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Las críticas desairadas que arrinconaron a Berlusconi

Michele Monina recupera en 'Esta vez el fuego' la marcha contra el premier italiano en los noventa

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La primera vez que Silvio Berlusconi obtuvo el poder en Italia, la izquierda se movilizó para mandarle de nuevo a casa. Un millón y medio de personas corrió a Roma en noviembre de 1994. En ese río humano se sumergió entonces, desde la ciudad de Ancona, el escritor Michele Monina (Italia, 1969). Y también lo hacen los protagonistas deEsta vez, el fuego (Periférica), su primera novela, que ahora sale publicada en castellano.

Con rasgos autobiográficos, Monina relata una historia de desórdenes, descontento y camaradería para denunciar los tejemanejes del sempiterno Berlusconi. 'Todo sigue igual. El tiempo no ha pasado en estos 15 años, y el movimiento estudiantil mueve a mucha menos gente. El sistema mediático está muy controlado y hace pasar por natural lo que no es: que gobierne el hombre rico y dueño del mayor grupo mediático', afirma el autor.

El momento es desalentador. Los jóvenes italianos 'sólo quieren concursar en Gran Hermano, ser ricos y famosos' y no les interesa la política. 'La historia de Berlusconi con esa chica, Noemi, les parece más bien un mérito. Tienden a pensar: Ojalá yo con 70 años también pudiera pasar el fin de año con 30 chicas en mi mansión', explica Monina.

La diferencia entre entonces y ahora es que antes los jóvenes no tenían muchas oportunidades, pero aún así luchaban. Eran nihilistas y gritaban, pero lo intentaron, 'en la esperanza de que cambiar las cosas era posible. Hoy, ya no hay ganas de probarlo', remata.

No hay nada en Italia que no escape a las redes de Berlusconi, y no asoma ninguna alternativa. 'Ha monopolizado la escena de tal modo que la izquierda construye su campaña contra él y no en base a un proyecto. Por eso pierde las elecciones', asegura. Además, se necesitan ideas. 'Desde que cayó el Partido Comunista no se ha encontrado una fórmula nueva. A la izquierda la votan los radical chic, gente con dinero. Los obreros ahora votan a la derecha', dice el escritor.

Un panorama desolador, en el que el presidente gobierna partiendo de métodos irregulares. 'Es el gángster que todos querríamos ser, y no el que querríamos ver en la cárcel. Sé que es un discurso muy amargo sobre Italia, pero mi deber es no usar Photoshop. Tengo dos hijos y no me gusta que crezcan aquí', asegura.

No hay futuro a la vista: los disidentes se van y el resto tiene un tapón encima. 'El presidente de la República tiene 84 años, el primer ministro, 73 años, y el líder de la oposición se le considera joven porque tiene poco más de 50. Es casi imposible para alguien de 20 años tener un proyecto. No podrá comprar casa porque no puede permitirse una hipoteca; sólo conseguirá trabajos precarios. O bien se hace la revolución, que es la idea entre líneas del libro, o no hay posibilidades. Italia no da espacio a los más jóvenes'.

 

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