Este artículo se publicó hace 16 años.
Una espectacular operación contra los autores de los disturbios en Francia genera una polémica
La espectacular operación policial que esta madrugada condujo a la detención de 33 personas, presuntamente responsables de los disturbios que sacudieron la periferia norte de París el pasado mes de noviembre, generó una polémica por su enorme magnitud y, sobre todo, por su mediatización.
Cerca de un millar de agentes de diversos servicios -incluidos del cuerpo de elite RAID- intervinieron en los arrestos de esas 33 personas, de un total de 38 que identificadas como responsables de los graves altercados de noviembre, en los que 119 policías fueron heridos, varios de ellos por arma de fuego y cinco de gravedad.
La operación, que comenzó a las 06.00 hora local (05.00 GMT) se llevó a cabo en varias localidades del departamento de Seine Saint Denis, al norte de la capital, y en particular en Villiers-le-Bel, donde estalló la ola de violencia tras la muerte de dos adolescentes, cuya moto colisionó con un coche de policía.
Grupos de antidisturbios entraban en los edificios armados con instrumental para echar abajo puertas y otros colegas esperaban a la entrada, mientras numerosos periodistas, cuyos medios habían sido advertidos incluso días antes, contemplaban la actuación en el exterior.
La fiscal de Pontoise, Marie-Thérèse de Givry, justificó la magnitud del despliegue policial e insistió en la idea de que los medios utilizados "estaban a la altura de los hechos criminales extremadamente importantes" que habían ocurrido en Villiers-le-Bel.
En ese sentido, consideró que era necesaria la presencia de tantos agentes "teniendo en cuenta el número de detenciones, la necesidad de arrestarlos a todos juntos".
La operación, dirigida por la Dirección Central de la Seguridad Pública y la Dirección Regional de la Policía Judicial, se llevó a cabo bajo la dirección de tres jueces de instrucción que se ocupan de los procedimientos de tentativa de homicidio de agentes y por incendios voluntarios.
La ministra del Interior, la conservadora Michèle Alliot-Marie, trató de cortar las críticas al subrayar que se trató de "una muy buena operación, con mucho éxito, efectuada con tranquilidad", aunque dijo lamentar que hubiera habido fugas que hubieran conducido a una "mediatización importante".
El alcalde de Villiers-le-Bel, el socialista Didier Vaillant, se manifestó sospechosamente extrañado de que la prensa estuviera advertida por adelantado, mientras que él mismo fue prevenido cuando el dispositivo se ponía en marcha sobre el terreno.
La ex candidata socialista a las presidenciales, Segolène Royal, fue más clara en sus acusaciones de un montaje de uso político: "todo el mundo está en su derecho de sorprenderse de que las cámaras de televisión hubieran sido convocadas en plena campaña electoral para las municipales".
"El presidente de la República vuelve al viejo reflejo de las política espectáculo sobre la seguridad porque como fracasa en el terreno económico y social, quiere hacer creer que sigue controlando las cosas en la cuestión de la seguridad, cuando tampoco es así", indicó Royal, antes de manifestar su esperanza de que "los franceses van a sancionar con su voto este tipo de manipulación".
Alliot-Marie respondió a Royal que acabe con la "hipocresía" de sus acusaciones: teníamos que detener a personas que habían cometido actos graves, así que dejemos de crear polémica sobre lo que se ha sabido; lo importante es que se ha hecho".
También en un tono crítico, el líder centrista François Bayrou, consideró pertinente la acción contra los responsables de los disturbios, aunque también cargó contra la mediatización en directo del excepcional dispositivo policial.
"Siempre he considerado que la justicia no se debía acompañar de una escenificación. La justicia está para conseguir arrestos y no para hacer comunicación", comentó Bayrou.
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