país que supura emigrantes por sus fronteras.

Situado en el delta de varios ríos que van a parar a la bahía de Bengala, todos los años el monzón inunda un tercio de su superficie. De este modo, las lluvias monzónicas fertilizan el suelo, pero también desplazan a gran parte de la población. Esto sucede en el mejor de los casos. En el peor, ciclones, fuertes riadas y sequías, entre otros azotes naturales que golpean con particular insistencia al país, han acabado con la vida de cientos de miles de personas.

Las hambrunas también se han cobrado decenas de miles de vidas. La peor ocurrió en 1974, cuando el fundador de la nación, Sheikh Mujibur Rahman, tuvo que declarar el estado de excepción debido a las tensiones sociales.

Bangladesh es uno de los países más pobres del mundo. También uno de los más corruptos

Esas penurias se están agravando a causa del cambio climático, que amenaza con provocar la inundación de las tierras cultivables al aumentar el nivel del mar. Un peligro al que el Gobierno no tiene ninguna posibilidad de hacerle frente.

Otro problema que amenaza a la población bengalí conformada en su mayoría por agricultores pobres y sin tierras es el extremismo religioso. Los bangladesíes, tradicionalmente practicantes de una forma de islamismo moderado de influencias sufíes y fuertemente cohesionados por la cultura y el idioma bengalí, a diferencia de lo que ocurre en Pakistán, se enfrentan cada vez más al sectarismo religioso. En 2005 el Gobierno no pudo seguir mirando hacia otro lado y prohibió varios grupos islamistas tras la explosión de una cadena de bombas simultáneas en los 64 distritos del país.

Las expectativas se ciernen ahora sobre el nuevo Gobierno de la socialista y secular Liga Awami para que logre dominar el integrismo islamista en la sociedad. Durante los últimos años, los partidos radicales, que llegaron a gobernar con el conservador Partido Nacionalista de Bangladesh, habían contribuido considerablemente a la radicalización religiosa.

La primera ministra Hasina goza de buena imagen en India, el gran vecino que está cercando Bangladesh con un muro de cemento y alambre de espinos para protegerse de sus emigrantes el Banco Mundial calcula que un 40% de la población se sitúa por debajo del umbral de la pobreza. La Liga Awami de Hasina y el Partido del Congreso, que gobierna en India, históricamente han tenido buenas relaciones.

Es un apoyo nada desdeñable en la disputa con los radicales, pero que sirve de bien poco para la inmensa tarea de contener la violencia, la corrupción y, menos aún, la subida del nivel del mar.

En Bangladesh, los ciclones arrebatan a la población buena parte de sus pertenencias. Los seguros apenas existen, sobre todo en las áreas rurales, las más castigadas por los desastres naturales, por lo que los afectados no reciben ningún tipo de compensación económica. En estas situaciones, son los ‘money lenders’ (familias con dinero y tierras) los que salen ganando. Tradicionalmente, se dedican a prestar dinero a la población, que acude a ellos en busca de ayuda. Después de ciclones como el ‘Aila’, muchos afectados se ven obligados a pedir dinero a los ‘money lenders’ para poder reconstruir sus casas y sobrevivir. Las condiciones de los préstamos son abusivas, con tipos de interés muy elevados que la mayoría de la gente no conoce cuando recibe el dinero. Si no pueden devolverlo (lo que sucede con frecuencia debido a que las familias apenas tienen tiempo de recuperarse antes de la llegada de un nuevo ciclón), reciben presiones y amenazas. Es el caso de Maya Rani, que vio cómo el criadero de cangrejos donde trabajaba quedó destruido. Maya no tiene dinero con el que afrontar el pago de 7.000 takas (70 euros) que pidió prestados. “Estoy pensando cómo hacer para devolver el dinero que me dejaron, intentaré pagar poco a poco”. De momento, su hijo adolescente ha tenido que dejar el colegio y ha comenzado a trabajar. A.R.

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