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Un estudio descarta la relación entre cáncer y nucleares

El Instituto de Salud Carlos III no encuentra ningún aumento significativo de mortalidad por tumores en el entorno de las seis centrales atómicas españolas

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Las radiaciones procedentes de los reactores nucleares españoles no tienen efectos en la salud pública. Un estudio del Centro Nacional de Epidemiología, que se presentará dentro de unas semanas al Congreso de los Diputados, no ha hallado 'ninguna correlación estadísticamente significativa' entre la mortalidad por cáncer en el entorno de las centrales y la presencia de los reactores, según varias fuentes conocedoras del estudio consultadas por Público.

Los resultados del trabajo, elaborado a lo largo de los últimos tres años por encargo del Parlamento, fueron presentados ayer por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y el Instituto de Salud Carlos III a un consejo consultivo integrado por ecologistas, sindicatos, alcaldes de municipios nucleares y representantes de las comunidades autónomas, entre otros.

El estudio, encargado por el Parlamento, se presentará en las próximas semanas

Varios asistentes a esta reunión confirman que las conclusiones del estudio son similares a las de los dos análisis epidemiológicos anteriores, publicados en 1999 y 2001. Ambos concluían que 'no parece existir mayor riesgo de mortalidad por cáncer en comparación con las áreas de referencia [alejadas de reactores atómicos]'.

300 pueblos

Los datos presentados ayer, que serán analizados por el consejo consultivo durante las próximas tres semanas antes de presentarse al Congreso, muestran un ligero incremento de mortalidad por tumores renales, de pulmón y sanguíneos (leucemias, linfomas) en el entorno de algunas centrales nucleares, según las fuentes consultadas. Sin embargo, esas mismas fuentes insisten en que 'no se puede determinar una correlación estadísticamente significativa'.

«Los ecologistas no podemos hacer caso a la ciencia sólo cuando nos conviene»

De nuevo, como en los anteriores estudios, los datos más preocupantes aparecen en el entorno de las instalaciones del ciclo de combustible, en su mayoría ya clausuradas, a excepción de la fábrica de elementos de uranio de Juzbado, en Salamanca.

El trabajo, dirigido por Gonzalo López-Abente, del Centro Nacional de Epidemiología, ha detectado un patrón de mayor mortalidad en cánceres de pulmón y colorrectales, y un mayor número de casos mortales de leucemia en mujeres, según estas fuentes.

'Lo más llamativo se ha visto en Andújar', señalan. La antigua fábrica de uranio de este municipio de Jaén suministró combustible a las centrales españolas hasta 1981, cuando se decretó su cierre.

En 1995 se dio por concluido su desmantelamiento. Casi la mitad de la plantilla ya ha muerto, pero los ex trabajadores de la planta todavía no han conseguido que sus problemas de salud se consideren enfermedad laboral.

El estudio de 2001, también firmado por López-Abente y publicado en la revista Environmental Health Perspectives, se basó en más de 12.000 casos mortales de cáncer en casi 300 pueblos situados a menos de 30 kilómetros de las instalaciones nucleares.

Como en esta ocasión, halló un exceso de tumores sólidos en los municipios vecinos a las instalaciones del ciclo de combustible, sobre todo de pulmón y riñón. En Andújar, la mortalidad por cáncer era un 9% superior a la de los pueblos de control. Entonces, los autores atribuyeron la diferencia a la mayor mortalidad provocada por los tumores de pulmón, ovarios y colon.

Los datos más preocupantes se han observado en la antigua fábrica de uranio de Andújar

Críticas de las ONG

Los ligeros incrementos de mortalidad detectados en algunas centrales tienen que ser analizados, además, teniendo en cuenta múltiples factores. En las cercanías de la planta de Ascó, en Tarragona, se encuentra la poderosa industria química de Flix, cuyos residuos pueden inducir los mismos tipos de cáncer que las radiaciones ionizantes emitidas por los reactores.

En la reunión de ayer, celebrada en la sede del CSN, estuvieron presentes representantes de Greenpeace, Ecologistas en Acción, la Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura (Adenex) y la Asociación de Vecinos Afectados por la Central Atómica de Garoña.

Las organizaciones ecologistas coincidieron en calificar el estudio epidemiológico de 'impecable' y felicitaron al Instituto de Salud Carlos III. Uno de los miembros del comité consultivo señala que el trabajo 'se aprobará por consenso, porque los ecologistas no podemos hacer caso a la ciencia sólo cuando nos conviene'.

Los epidemiólogos mostraron su «sorpresa» al ver que la radiación natural era peor

Sin embargo, los miembros de la ONG pusieron sobre la mesa sus críticas al estudio y pidieron que se tengan en cuenta a la hora de redactar las conclusiones que se harán públicas dentro de unas semanas.

Los epidemiólogos han trabajado, por primera vez, con las dosis promedio proporcionadas por el CSN, así que han asumido que toda la población está expuesta al mismo nivel de radiación, a diferencia de estudios elaborados en otros países que han tenido en cuenta la dosis recibida por cada persona.

Además, los ecologistas reprocharon a los responsables del trabajo que se haya utilizado la mortalidad causada por el cáncer en lugar de la incidencia, el número de casos ocurridos. El CSN, en un artículo de su revista Alfa, reconocía a comienzos de año las limitaciones de este tipo de metodología: 'El hecho de que esta enfermedad presente un largo periodo de latencia limita [...] el uso de la mortalidad derivada como indicador para estudiar el posible efecto reciente de la exposición a este tipo de radiaciones'.

'Un buen punto de partida'

Por otro lado, uno de los requisitos para trabajar en una central nuclear española es pasar un riguroso examen médico y no tener antecedentes de cáncer en la familia, unas cláusulas que podrían condicionar los estudios epidemiológicos, ya que buena parte de los habitantes de estos pueblos son trabajadores de las centrales y sus familias.

El trabajo, que se publicará en los próximos meses en una revista científica internacional, es 'un buen punto de partida', según expresaron ayer en la sede del CSN las organizaciones ecologistas, 'pero no es el aporte definitivo'.

Los miembros del Centro Nacional de Epidemiología también valoraron su estudio en la revista Alfa. 'La sorpresa para nosotros, no tanto para los técnicos del CSN, es que las radiaciones artificiales [las procedentes de los reactores nucleares] son más bajas que la radiación natural [resultante, por ejemplo, de las partículas cósmicas que llegan a la Tierra]; es más, las dosis son bajísimas', explicaban entonces los epidemiólogos.

 

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