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"Ese dinero lo necesito"

Amaia lleva 17 meses esperando para cobrar la renta de emancipación

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Lleva 17 meses esperando la ayuda que le fue concedida. Cuando realizó la solicitud, tuvo varios problemas por estar declarada como autónoma y por tener el pago domiciliado, pero su expediente fue finalmente aprobado en diciembre de 2008, con efecto retroactivo desde agosto de ese mismo año.

'En ese momento, te alegras y te olvidas de las 20 veces que tuviste que ir a la oficina de Vivienda, del tiempo que has perdido, del dinero que gastas por llamar a todas partes', afirma. Antes de que entrara en funcionamiento la prestación, Amaia compartía piso, pero desde que se enteró de que reunía las condiciones, se fue a vivir sola.

'El problema es grave, sí, pero de la Administración'

Pero el dinero no llegaba y el Ministerio de Vivienda le dijo que tenía un problema con la Agencia Tributaria: 'Finalmente, me enteré de que el problema era que Hacienda no me había devuelto lo que me debía de la declaración de la Renta'. Un certificado y todo parecía en orden, hasta que llegó otra carta que insistía en que seguía sin estar al corriente con el fisco. 'La funcionaria me dijo que me presentara personalmente, que sería por una multa de tráfico. Pero si no tengo coche, señora, le dije. Pues será algo más grave, me contestó', recuerda Amaia, que cree que 'el problema es grave, sí, pero de la Administración'.

Ahora, de vuelta de la Agencia Tributaria, ya tiene un certificado que muestra de nuevo que 'todo está correcto, pero a ver qué es lo siguiente', dice. Esta joven afirma que el proceso 'te exige sacar paciencia y tiempo de donde no lo tienes', y asegura que ese dinero lo necesita 'bastante y, aunque no lo necesitara, es mío y me corresponde, puesto que me lo han prometido'.

A Álex sólo le queda un mes de subsidio y aún no ha cobrado un euro.

Álex hizo sus cuentas. Tenía trabajo y un piso de alquiler por el que pagaría 300 euros descontando la ayuda que prometió el Gobierno. La crisis hizo que su empresa cerrara este mismo año y se quedó en el paro. Sólo le queda un mes de subsidio y de la renta de emancipación no ha recibido ni un euro, pese a tener aprobada la resolución. “Lo necesito más que nunca”, asegura este joven venezolano residente en Madrid, al que sólo le quedan 300 euros para alimentación y para pagar comunidad, agua, luz, teléfono y demás gastos del hogar.

“El silencio administrativo me hizo pensar que me la habían denegado”

Llevan 20 meses mintiéndome a mí y a muchos jóvenes que confiamos en que todo iba a ser precioso y resulta que se ha convertido en un calvario. Tengo la renta aprobada desde marzo de 2008 y desde septiembre, según me dicen en el Ministerio, tengo una orden de pago, pero no me llega ni un euro”, se queja. Álex esperó un año la aprobación de la solicitud. “El silencio administrativo me hizo pensar que me la habían denegado”, explica. Sin embargó, llegó la carta sólo que con un número de cuenta equivocado. Subsanó el error de la Comunidad de Madrid con más papeleo. Y llegó la rectificación, esta vez con el número de cuenta de la dueña del piso equivocado.

Desde entonces, idas y venidas a la Oficina de la Vivienda, errores informáticos en el intercambio de datos entre la Comunidad y el Ministerio, llamadas inútiles al 012 y una única respuesta: “Hay un incidente en el pago”.  “Es la gran mentira –protesta–; desde que anunciaron la medida, muchos jóvenes como yo dejamos nuestra casa o nos fuimos a otro sitio pensando que la situación iba a ser muy diferente”.

Ana María asegura que debe recurrir a la familia para poder comer.

“Para algunos, 210 euros son una miseria, pero para mí, suponen una mejor calidad de vida”, afirma Ana, cuyos únicos ingresos provienen de un trabajo a media jornada como auxiliar administrativo: 487 euros al mes. Se independizó pensando que la prestación le ayudaría a pagar los 372 euros de alquiler. “Me fui de casa de mis padres, no por necesidad, sino incentivada por esta ayuda”, alega.

“Me fui de casa de mis padres, no por necesidad, sino incentivada por esta ayuda”

Presentó la solicitud en enero de 2008 y, tras pedirle nueva documentación en varias ocasiones –“Alguna que no se incluía en los requisitos”, se queja–, recibió la respuesta positiva en marzo de este año. “Han pasado ya nueve meses y no he recibido ni un céntimo, ni ninguna respuesta a mis múltiples quejas mediante cartas certificadas, correos electrónicos y decenas de llamadas a números donde sólo te dan largas”. Ana María afirma que no puede pedir demasiada ayuda a su familia, puesto que su padre “tiene un sueldo muy bajo” y su madre está en paro. Aun así, reconoce que “vivo de la caridad de mi familia porque no me llega ni para comer. Y, mientras, ni se dignan a contestarme”.

Esta joven gallega de 25 años insiste en que no se fue a ciegas de casa: “Me informé bien de que me correspondía la prestación, me la concedieron y ahora la carta no vale para nada. He tenido que borrarme de la autoescuela, se rompió la lavadora y tuve que lavar a mano, y la comida está justa”, se resigna. Afirma que la única noticia que ha recibido de por qué no le pagan es “porque tengo multas de tráfico. Y ni siquiera tengo carnet de conducir”.

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