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El CSIC estudia convertir la cárcel de Carabanchel en un centro para la memoria histórica

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El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha puesto en marcha una investigación que determinará las posibilidades de conversión de la cárcel de Carabanchel en un centro de recuperación de la memoria histórica, como vienen reclamando los vecinos desde hace casi dos décadas.

La investigación, que lleva por título "La Cárcel de Carabanchel: Un modelo de espacio para la represión", será desarrollada durante los próximos tres años por un equipo multidisciplinar, dirigido por la antropóloga Carmen Ortiz, que tiene como objetivo recoger la vida de este edificio carcelario y estudiar sus posibilidades como futuro centro de la memoria histórica.

Ortiz, que ha presentado hoy el proyecto junto al presidente de la asociación de vecinos de los barrios madrileños de Carabanchel y Aluche, Julián Rebollo, ha explicado que la situación de deterioro que sufre la cárcel desde su desalojo y abandono en 1998 requería de un "rescate" documental de urgencia para evitar perder la memoria de este "símbolo de represión" de la dictadura franquista.

Aunque la investigación no ha hecho más que empezar, la antropóloga ha señalado que de los primeros análisis sobre el edificio y de los testimonios recogidos hasta ahora entre presos y vecinos se desprende que la propia arquitectura de la cárcel explica cómo ésta llegó a convertirse en un símbolo del poder y de la represión del Franquismo en todo el país.

El edificio, que construyeron más de mil presos políticos entre 1940 y 1944, fue diseñado con una forma de estrella, inspirada en las cárceles clásicas del siglo diecinueve, que permite que un solo vigilante pueda observar a todos los prisioneros a la vez sin que ellos se den cuenta.

La estructura del penal está orientada a "controlar física y mentalmente" a los presos y, en base a ello, las "patas" de la estrella están organizadas con el objetivo de "reprimir las libertades individuales e impedir que los encarcelados puedan tener relación entre ellos", ha relatado Carmen Ortiz.

El antiguo penal de Carabanchel es, según la antropóloga, un "patrimonio incómodo" que nació para el hacinamiento masivo de presos sociales, encarcelados de manera "preventiva" y que acabó "aglutinando la vida y la identidad del barrio" de clase obrera donde se ubica.

Julian Rebollo, portavoz de los vecinos, ha indicado que Carabanchel "no fue el único centro de represión franquista, pero sí uno de los más tristemente espacios conocidos a nivel nacional e internacional por las vejaciones, torturas y asesinatos que se practicaron entre sus rejas a miles de presos por sus ideas políticas, sus preferencias sexuales o su carácter de víctimas en general de humillantes y antidemocráticos códigos represivos".

"Actualmente, la cárcel y el solar de 172.000 metros cuadrados que ocupa se han convertido en una imagen potente y en un símbolo del movimiento asociativo vecinal, que reivindica la construcción en este espacio de los equipamientos sociales de los que carece y la creación de un centro de la memoria histórica", ha sostenido Ortiz.

La reivindicación de los vecinos en el solar, apoyado por los investigadores del CSIC, incluye la construcción de un hospital público, de equipamientos sociales para los mayores y culturales para los jóvenes, y la creación de un centro para la memoria en las instalaciones con forma de estrella que ocupó la cárcel.

Este edificio, hoy en ruinas ante el "desinterés en conservarlo" mostrado por las administraciones, se ha convertido en los últimos diez años en un espacio para la expresión de "grafiteros" de todo el mundo, que han llenado sus paredes de pintadas relacionadas con lo que ha simbolizado la cárcel, en las que se pueden leer gritos como el de "¡Por una vida sin barrotes!".

Los antiguos presos y los vecinos de Carabanchel sí quieren que el testimonio de la cárcel se mantenga, aunque sea "incómodo e indeseado".