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Estímulos y ajustes a la medida de cada país

El G-20 recomienda que la estabilidad presupuestaria se centre en fórmulas "que propicien el crecimiento"

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Tras la marejada de la recesión económica, las carteras de los líderes del G-20 se han quedado llenas de restos del naufragio financiero, pero sin más salvavidas de rescate. La cumbre que ha tenido lugar este fin de semana en Toronto (Canadá) no ha logrado los consensos que el nuevo foro económico de moda había conseguido en las cumbres anteriores y que sirvieron para atenuar los resultados del impacto de la crisis financiera.

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La tímida recuperación de las economías desarrolladas y el fuerte crecimiento de los países emergentes han aumentado las distancias de los líderes mundiales que ya no aspiran a nuevas operaciones coordinadas como las que se lograron hace apenas un año para orquestar estímulos fiscales.

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La principal preocupación con la que llegaron los líderes mundiales al foro era la de lograr crear un equilibrio entre crecimiento económico y consolidación fiscal. El debate se había encendido en los días previos por el aparente disgusto del presidente de EEUU, Barack Obama, ante el ajuste presupuestario de Alemania que temía que pusiera en riesgo la "frágil" recuperación económica.

Tras el intenso debate en el seno del foro, los líderes mundiales han tirado por la calle del medio y han resuelto que la consolidación fiscal sea "ajustada a las circunstancias nacionales", según el comunicado final (en PDF, en inglés). Con esta solución, los miembros del G-20 entienden que cada país debe adoptar la política que mejor se adecúe a su situación nacional.

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En algunos casos, según el comunicado, habrá que "acelerar el proceso de consolidación fiscal" y, en otros, se podrán conservar los estímulos en el crecimiento. En cualquier caso, el texto señala que los planes de ajuste deben ser "creíbles, bien comunicados y centrados en medidas que propicien el crecimiento".

Para los países emergentes, principales detractores de los recortes presupuestarios, los planes de estímulos deberán canalizarse con medidas de protección social que promuevan, de forma indirecta, a sus ciudadanos al consumo.

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Esta indicación es especialmente relevante para China, cuya postura de exportador neto ha sido puesta en cuestión en el foro y a la que se le ha pedido (nunca en público) que active la demanda privada en su país.

En cualquier caso, los integrantes del foro se han comprometido a reducir a la mitad su déficit para 2013 y a estabilizar su nivel de duda a partir de 2016. Este anuncio es básicamente efectista, ya que era el objetivo ya anunciado por la UE y por EEUU. Con todo, el compromiso formal avala en cierta forma la postura de la consolidación fiscal frente a la del crecimiento .

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En este sentido, José Luis Rodríguez Zapatero hizo un guiño a la posición de Obama al asegurar durante su intervención en el plenario de la cumbre que no se "puede renunciar al crecimiento". Zapatero defendió que "aunque algunos países necesitan consolidación fiscal, todos necesitan impulsar el crecimiento".

Luego, ante los periodistas al finalizar la cumbre, Zapatero reforzó su argumento apostando por "fomentar el crecimiento económico sin gasto público". "No hay dilema entre crecimiento y consolidación fiscal", subrayó. Según dijo, hay que "abrir las fuentes del crecimiento y esto se hace con reformas estructurales", como la del mercado de trabajo.

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La cumbre hizo posible que Zapatero pudiera intercambiar algunas palabras sobre temas económicos con Obama y "también con su equipo económico, y me han mostrado su satisfacción por el rumbo que habíamos imprimido con la decisión de hacer público los stress test de la banca", según comentó el jefe del Ejecutivo a los periodistas. Incluso, hubo tiempo para hablar de fútbol: "He ido comentando a casi todos que España estaría en la final del Mundial", comentó ufano.

Otra de las cuestiones para las que no se ha logrado imponer un criterio común en la cumbre es la comentada tasa financiera. La fuerte presión que han ejercido EEUU, Francia, Reino Unido y Alemania no ha sido suficiente para lograr generalizar la necesidad de crear un impuesto global. En concreto, la idea de una tasa sobre las transferencias a corto plazo es ya casi imposible.

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Sin embargo, las conclusiones del G-20 sí reconocen la necesidad de crear "mecanismos de resolución" para futuras crisis financieras que eviten que los contribuyentes vuelvan a pagar los platos rotos. "Las entidades deben hacer contribuciones sustanciales para pagar las intervenciones públicas", dice el borrador. Sin embargo, de nuevo deja en manos de cada país el tipo de mecanismo a implementar, aunque sí reconoce la posibilidad de que esta fórmula sea un gravamen a las entidades financieras que muchos países presentarán en otoño.

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