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El escritor Tahar Ben Jelloun dice que no hay choque de civilizaciones sino de ignorancias

EFE

El escritor Tahar Ben Jelloun cree que todavía existe una brizna de esperanza para solucionar los problemas del mundo actual, porque "no existe un choque de civilizaciones, sino de ignorancias y de prejuicios", que puede atenuarse con la enseñanza de la "tolerancia y las ganas de descubrir al próximo".

El autor marroquí ha presentado hoy en Barcelona su última novela "No entiendo el mundo árabe", un diálogo ficticio a cuatro bandas entre su hija y otras jóvenes europeas, una de ellas catalana, sobre el mundo actual.

Cuando publicó hace diez años "El racismo explicado a mi hija", el autor francófono vio cómo mucha gente en diferentes países de todo el mundo se dirigía a él para comentarle que no entendía el mundo árabe y le formulaba preguntas entorno a este área de la Tierra.

Con el tiempo, ha acabado dando forma a esta obra literaria, que ahora llega a las librerías españolas en castellano (Ariel) y en catalán (Empúries), con la que quiere ayudar a ver la complejidad del mundo, a través de una serie de preguntas para las que, en algunas ocasiones, no existen respuestas definitivas.

Para Ben Jelloun, la pedagogía en las escuelas de primaria es muy importante. "Es la base de todo. Si enseñamos tolerancia y ganas de descubrir al próximo se van a evitar muchos malos entendidos".

Sobre el hecho de escoger a cuatro chicas adolescentes como protagonistas de su libro, ha indicado que es una técnica que le ha permitido "plantear muchas preguntas que la gente se hace" y "mostrar lo que la gente piensa desde dentro".

Meriem, una marroquí de cultura francesa y padres musulmanes, vive en París y no es practicante; Lydia es una italiana de Bolonia, católica no practicante, que quiere comprender algunas de las cosas que pasan en el mundo árabe, mientras que María es una catalana, que estudia en el Liceo francés de Barcelona, de madre católica y padre judío, que empieza a plantearse muchas preguntas después del atentado del 11 de marzo de 2004.

En contraposición a estas jóvenes se encuentra Fattuma, la prima de Meriem, marroquí culta e inteligente, que acaba optando, cuando llega a la veintena, por el integrismo islámico.

Además Ben Jelloun se mete en la piel de un kamikaze árabe para "intentar entender cómo es posible que un joven, no necesariamente pobre, llegue a intercambiar el instinto vital por la muerte y el asesinato".

Para este intelectual, la "desgracia del Islám" empezó con la revolución de Jomeini de 1978, que considera fue política y religiosa, cambiándolo todo.

"Cuando la religión se transforma en una ideología en sí misma -ha proseguido- es un peligro porque intenta explicarlo todo. Y los religiosos son peor, porque ellos no dudan ni ponen nada en cuestión, llegando a esta época lamentable de terrorismo y de horror".

En este sentido ha vuelto a reflexionar hoy sobre Marruecos, su país de origen y donde vive a caballo junto con París, porque fue allí donde nacieron los encargados de pensar y ejecutar el atentado del 11-M.

Todavía hoy Ben Jelloun se pregunta: "¿Cómo es posible que un grupo de marroquíes fueran capaces de algo tan horrible, cuando es gente que conoce España y les gusta este país? Es algo que va más allá de lo político y lo religioso", se ha acabado respondiendo él mismo.

Por otra parte, este tipo de atentados, ha subrayado, "no forman parte de la tradición ni árabe ni musulmana".

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