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Berlusconi afronta un divorcio que daña sus planes políticos

Su mujer justifica la ruptura acusándole de haber salido con una menor de edad

SANDRA BUXADERAS

Por una vez en su vida, Silvio Berlusconi no está para bromas. Al conocer ayer por la prensa la voluntad de su mujer, Veronica Lario, de poner punto y final a sus 20 años de matrimonio, el primer ministro italiano se encerró, preocupado, en su residencia de Roma con dos asesores. Se preguntaba cómo encarar ante la opinión pública de la católica Italia un segundo divorcio.

El entorno de Lario filtró a La Repubblica y a La Stampa acusaciones que pueden tener repercusiones políticas: su segunda esposa y madre de tres hijos hace las maletas porque sospecha que su marido frecuentaba a Noemi, una showgirl de Nápoles, "antes de que cumpliera 18 años" y porque se ha dado cuenta de que "él no está bien".

Ahora, el lenguaraz Berlusconi ha optado por el silencio y trata por todos los medios de rebajar el incidente a una cuestión personal, ajena a la política. Ayer evitó a los periodistas y mandó un comunicado inusualmente parco: "Es un asunto personal que me duele, que entra dentro de mi dimensión privada, y del cual me parece que no debo hablar".

También dirigentes de su partido, alarmados, tratan de convertir la crisis en un mero asunto doméstico. "No hagamos de esto una cuestión política", pidió ayer Anna María Bernini, viceportavoz del berlusconiano Pueblo por la Libertad. "Me avergonzaría entrar en una cuestión íntima", soltó el coordinador Ignazio La Russa.

El entorno de Berlusconi es consciente de que las críticas que le lanzó su esposa hace unos días por comportarse como un emperador y como un machista son las únicas que han puesto en dificultades al líder de la derecha italiana.

Acusarle ahora veladamente de ser un corruptor de menores sólo puede ensombrecer sus perspectivas electorales, e incluso apartarle definitivamente de toda opción por presidir un día la República italiana. No tanto por sus implicaciones penales en Italia sólo se considera delito acostarse con menores si la joven tiene menos de 14 años como morales, en un país especialmente influido por las directrices del Vaticano.

Las críticas y la petición de divorcio de su mujer le llegan al líder de la derecha italiana a sólo un mes de las elecciones europeas, y cuando está en la cima de su popularidad. Berlusconi ha capitalizado el sentimiento de unidad nacional ante el terremoto de los Abruzos y, además, se ha quedado prácticamente sin oposición tras la dimisión del líder del centroizquierda, Walter Veltroni.

El Partido Demócrata acogió la noticia con gran precaución: su nuevo líder, Dario Franceschini, no hizo declaraciones. Días antes, explicó que no quería meterse en las escaramuzas entre marido y mujer. Ayer, el senador Luigi Zanda insistió en que el PD "es un partido de personas serias: sabemos distinguir el enfrentamiento político de las cuestiones personales". Sólo el dirigente Mario Adinolfi pidió considerar el asunto como "una cuestión política y una oportunidad para el partido".

Mucho menos recatado se mostró el principal periódico de la derecha italiana, el Corriere della Sera. La periodista Maria Laura Rodotà criticó con dureza al primer ministro en un artículo ayer en su web. Sostiene que Veronica Lario "no tenía otra opción" ante los devaneos de su marido y recuerda que hoy día ninguna mujer en Italia tiene por qué aguantar infidelidades. "Ha sido una humillación colectiva", asegura.

"Nadie quiere que nuestros chicos y chicas crezcan entre mujeres desatendidas y adolescentes que te llaman papi", dijo, refiriéndose al apelativo con el que la joven Noemi se dirige al primer ministro. Al contar el lunes a la prensa su "gozo" al ver aparecer en su fiesta de puesta de largo a su "papi", esta joven napolitana ha puesto a Berlusconi en el mayor brete en el que se ha visto el magnate en mucho tiempo.

 

 

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