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El ensayo sale de las trincheras

Mucha bala. Las librerías se llenan de relatos históricos sobre la II Guerra Mundial

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En el cementerio militar de La Cambe, en Normandía, descansan más de 21.000 soldados alemanes caídos durante la II Guerra Mundial. Son dos hectáreas de césped, no hay nombres ni fechas, sólo pequeñas lápidas de granito. Hasta hace unos años, visitar el mayor cementerio alemán de Francia se hacía a escondidas, en familia. '¡No olvidéis nunca esto!', decían los ancianos que habían vivido la ocupación nazi. 70 años después del inicio del conflicto más sangriento de la historia, se organizan visitas escolares a La Cambe, donde hay ahora un 'jardín de la paz'. 70 años después del inicio de la II Guerra Mundial, las editoriales españolas (España fue oficialmente un país neutral durante el conflicto) inundan el mercado de relatos, testimonios, biografías, ensayos que explican el porqué de la violencia. Algunos autores, como el británico Antony Beevor, ya se han convertido en referencias mundiales, y sus obras en best-sellers.

José López Jara, editor de Militaria, uno de los principales sellos especializados en historia bélica, define la guerra como 'un elemento con nivel de morbo muy elevado'. La guerra es 'la crisis máxima: lo mejor y lo peor de los seres humanos', explica. Y por eso nos gusta. 'Es la base de la vida y la muerte. Es importante estudiarla profundamente', escribe Sun Tzu en El arte de la guerra. Los tratados de estrategia militar siempre han existido, aunque servían para hacer la guerra. Ahora se trata de entenderla para no repetir la barbarie, como gritaban franceses y alemanes después de la Gran Guerra de 1914-1918.

Las cifras lo confirman. La historia es el género preferido de 43,7% de los lectores; es decir, el mejor valorado, según los últimos datos (2007) de la Federación de Gremios de Editores de España. 'Hay un boom del género bélico y es estable', aclara Miquel Salarich, antiguo militar y licenciado en Historia que creó en 2003 la editorial Inédita, que únicamente publica libros relacionados con la guerra. Este boom se remonta en realidad a un par de años, cuando varios profesionales del libro decidieron seguir el ejemplo de Inédita y crearon colecciones específicas. Ariel lanzó en 2007 la serie Grandes Batallas que reúne 25 títulos; Ediciones B creó el mismo año una colección de historia. El éxito de Inédita llamó la atención: en seis años de existencia, la editorial de Salarich tiene un catálogo de 150 obras, 30 de las cuales son novedades en 2009.

Parecen cifras casi ridículas si se comparan con los millones de Stieg Larsson o Stephenie Meyer, los autores más vendidos y leídos en España, aunque los editores son conscientes de que no luchan en la misma categoría. Salarich tiene claro el perfil de sus lectores: 'Existen tres círculos bien identificados. El primero es el de los lectores fieles, los entendidos, que conocen muy bien los temas tratados, publican reseñas... Son entre 3.000 y 5.000 personas'. El segundo círculo reúne hasta 50.000 personas, 'lectores de revistas especializadas a los que les seduce la historia militar', prosigue Salarich. El tercer y último círculo es 'la gente que se deja llevar por las campañas de marketing', en alusión al último best seller de Antony Beevor; y puede superar las 100.000 personas. Y el interés va creciendo, añade José López Jara de Militaria, quien aclara que vender 5.000 ejemplares de un libro de historia bélica es una buena cifra.

Ambos editores no critican la labor del historiador británico. Todo lo contrario. 'Hay que agradecer su trabajo porque ha permitido que el librero se sienta más a gusto con el género', explica Salarich. Beevor dijo la semana pasada a este periódico durante una visita a Madrid que el género bélico gusta porque 'vivimos en una sociedad posbélica y a muchos lectores les gustaría saber cómo hubieran reaccionado ellos en esas circunstancias. Y también porque las elecciones morales son la base del drama humano'.

La inmensa mayoría de las obras están escritas por autores británicos y franceses, sobre todo en temas relacionados con la II Guerra Mundial. Pero también hay algunos autores españoles con éxito. Jesús Hernández vendió más de 15.000 ejemplares de Las 100 mejores anécdotas de la II Guerra Mundial (Inédita) y fue testigo de la evolución del mercado. 'Siempre hubo literatura bélica, aunque era algo casi vergonzoso. Era algo reservado que implicaba prejuicios heredados de nuestra Historia más reciente. Pero está cambiando', dice.

Porque leer un libro de historia bélica ya no es para los aspirantes a generales, dictadores o nostálgicos nazis que sueñan con De la guerra, de Carl von Clausewitz, jefe del Estado Mayor prusiano del siglo XIX y uno de los más influyentes teóricos de estrategia militar. El catálogo de editoriales como Crítica su colección Memoria supera los 70 títulos o Tempus abarcan tanto libros muy generales sobre un conflicto como batallas concretas que relatan el día día de los soldados. Plaza & Janés y Canal Historia acaban de publicar el libro más popular: Las grandes batallas de la Historia, destinado a 'establecer un puente de comprensión de las causas y los efectos de los conflictos'. Y el género se ha ido ampliando. El dibujante francés Jacques Tardi retrata el horror del conflicto de 1914-1918 en La Guerra de las Trincheras (Norma).

Sin embargo, no escribe un buen libro de historia bélica quien quiere. Jesús Espino, editor de Akal, considera que una obra debe 'ser escrita por un historiador reconocido, aportar un enfoque nuevo cuando se trata de un tema ya tratado, y ser amena; es decir, que enganche desde el primer momento. ¡Sin perder nunca el rigor!', insiste.

Para Jara, de Militaria, 'el rigor permite que un libro tenga éxito, aunque también se necesita carne y hueso, mostrar al lector el lado humano de un conflicto'. Publicado a principios de 2009, El miedo (Acantilado), en el que Gabriel Chevallier narra su experiencia en la I Guerra Mundial, ya tiene su segunda edición.

De todas las novedades publicadas en 2008 y 2009, la inmensa mayoría trata de la II Guerra Mundial. Porque es un conflicto que 'aún no ha desvelado todos sus misterios', argumenta el francés Olivier Wieviorka, autor de Historia del desembarco de Normandía (Tempus). Su libro poco tiene que ver con el de Beevor, aunque trate del mismo hecho. Wieviorka se centra en la preparación del desembarco, mientras que el británico aporta nuevos datos sobre las bajas civiles. 'La labor del historiador no es hacer memoria, sino entender un conocimiento y compartirlo, favorecer una mirada crítica', añade el historiador francés. La editorial Crítica propone enfoques diversos, como en Después de Pearl Harbor, de BillSloan, que se centra en el desarrollo del conflicto en el Pacífico. Y Wieviorka lamenta la falta de variedad sobre la guerra de 1914 -1918.

Los aún ausentes de la estanterías son los ensayos de calidad sobre guerras más recientes como Afganistán o Irak. Existen, aunque están firmados por periodistas. 'Son desconocidas y manipuladas por los políticos', explica Salarich. Comparar las guerras es difícil y engañoso, aunque quizá haya que esperar que una familia de Faluya una de las batallas más duras del conflicto iraquí en 2004 visite un cementerio de marines de EEUU para que se explique y se entienda lo que pasa en Irak.

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