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Berlín muestra el viaje de Karavan de Israel al Port-Bou a través de su obra

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El museo Martin Gropius Bau muestra a partir de hoy las espectaculares instalaciones de Dani Karavan, desde su convulso Israel al Port-Bou donde murió el pensador judío alemán Walter Benjamin, un viaje por medio planeta para la más exhaustiva retrospectiva de ese artista fuera de su país.

De las arenas y cactus del desierto de Negev (Israel) a los tres kilómetros de pasillo urbano en la ciudad satélite francesa de Cergy-Pontoise, pasando por otras obras en EEUU, Japón y Europa y hasta recalar en el "Passages" de Port-Bou.

"Lo mío no es para estar en un museo. A mi me gusta palpar las piedras, el viento, la arena, estar al aire libre, como todas mis obras", explicó a Efe Karavan (Tel Aviv, 1930), junto a su homenaje a Benjamin, muerto bajo el acoso de la Gestapo al tratar de pasar la frontera franco-española.

"Yo no sé explicar mi obra. Dicen que reflejo el miedo de alguien a quien sólo le queda el mar", explica, mientras da los últimos retoques a la instalación que reproduce en ese museo berlinés su monumento al aire libre, horas antes de inaugurar la muestra.

La retrospectiva de Berlín es la más amplia de ese autor en el extranjero y es, como explicó Mordechai Omer, director del Museo de Arte de Tel Aviv, una "metamorfosis" de la exhibida anteriormente en ese museo israelí.

Recoge los orígenes del artista, aún como pintor de paisajes y retratos, pero ya comprometido con la realidad israelí, y recorre luego "impactos" -en palabras de Karavan- de otras guerras y otros conflictos de todo el mundo.

"Homage to the prisoners of Gurs", situada en esa localidad francesa, rinde tributo a los presos de lo que se abrió como campo de internamiento para exiliados republicanos españoles, en 1939, y donde luego se recluyó a judíos, camino a la deportación.

La retrospectiva se distribuye en 18 espacios, en los que se reproduce para el visitante, con proyecciones en grandes pantallas, maquetas, fotografías y elementos naturales -olivos, cactus y arena, entre otros- que transportan al entorno natural.

Son trabajos que remiten a su talento visionario, presididos por un enorme reloj de arena cuyo contenido ya cayendo sobre las baldosas del Martin Gropius Bau.

Karavan expresa en ellos su visión de los conflictos de este mundo, además de su pasión por vincular arte y entorno natural donde se producen.

"Digo que me siento extraño en un museo, pero me gustaría ver esta retrospectiva en España, concretamente en Barcelona, cerca de Port-Bou y el mar que vio Benjamin, enfermo y cansado", relata Karavan.

El artista israelí está en contacto "con organizadores de ahí" para hacer incluir Barcelona en el itinerario de su retrospectiva, que tras su viaje a Berlín se verá en Tokio.

Karavan afirma que no le gusta explicar su obra, pero salta a la caza del visitante despistado que entra en la dirección equivocada: "No, no: así no. Es importante que vea el concepto en su sentido correcto: empezando por el reloj de arena y hasta Port-Bou", le dice, tras presentársele por su nombre y apellido.

En el conjunto de su obra se aprecian influencias que van de Picasso, por el talento visionario, a la Bauhaus, por el amor a la línea recta, explica Peter Klaus Schuster, director general de los Museos Nacionales de Berlín.

El hecho de que recale en el Martin Gropius, el edificio concebido por el tío de uno de los fundadores de la Bauhaus, Walter Gropius, tiene para Karavan "algo de fuerza del destino".