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Europa logrará el apoyo del G20 a su nueva "arquitectura financiera"

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La Unión Europea abandonará mañana la cumbre de Los Cabos (México) con el apoyo explícito de los Veinte a sus planes para lanzar una nueva "nueva arquitectura" financiera, que comenzará con la creación de una unión bancaria.

"Espero que el G20 exprese su confianza con las medidas que ya hemos tomado en Europa, y las que vamos a tomar", decía hoy el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, horas antes del inicio de la cumbre.

Y los esfuerzos europeos parecen haber dado sus frutos, ya que la declaración final de la cumbre, según un borrador al que tuvo acceso EFE, contendrá un apoyo claro a los planes de Europa para resolver el grave problema bancario que sufren algunos países, como España, y caminar hacia una nueva unión monetaria.

Según cita, los países del G20 "apoyamos la intención de considerar pasos concretos hacia una arquitectura financiera más integrada, combinando supervisión bancaria, la liquidación y capitalización (de entidades), y un seguro de depósitos".

El comunicado se refiere a los planes que defiende la Comisión Europea, pese a las reticencias de Alemania, de centralizar la supervisión bancaria en un solo organismo europeo, a la vista de los errores que ha habido en algunos países.

La CE, en una postura que comparte también España, quiere que haya fondos europeos comunes para recapitalizar la banca -algo que ya va a disfrutar el sistema bancario español- y para proteger los depósitos de los clientes.

Este es el primer paso, pero no el único, hacia la nueva unión monetaria que pide Europa. Tal y como apuntó Barroso, los planes pasar por alcanzar una mayor unión fiscal, algo que sí defiende la canciller alemana Angela Merkel, porque permitirá ejercer un mayor control sobre los presupuestos nacionales.

Pero los planes pasan también por la emisión de eurobonos, unos títulos de deuda con respaldo europeo que permitirá a los países con primas de riesgo elevadas, como España, financiarse a precios más baratos.

De momento, Merkel se ha opuesto con determinación a esta iniciativa, aunque Barroso y el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, no cejan en su empeño.

"Los eurobonos no dan licencia para gastar lo que quieran los países. Al contrario, son una herramienta poderosa para aumentar la disciplina y la estabilidad", dijo Barroso, en un intento de convencer a los reticentes.

A cambio de su apoyo, el G20 animara en su declaración final a los países del euro a avanzar con sus reformas y a "tomar medidas expeditivas para apoyar el crecimiento económico".

Además, el G20 urgirá a los socios europeos a "tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar la integridad y la estabilidad del área, mejorando el funcionamiento de los mercados financieros y rompiendo el vínculo entre la deuda soberana y la banca".

Éste es precisamente uno de los lastres de la banca española, que se ha convertido en el principal comprador de deuda española, con lo que se crea un vínculo entre sus problemas y la cotización del bono español, lo que puede acarrear, como dijo hoy Barroso, dificultades en los mercados.

De hecho, el bono español llegó a cotizarse el lunes por encima del 7,2 por ciento, un nivel que muchos analistas consideran peligroso si se mantiene a largo plazo, dado que es insostenible para las finanzas publicas.

España ya ha tomado medidas para recapitalizar su banca al anunciar que utilizará una línea de crédito de la Unión Europea por importe de 100.000 millones de euros.

El G20 ha tomado nota de este esfuerzo, y en la declaración que formulará mañana apunta que "valoramos el plan de España para recapitalizar su sistema bancario".

Pese a estos logros, los líderes europeos que participan en la cumbre (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España) han aprovechado el encuentro para cerrar filas y eliminar divergencias, especialmente entre los partidarios de un mayor ajuste fiscal, y los que prefieren estimular el crecimiento económico.

Esta noche, los líderes europeos tienen una importante reunión con el presidente estadounidense, Barack Obama, que les trasladará la receta de la primera economía del mundo: menos fijación con el recorte del déficit, y más estímulos para el crecimiento.