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Dos colmillos y un triángulo sexual

'Luna nueva', segunda parte de 'Crepúsculo', se estrena hoy

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Las historias tendrían verdaderos finales felices si no existiesen las segundas partes. Ni las terceras ni las cuartas. Crepúsculo, la novela superventas de Stephenie Meyer, así como su adaptación al cine (estrenada el año pasado por estas mismas fechas), dejó su historia zanjada, con la victoria final del amor contra natura entre Bella, la chica de instituto insegura y torpe, y Edward, un vampiro con corazón, a quien su instinto de bestia le pide beberse a su chica. En principio, punto y final.

Visto los peligros que supone para la vida de una adolescente corriente estar cerca, no de uno, sino de toda una familia de vampiros que la adopta, su segunda parte, Luna Nueva, sólo podría comenzar poniendo de nuevo el contador a cero: Edward (Robert Pattinson) decide abandonar a Bella (Kristen Stewart) por su bien, dejándola sola, cerca de perder la cabeza. Ella hará todo lo posible por recuperarlo, incluido tontear con la muerte y también con Jacob (Taylor Lautner), un viejo amigo que también esconde un secreto. El triángulo amoroso sobrenatural, que ya se intuía en Crepúsculo, llega a cerrarse en esta segunda parte.

'No he sentido ninguna presión por ponerme al mando de una franquicia tan millonaria', decía el director de la cinta, Chris Weitz, el pasado jueves, durante su visita a nuestro país junto al resto del equipo de Luna nueva. 'Y si hubiera algún problema, se disipó cuando los fans aceptaron que fuera un hombre quien dirigiera esta adaptación. O un hombre en la superficie, por lo menos', dijo en alusión a Catherine Hardwicke, directora de la primera, Crepúsculo.

Poco después, en una entrevista a Público, ahondaba en esta idea: 'Me gustan las mujeres. Las adoro. Y muchos de mis mejores amigos son mujeres. Así que me encanta hacer cine sobre mujeres y tratar sus temas. Pero creo que los temas de Crepúsculo no son femeninos: su historia habla, por ejemplo, de dolor de perder a alguien, algo que puede sentir un hombre. Hay una falsa sensación de identificar la sensibilidad con cosas de mujeres, y la brutalidad como cosa de hombres'.

Weitz, que ya había tentado sin éxito al cine potencialmente blockbuster (con la fallida adaptación de La brújula dorada), cree que las cosas en Hollywood han cambiado. Para bien: 'Por suerte, los estudios han comprendido que los fans quieren versiones honestas, y que, si les das honestidad, consigues atrapar incluso a quienes no conocen el fenómeno o los personajes. Sé que con esta película no hacemos historia, que es entretenimiento, pero me sigue sorprendiendo lo feliz que hace a tantísima gente'. La Meyer, por cierto, se ha dejado ver por el rodaje, 'y yo he intentado ser lo más fiel a ella', dice Weitz.

Rodada en Vancouver ('El frío y la lluvia me ayudaron a que pareciera que Bella siempre está temblando', reconoce Stewart) y parcialmente en Italia ('Fue un descanso: ¡terminar el día con un plato de pasta y una copa de vino!', recuerda Weitz), el principal reclamo de Luna nueva vuelve a ser que, tras una historia de vampiros, se esconde una película de sentimientos mortales.

'Los libros presentan a una chica normal que se siente elegida. Eso resume la experiencia del primer amor. En esta segunda parte, la chica recupera el amor perdido por cabezonería, gracias a su tesón', dice el director.

Algo en lo que también coincidió el pasado jueves la otra parte el triángulo, el hipermusculado Lautner, que aseguraba que 'la historia funcionaría igual si no fuésemos un vampiro y un licántropo'. La tercera parte, Eclipse, ya está en posproducción, se espera para junio de 2010, y parece que dará más miedo: la dirige David Slade, cuyos vampiros en 30 días de oscuridad hacían de todo menos besarse.

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