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La familia de Saray pide justicia

Cientos de personas despiden a la menor que falleció tras tirarse del coche que la devolvía a un centro de acogida

SUSANA HIDALGO

"En Semana Santa, dos días antes de volver al centro de menores, Saray dejó de comer porque no quería regresar. Decía que, cuando estuviese allí la iba a montar, que iba a ponerse en huelga de hambre", contaba ayer una persona cercana a la adolescente que el domingo pasado murió como consecuencia de las heridas que se hizo al saltar de un coche en marcha cuando regresaba al centro de acogida Casa Joven, en Guadalajara.

Saray G. C. fue despedida ayer en Ciudad Real, su ciudad natal, por cientos de personas que acudieron primero al tanatorio y luego a una misa que se ofició en su honor en el barrio del Pilar, una zona de casas bajas de realojo. Allí, en esa barriada, Saray vivió con su abuela hasta que hace diez meses fue ingresada, por problemas de conducta, en Casa Joven.

El Defensor del Pueblo, las Fiscalías de Guadalajara y Ciudad Real y un juzgado de instrucción de Madrid han abierto una investigación sobre el accidente. Además, la familia de la víctima va a denunciar a la Fundación OBelén, la gestora de Casa Joven, por lo ocurrido, según afirmó ayer en el tanatorio una de las tías.

Esta fundación gestiona ocho de los 28 centros que fueron denunciados por irregularidades y maltrato por el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, en un informe hecho público el pasado mes de febrero. Los familiares no quisieron ayer contar más sobre el accidente.

Los padres de la niña, Rafael y María del Pilar, están en prisión por tráfico de drogas. Él, desde hace varios años, en la prisión de Valdemoro; ella, en Jaén, de manera intermitente. Ayer ambos acudieron a la misa esposados y escoltados por la Policía. El padre, en la parte de atrás del coche patrulla, se golpeaba la cabeza contra el asiento delantero. "¡Es una vergüenza, que les quiten las esposas!", pidieron varios vecinos.

Cuando los padres salieron de la iglesia junto al féretro, se vivieron momentos de mucha tensión. El hermano de la víctima, José Manuel, sufrió un ataque de nervios y varias personas se contagiaron de la emoción y hubo un conato de avalancha.

La familia de la víctima es muy conocida en Ciudad Real. A su abuelo, ya fallecido, lo apodaban El Juez y El Jaro, y se dedicaba a trabajar en el campo. Saray vivía con su abuela y con su hermano desde que sus padres entraron en prisión. Iba al instituto Juan Alcaide y paraba con sus amigas en una plaza del barrio.

Según sus familiares, la cría soportaba insultos de otros chicos y chicas por el hecho de que sus padres estaban en prisión. "Y ella se defendía y pegaba a quien tenía que pegar", explicó un conocido. Ayer muchos recordaban anécdotas relacionadas con la niña. Como el día en que un vecino la regañóporque intentó tapar la boca de una fuente con unos palitos de madera.

La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha se hizo cargo de su tutela hace diez meses e ingresó a la menor en Casa Joven, Guadalajara. A partir de ahí, cada vez que tenía permiso, Saray contaba a sus familiares las humillaciones que sufrían ellos y otros chicos en el centro.

David, uno de sus tíos, recordaba ayer la última vez que vio a la adolescente: "Yo fui el que la llevó a la estación de tren de Ciudad Real para que se marchase a Madrid. Allí la recogió un educador y en el camino de Madrid a Guadalajara ocurrió el accidente". En el vehículo viajaban Saray y otras dos niñas más. La puerta corredera de la furgoneta no estaba cerrada y la víctima la abrió y se tiró en marcha, según las primeras investigaciones.

Ayer, sus amigos pedían justicia. Otros creían que denunciar a Casa Joven no va a servir de nada. "¿Tanta denuncia para qué? ¿Y de ahí, quién la saca?", concluyó una joven, al término de la misa, señalando al féretro.

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