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Blesa, satisfecho de su gestión, dirá adiós a Caja Madrid el próximo jueves

EFE

Después de más de 13 años en la presidencia de Caja Madrid, Miguel Blesa se despedirá el próximo jueves de la entidad, agradecido y satisfecho de entregar a su buen amigo el ex ministro Rodrigo Rato el mando de una institución que es cinco veces más grande que cuando él llegó.

Por primera vez desde septiembre de 1996, Blesa dejará de estar al frente de la segunda caja de ahorros española, en la que, según reconoció esta misma semana, le habría encantado quedarse.

Sin embargo, tendrá que abandonar la caja después de un tortuoso proceso electoral, que en su opinión ha sido "demasiado largo", y una vez agotadas todas las posibilidades legales de que pudiera ser reelegido por otros 6 años más.

Se marchará "con añoranza, pero sin rencor ni amargura" a pesar de los rifirrafes políticos que en muchas ocasiones buscaban alejarle de la presidencia y encontrarle un sustituto, que también fuera próximo al PP.

El digno sucesor de Blesa será Rato, quien apareció en escena al final de la tormenta, hace apenas tres meses, pero que consiguió calmar las aguas revueltas.

Todos confían en la validez del ex director gerente del FMI. Blesa considera que Rato será un "buen presidente" de Caja Madrid y hará que la entidad tenga un papel clave en la reordenación del sistema financiero español.

Para ello podrá aprovechar que el equipo anterior dice haber dejado buena parte de los deberes hechos, pues se han estudiado "todas las posibilidades" de fusiones y Rato se encontrará el "menú" para elegir.

Además, el ex vicepresidente tendrá un importante colchón para hacer frente a imprevistos en 2010, pues Caja Madrid decidió hacer una dotación cautelar de 656 millones a provisiones a cuenta del beneficio de 2009, que finalmente fue un 68,4% inferior al de un año antes.

La decisión de destinar esa cuantía a provisiones "nos estropea la foto", admitió Blesa, pero "es una actitud más responsable".

Por eso, aunque haya tenido que presentar los resultados más modestos de su mandato, un beneficio de 265,81 millones en el conjunto de 2009, Blesa partirá convencido de que Rato se lo agradecerá.

Y es que, aunque la caja ha conseguido desde el verano reducir su morosidad, ésta se sitúa en el 5,4% y con las previsiones que maneja la entidad, que teme que 2010 pueda ser "el año más difícil del ciclo", nuevamente podría aumentar.

No obstante, si uno se fija en el resto del álbum y no sólo en la foto final, verá unas cuantas razones que justifican que Blesa marche orgulloso de su gestión en la caja.

La bonanza económica vivida durante más de una década ayudó a Caja Madrid a afianzarse como la cuarta entidad financiera del país y a ganar en número de clientes.

Cuando Blesa accedió a la presidencia de la caja madrileña en 1996, la entidad era algo más grande que lo que es ahora Unicaja, Caixanova o BBK, ya que sus activos superaban 33.000 millones de euros.

A finales de 2008 éstos ascendían a 180.000 millones, es decir, se habían más que quintuplicado, al igual que los recursos de clientes, gracias a que la caja pasó de 3 a 7 millones de usuarios.

Para dar servicio a todos ellos, creó 6.000 empleos, abrió 1.400 sucursales, así como oficinas de banca de empresas en Miami, Viena y Lisboa.

En todo ese tiempo, se aprobaron decisiones estratégicas como la compra en 1997 de un banco privado que se convirtió en Altae Banco o la firma de una gran alianza en banca-seguros con Mapfre.

Además formó una corporación financiera, que engloba a Altae Banco, Caja Madrid Bolsa, Pensiones, Gesmadrid e Inversis, entre otras compañías, y que es el germen de Cibeles, una sociedad que la entidad quería sacar a Bolsa desde finales de 2008 pero que ha ido aplazando por la situación de los mercados, y que ahora le tocará a Rato decidir.

Cibeles nació tras la compra del 83% del séptimo banco de Florida, The City National Bank, por 930 millones de dólares (618 millones de euros) en abril de 2008.

Para afrontar esta operación, ayudaron los 2.333 millones de la venta del 10% que mantenía en Endesa, cantidad que también sirvió para comprar a Repsol por 815 millones el rascacielos diseñado por el arquitecto Norman Foster en el Paseo de la Castellana.

Un edificio de 44 plantas, rebautizado como "Torre Caja Madrid", que ya tendrá que estrenar Rato.

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