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El otro Ejército de la ministra Chacón

España quiere darse prisa en la formación de los soldados afganos

IÑIGO ADURIZ

En las afueras de Herat, donde no hay nada excepto tierra y arena seca, las tropas españolas instruyen y enseñan a sus colegas afganos. La afganización, considerada como el objetivo de que el Gobierno local gestione su propia seguridad, es una de las principales motivaciones de la misión de paz de la OTAN en el país asiático. De momento, parece que sigue siendo una asignatura pendiente.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, destacó hoy durante una visita relámpago a las tropas la necesidad de 'crear cuanto antes un ejército afgano que sea capaz de tomar las riendas de su propio país'. Para ello, señaló a los militares españoles encargados de la instrucción: 'Sois imprescindibles'.

Desde el aire, el campamento de instrucción afgana, Camp Zafar, se camufla en el paisaje marrón. Hoy, sin embargo, un nutrido grupo de músicos vestidos de rojo y el verde de las tropas dieron algo de color al lugar. Los soldados afganos parecían extranjeros en su propia patria. Observaban a la ministra con admiración y sumisión, igual quea sus colegas españoles.

Uno de los principales problemas al que se enfrentan las tropas encargadas de la mencionada afganización es la comunicación. Cerca de 52 efectivos españoles se encargan de que entre 600 y 700 soldados locales aprendan ejercicios militares y consigan administrar su propia seguridad. También les enseñan a conducir, a hacer pequeños arreglos mecánicos, e incluso a leer y a escribir. Para ello, necesitan a más de una decena de intérpretes, lo que ralentiza aún más el trabajo.

El choque cultural y social es más que patente. Chacón pudo comprobar hoy que el campo de trabajo de Camp Zafar está plagado de dibujos en los que se enseña a los afganos cómo saludar educadamente o cómo hacer ejercicio. Pero sobre educación no parecían necesitar ser instruidos, sino más bien al contrario. El capitán Khelid, encargado de siete de los grupos a los que forman los españoles, se encargó de que ningún miembro de la delegación española se quedara sin tomar el típico té afgano y un caramelo. 'Siéntense, siéntense', repitió sin parar.

La ministra dio un largo paseo por las instalaciones, pese al calor bochornoso que caía sobre el campo, situado a menos de un kilómetro de la montaña, también de color marrón seco. Chacón visitó una explanada, que cumple funciones de autoescuela, donde su simpático instructor protagonizó la anécdota del día. 'Se presenta el coronel Corballado, señora presidenta', saludó con acento andaluz.

La visita continuó como si no hubiera pasado nada, mientras los soldados locales intentaban con más o menos éxito hacerse un hueco para salir junto a Chacón en las fotos. La estancia de la ministra apenas duró una hora, pero afganos y españoles consiguieron olvidarse durante esos 60 minutos de los ataques y del horror de la guerra que sufren a diario.

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