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La colonia china llega a la Universidad

La segunda generación del colectivo asiático se convierte en un factor clave de integración

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Mientras su amigo Ronny flirtea con dos chicas, Xiang, de 18 años, ordena sus apuntes de lengua china en la puerta del Instituto San Isidro (Madrid), donde estudia los sábados por la mañana con otros 200 hijos de familias chinas. 'Me vendrá muy bien para hacer negocios con China dentro de unos años', pronostica en un depurado castellano.

Como la mayoría de universitarios chinos que viven en España, el próximo curso Xiang empezará a estudiar Ciencias Empresariales la carrera preferida de esta comunidad, junto a Económicas. Muchos optan por estas titulaciones para seguir con el negocio familiar (textil, hostelería...), pero Xiang quiere desvincularse de la tienda de alimentación que regentan sus padres, crear sus propios negocios y establecer puentes con el país del que partió con nueve años.

Muchos jóvenes chinos hablan tres idiomas y enseñan a sus padres español

'El colectivo chino está muy vinculado a su país de origen, es dinámico y emprendedor', apunta Gladys Nieto, profesora de Antropología China de la Universidad Autónoma de Madrid y autora del libro La inmigración china en España (Ed. Catarata). La investigadora destaca que el interés que está mostrando el colectivo chino en España por las carreras de negocios representa un fenómeno novedoso, ya que en países con más tradición asiática que España, como Francia o EEUU, el abanico de estudios es mayor.

La competitividad de este colectivo aumenta si se tiene en cuenta que su educación (el 25% de los 124.022 chinos que viven en España tiene menos de 20 años) se está realizando en tres lenguas: español, inglés y chino. En el ámbito familiar, esta formación está permitiendo que las segundas generaciones de chinos jueguen un rol clave en la integración de sus padres, el colectivo inmigrante con una adaptación más complicada. 'Muchos de estos chicos enseñan ahora a sus padres a hablar en español', cuenta Nieto. Los pequeños tienen más facilidad para asimilar los nuevos caracteres y estructuras gramaticales, por lo que su comunicación y relación es más fluida.

'Yo tardé 10 años en ir al médico de la Seguridad Social, porque no me podía comunicar con él', recuerda ahora aliviada Jie, una inmigrante china de 52 años, que espera en la puerta del instituto a su hijo Zhupeng, madrileño de 10 años. Hasta que aprendió castellano, Jie tenía que recurrir cuando estaba enferma a conocidos, para que ejerciesen de traductores, o bien acudir a centros de acupuntura, una técnica que en España, al ser privada, resulta muy cara.

Las carreras de Empresariales y Económicas son las más demandadas

Junto a Jie, el resto de padres espera la salida de los niños de sus clases de chino junto a decenas de niñeras. 'Muchos están trabajando en tiendas cercanas de ropa o alimentación y son las niñeras quienes les cuidan', aclara la directora de los cursos, Ying Huang.

Los adultos insisten en que estudien la cultura china, pese a la sobrecarga de trabajo que esto implica. 'Nuestros hijos tienen que conservar nuestras tradiciones porque ahí está la esencia y la historia de nuestra cultura', dice Jie mientras tira de Zhupeng. Además, estas actividades van ligadas a una batería de clases de piano, canto, inglés o deporte y, en ocasiones, horas de trabajo en los negocios familiares, como en el caso de Xiang.

Más de la mitad de la colonia que vive en España procede de Qingtian

Al igual que más de la mitad de los chinos que viven en España, Xiang nació en Qingtian, un municipio al sur de Shanghai con una fuerte tradición migratoria. Cuando llegó a España, con nueve años, no sabía hablar castellano. Ahora recuerda que aquellos fueron 'años complicados', porque no entendía a nadie en clase.

Para aliviar esta transición educativa, los colegios de algunas comunidades autónomas tienen ya aulas de acogida, donde se introduce al nuevo alumno en el sistema educativo. Para los centros donde estas aulas son insuficientes, la Generalitat de Catalunya ha puesto a prueba este año los Espacios de Bienvenida Educativa (en los municipios de Vic y Reus), que algunos sectores han tachado de 'segregacionistas' porque, durante un periodo variable, los extranjeros reciben atención al margen del sistema educativo.

Por otra parte, la invisibilidad y falta de integración de la colonia china se debe a la escasa utilización que hace de los mecanismos asistenciales públicos (seguridad social, ayudas económicas, trabajadores sociales). No obstante, dos proyectos de trabajo social desarrollados en Prato (Italia) y París (Francia) demuestran que si la Administración aumenta el número de intérpretes en los centros públicos, los chinos incrementan sus demandas sociales.

En el futuro, además de su crecimiento económico, la colonia tiene el reto de conseguir que sus hijos, sin vivir en un gueto, conserven sus raíces.

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