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Un castigo ejemplar a años luz de las condenas españolas

En España, los principales culpables han recibido una pena máxima de 31 años

S. R. ARENES

Los ladrones de guante blanco se saltan los bordes de la ley mucho más tranquilos en España que en EEUU. El castigo ejemplar que este lunes recibió Madoff no lo han sido tanto en los grandes delitos económicos de la historia española reciente. Al final, los principales culpables han recibido una pena máxima de 31 años, como en el polémico caso (con fuga incluida) de Luis Roldán, ex director de la Guardia Civil, condenado por estafa, malversación, cohecho y delito contra la Hacienda Pública.

Ningún fraude económico español se acerca al centenar de años de cárcel. Sólo los delitos de terrorismo, salvando las distancias, son castigados con penas que superan los 150 años de Madoff, apuntan los expertos. Los dos principales culpables del 11-M, Otman El Gnaoui y Jamal Zougam, afrontan penas de 42.922 años cada uno. Etarras sanguinarios, como los miembros del comando Madrid, han acumulado más de 3.000 años por condenas sucesivas.

En cuanto al cumplimiento de las condenas, los estafadores españoles no sufren una férrea imposición porque suelen mostrar buena conducta y se acogen a los beneficios penitenciarios que permite el Código Penal más fácilmente. Roldán logró en 2005, tras diez años de prisión, el permiso para salir a trabajar durante el día. La flexibilidad del régimen del que disfruta es tal que el año pasado fue a un programa de televisión, aunque luego el juez ordenó que le embargaran lo que cobró porque aún no ha devuelto los 9,6 millones de multa que debe.

Otro antaño ilustre financiero, el ex presidente de Banesto, Mario Conde, que fue condenado a 20 años tras dejar un gran agujero en el banco, logró el tercer grado en 2005 antes de cumplir la mitad de su condena. Poco después dio una conferencia sobre su paso por la cárcel, en la que contó que le había permitido hacer "muchos viajes interiores".

El financiero que más se asemeja a Madoff es, sin duda, Antonio Camacho, el dueño de la agencia de Valores Gescartera, que también usó un esquema piramidal para engañar a centenares de inversores, incluidos la Iglesia y la Policía. Aunque la cifra defraudada ascendió a 88 millones, es 500 veces menor que la estafada por Madoff, aunque también es cierto que esta última tiene una escala planetaria de la que no se han librado algunos ricos españoles.

Camacho volvió a prisión el año pasado, tras dictar sentencia el juez, por el elevado riesgo de fuga. Aún le queda algún tiempo para seguir la estela de Conde.

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