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Las cárceles españolas suspenden en atención a la salud mental

Un 25% de los reos sufre trastornos, según el primer estudio de Instituciones Penitenciarias

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Está muy contento. Quién lo diría: los barrotes que le custodian desde hace ocho años asfixian a una persona libre en un par de horas. Pero tiene razones de sobra para sentirse feliz y orgulloso de lo que está consiguiendo.

José Arradi, de 43 años, ha hecho dos grandes avances: habla sin tapujos de su enfermedad, esquizofrenia paranoide, y tiene un proyecto para rehacer su vida, algo muy difícil para un preso, y más con su patología. 'Me gustaría comprar un barco para pescar coral rojo, que vendería a las joyerías', relata con una tímida sonrisa.

No es una utopía, porque José conoce el oficio. Trabajó como buceador profesional y su hermano, con quien ha rehecho lazos tras agarrar su enfermedad por los cuernos, le ayudaría económicamente a montar el negocio. Alicia Abad, la psicóloga responsable de la terapia que sigue en la cárcel madrileña de Navalcarnero, lo corrobora. Mientras, José saca sobresalientes en el curso equivalente a tercero de ESO.

Reos con problemas mentales

Uno de cada cuatro presos en las cárceles españolas sufre una patología psiquiátrica, y la mitad, una alteración mental, por enfermedad o por drogodependencia. Otro 12% suma a su enfermedad el consumo de drogas. Son datos del primer estudio que realiza Instituciones Penitenciarias, con los historiales de casi 1.000 reos de todas las comunidades excepto Catalunya, que gestiona sus cárceles.

La carcel de Navalcarnero, que acoje a 1.370 de los 67.750 reos en España, es una de las pioneras en impulsar un programa de salud mental. El año pasado recibió un premio de la OMS por el programa que realiza con la ONG Intress. Al igual que otras prisiones, como la de Zuera (Zaragoza), lleva una década impulsando programas de salud mental.

Pese a las excepciones, las cárceles españolas no están preparadas para afrontar la realidad de sus internos: casi un 18% de los reos ya recogía en su historia clínica problemas psiquiátricos antes de entrar en prisión. ¿Por qué? 'La mayoría viene de entornos marginales', explica José Manuel Arroyo, de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria y médico enla prisión de Zuera. 'Controlado el sida, ahora el problema de las cárceles es la salud mental', asegura.

Mariano Hernández, de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, apunta que la atención a la salud mental, que afecta a un 10% de ciudadanos, también es insuficiente en la red sanitaria. A su juicio, en las cárceles faltan más de 100 psiquiatras. Según explica, 'la cárcel en sí provoca trastornos psíquicos; si a eso le sumamos que entra gente sin tratar o mal tratada, llegamos a la situación actual'.

José es el ejemplo de lo que puede conseguir una buena terapia, algo a lo que sólo una minoría de internos tiene acceso. Cuando ingresó en Navalcarnero llevaba el pelo alborotado y sus ojos parecían de cristal. Hoy va pulcramente afeitado y unas generosas entradas le despejan la cara.

Sonríe con los ojos, consciente de que entre el hombre de la foto que muestra y el José actual poco hay en común. 'Empecé a oír voces que me decían cosas horribles de mi madre. Le rompí una silla en la cabeza y murió'. José explica el suceso que le puso entre rejas tranquilo, con una mirada directa, como si otro lo hubiera hecho por él. Ha aprendido a afrontar la realidad gracias a la terapia que sigue desde que ingresó en Navalcarnero.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía recuerda en un informe que la ley permite que algunos presos con trastornos se beneficien de salidas terapéuticas o de un adelanto de la libertad condicional. Pero insiste en que debe probarse que no son peligrosos, algo difícil de conseguir.

Faltan unidades mixtas

José Manuel Arroyo y Mariano Hernández aseguran que ninguno de los dos modelos que existen (la cárcel ordinaria y los dos psiquiátricos penitenciarios, en Alicante y Sevilla) son la panacea. 'Se les aísla y no asegura la reinserción, al contrario', explica Arroyo. 'Lo ideal sería una unidad mixta, con seguridad pero atendida por profesionales', asegura.

Hernández coincide. Valora que el programa marco de salud mental que elaboró hace unos meses Instituciones Penitenciarias 'reconoce un problema que hasta ahora estaba oculto' y dice que 'va en la buena línea, la de conectar al preso con el mundo externo'.Pero sólo es el primer paso.

La atención primaria en las cárceles depende de Interior, y no de las consejerías de Sanidad. Unos 800 médicos, funcionarios de prisiones, trabajan en sus enfermerías: módulos donde tanto se curan heridas como se atiende día y noche a enfermos crónicos. 'La mitad de las plazas las ocupan enfermos psiquiátricos', indica Hernández.

En cambio, los médicos especialistas dependen de las consejerías de Sanidad. Según el acuerdo de cada comunidad con Instituciones Penitenciarias, los reos acuden al psiquiatra en un furgón blindado o éste va periódicamente a la prisión a pasar consulta, pasando por soluciones intermedias.

José tiene unos ojillos vivarachos que transmiten voluntad. Afronta 'unos cuantos años', con sus días entre barrotes, pasillos larguísimos, entre una puerta que no se abre hasta que la que la precede no se cierra. Pero dice sereno que no quiere pensarlo. 'La medicación me ha equilibrado. Ahora me gusto como soy', respira.