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Bertolt Brecht, en vaqueros y camisetas

Marina Bollaín propone una nueva visión de 'La ópera de tres peniques'

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Marina Bollaín dice que ha aprendido mucho en Alemania. Se trasladó a Berlín en 1993, cuando el Muro aún humeaba, y allí permaneció hasta 2004, con una ciudad completamente cambiada. Durante todo ese tiempo, observó cómo 'los alemanes no tienen ningún miedo a innovar. Te pueden montar La flauta mágica de Mozart con metralletas y no pasa nada'.

Ella ha intentado ahora hacer lo mismo con La ópera de tres peniques, de Bertolt Brecht,que estrena hoy en los Teatros del Canal dentro del Festival de Otoño. Un enorme espectáculo compuesto por 18 actores y 15 músicos donde sobran los tirantes, los bombachos y las gorrillas que se llevaban en 1928, cuando se estrenó la obra por primera vez. Bollaín ha vestido a sus actores con vaqueros y camisetas, ha colocado pancartas en las que se pueden leer consignas de hoy y ha adaptado el argumento.

'Él hablaba de una sociedad de burgueses que, en realidad, eran delincuentes; la misma que tenemos nosotros ahora con tantos casos de corrupción, a los que parece que nos hemos acostumbrado', manifiesta. Además, entiende que hay aspectos de Brecht fuera de contexto: 'Sus mendigos eran los tullidos de la I Guerra Mundial. Eso hoy no tiene sentido'.

El aspecto que sí se mantiene es la música de Kurt Weill, que dio pie al nacimiento del musical moderno. 'Es una música muy incisiva y muy lírica. Y el final es toda una sátira de una ópera seria', explica Bollaín, que ya en Berlín trabajó con zarzuelas tan castizas como Adiós, Julián. 'Me gustan y a los alemanes también', afirma la directora.

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