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Los falsos policías del comisario Cocacolo

Una banda se hacía pasar por agentes para robar droga a 'narcos' rivales

Ó. LÓPEZ-FONSECA

Él era el jefe. Daba las órdenes y procuraba permanecer alejado de las herramientas de trabajo. Lo único que guardaba en su domicilio de Pozuelo de Alarcón (Madrid) era el botín de sus golpes, a ser posible en billetes de 500 euros. Por ello, cuando los GEO entraron en su casa para detenerlo, de lo que intentó deshacerse fue de los 180.000 euros que atesoraba en la vivienda que compartía con su mujer y su hijo. Se fue rápidamente al cuarto de baño y, mientras rompía los billetes, intentaba desesperadamente que el agua del inodoro borrara aquella prueba del delito. No lo consiguió. Eran tantos los billetes que lo atascó.

Mario P., 35 años, era más conocido como El Cocacolo. La Policía lo tenía fichado por robo con fuerza en las casas, amenazas y receptación, e, incluso, le habían investigado por su supuesta relación con el narcotráfico, pero nunca le habían considerado capaz de liderar una banda. Y, mucho menos, de colombianos. Y, sin embargo, El Cocacolo había montado un grupo delictivo junto a seis de ellos, todos procedentes de la región cocalera de Pereira.

O, mejor dicho, había montado una brigada. Porque su especialidad era utilizar falsas placas de las Fuerzas de Seguridad para hacerse pasar por agentes o, como se dice en la jerga, por policías full. Con este modus operandi, cometían asaltos a viviendas y daban vuelcos, término con el que se conocen los robos de estupefacientes cometidos a otros grupos de narcotraficantes.

La Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) y la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía comenzaron las investigaciones sobre El Cocacolo y sus hombres el pasado 22 de abril, después de que una mujer denunciara que tres personas que la abordaron y que dijeron ser policías le habían robado joyas por valor de 25.000 en su domicilio del madrileño barrio de Carabanchel.

Bautizadas como operación Pachi, las pesquisas se centraron pronto en Mario, quien había montado tres empresas tapaderas, entre ellas una de seguridad, donde supuestamente blanqueaba el dinero de sus robos. En los dos meses que duraron las pesquisas, los agentes de la UDYCO y la UDEV comprobaron que el comisario Cocacolo y sus policías full viajaron de una punta a otra de España. De Bilbao a Málaga. De la ciudad andaluza a Madrid.

Las investigaciones desvelaron que en todos los casos tomaban fuertes medidas de seguridad. Entre ellas, desconectar los teléfonos móviles que llevaban y utilizar transmisores para comunicarse. "Estamos convencidos de que estaban localizando algún objetivo para asaltarlo", apunta un agente que se muestra seguro de que en la Costa del Sol ya lo habían logrado por el escueto mensaje que Mario envió por teléfono a su mujer desde Málaga: "Ya hemos terminado. Todo ha salido bien".

Ese fue su último viaje. Quince días después, la Policía montaba un dispositivo para detener a los siete integrantes de la banda.

Mario fue el primero en caer. Hacía vida familiar y no salía de casa por la noche. Sin embargo, a la mayoría de sus policías full hubo que esperarles a que llegaran a casa de sus juergas nocturnas. Entre ellos estaba Juan Carlos, el lugarteniente, quien en el piso donde fue detenido, situado en la calle Peso Hispano, en Madrid, guardaba todos los elementos de su disfraz: los falsos carnés que enseñaban a sus víctimas, chalecos antibala con la leyenda Policía, grilletes, pasamontañas, visores nocturnos, prismáticos y nueve pistolas.

En el mismo piso, los agentes encontraron dos máquinas de contar billetes, dos kilos de cocaína y un pequeño laboratorio. En él, la banda cambiaba el logotipo que llevaba la droga que presuntamente robaban a otros narcos por otra marca un caballo o el símbolo del dólar que no levantara sospechas cuando la pusieran de nuevo en circulación. De hecho, en una de las vigilancias detectaron cómo vendían un kilo de cocaína a un pequeño traficante subsahariano en el centro de Madrid.

"Mario no participó en la venta, pero estuvo en todo momento cerca para controlar a sus hombres", detalla uno de los agentes que participó en aquella vigilancia. El dinero de aquella transacción acabó supuestamente en casa de El Cocacolo. Los GEO impidieron que se fuera por el inodoro.

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