Público
Público

El centroderecha logra una histórica victoria en Hungría

Reuters

El primer ministro electo de Hungría, Viktor Orban, afirmó el domingo que los votantes llevaron adelante una "revolución" al dar a su partido de centroderecha dos tercios de los escaños en el Parlamento para reconstruir el país tras casi caer en el colapso financiero.

Con casi todos los votos de la segunda ronda contabilizados, el Fidesz ganó 263 escaños, por encima de los 258 necesarios para una mayoría de dos tercios, expulsando a los socialistas tras ocho años y asegurando un mandato para aprobar reformas y recuperar la economía.

"La revolución ocurrió hoy en las urnas", dijo Orban ante unos 4.000 partidarios en el centro de Budapest.

"El pueblo húngaro derrumbó hoy al régimen de oligarcas que abusaron de su poder, y las personas han establecido un nuevo régimen, un régimen de unidad nacional", agregó.

Fidesz estuvo en el poder por última vez entre 1998 y 2002, y Orban puede formar ahora el primer gobierno sin coalición en 20 años de la historia poscomunista de Hungría.

Los socialistas tendrán 59 escaños en el próximo Parlamento, mientras que el partido de extrema derecha Jobbik ganó 47. El partido liberal ecologista LMP obtuvo 16 asientos, según resultados preliminares.

El fuerte mandato permitiría al Fidesz aplicar reformas, como un sistema de gobierno local más eficiente, y cambiar la ley electoral o hasta la Constitución. También facilitaría la doble ciudadanía para millones de húngaros en países cercanos, algo que podría causar tensiones con Eslovaquia y otros vecinos.

Fidesz prometió crear puestos de trabajo, bajar los impuestos y terminar con la burocracia para recuperar la economía.

Los húngaros, cansados de una profunda recesión y de un desempleo en niveles máximos en 16 años, querrán ver una mejora en su vida rápidamente, y con las elecciones municipales en octubre, el próximo gobierno deberá hacer algunos cambios simbólicos.

"Seguridad pública, que se acuse a líderes corruptos, y sobre todo, empleos. Eso es lo que más quieren los húngaros", dijo Janos Fristaczki, un conductor de autobús de 60 años.

La perspectiva de un gobierno fuerte es vista por analistas como positiva para la moneda local, el florín húngaro, y los mercados financieros a corto plazo, pero Fidesz no gozará de un período de luna de miel por mucho tiempo. Los inversores querrán ver planes claros sobre cómo reducirán los impuestos y además mantendrán el déficit presupuestario bajo control.

Hungría, que ya ha superado el déficit en otras ocasiones, estabilizó sus finanzas el año pasado con recortes de gastos. Con su deuda pública aún en aproximadamente un 80 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), el nuevo gobierno no tendrá mucho margen de maniobra y deberá colocar la deuda en una trayectoria descendente.

Más noticias de Política y Sociedad