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Una Cámara a juego con los gobiernos

La victoria de la derecha rebajará su función de contrapoder ante los ejecutivos conservadores

DANIEL BASTEIRO

Los resultados definitivos de las elecciones europeas convirtieron ayer en papel mojado los sondeos e incluso algunos de los resultados parciales de la noche electoral.

El Partido Popular Europeo (PPE), que se fortalece como primera fuerza de la Cámara, obtuvo 263 diputados frente a los 161 del Partido Socialista Europeo (PES) de un total de 736. Todo ello a pesar de que los conservadores británicos y checos, que suman 34 diputados más para la derecha, integran por el momento el grupo de los no inscritos tras abandonar el PPE con la intención de formar una nueva alianza de derechas.

El nuevo Parlamento Europeo, elegido con el menor índice de participación de la historia, hace juego con el color de los gobiernos a los que en la pasada legislatura apercibió en varias áreas fundamentales pese a la división de la izquierda. El proyecto de directiva de 65 horas, deseado por los ejecutivos de centroderecha europeos y el británico, fue neutralizado en la Eurocámara por los socialistas, encabezados por España, país que en el Consejo, institución donde se reunen los 27 gobiernos, estuvo siempre en minoría.

La jornada de más de 48 horas, sobre la que la Comisión podría presentar ahora nuevas propuestas, logró la oposición de una mayoría de socialistas, incluidos parte de los laboristas británicos, que se opusieron al Gobierno de Gordon Brown, y algunos conservadores, como el PP español.

El patrón se repite en el caso de la reglamentación de los mercados financieros, una tarea que continuará en esta legislatura que comienza. Poner negro sobre blanco el estado de productos como los hedge funds o la capacidad de las agencias de calificación de riesgos concitó recelos en la derecha europea, que se negó a considerar nuevas reglas de juego incluso en los primeros momentos de la crisis. En otros asuntos, como la inmigración, la izquierda votó dividida ante una derecha cohesionada que en la próxima legislatura lo tendrá más fácil para hacer valer sus posiciones.

Es el caso de la directiva de retorno, conocida como la directiva de la vergüenza, que socialistas españoles y alemanes apoyaron junto a la derecha y los partidos ultras.

La extrema derecha, presente en la nueva Eurocámara con partidos como el British National Party, que obtuvo dos escaños, los Verdaderos Finlandeses, el Partido de la Libertad holandés y su homólogo austríaco, y la lista de Hans Peter Martin, también en Austria, contribuirá a reforzar las posturas de los principales ejecutivos de la UE, cuando no a radicalizarlas.

En Bruselas, la Comisión quita hierro al avance de la ultraderecha, asegurando que "no se puede concluir una tendencia" porque en algunos países estos partidos pierden fuerza, según un portavoz comunitario. La participación, que finalmente quedó en el 42,94%, sí es una preocupación acuciante, justo cuando la Eurocámara gana poderes.