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"Por favor, ponga que esto no es un acto político"

Los asistentes a Colón niegan que fuera una protesta.

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La consigna fue que no era un acto político. Y para demostrarlo, Antonio María Rouco Varela desplegó sus habilidades organizativas para congregar a miles de almas llenas de fervor pero suficientemente contenidas como para que no se las acusara de protagonizar una concentración de protesta. Pero lo fue. Sin multitud de banderas españolas, ni pancartas amenazantes contra el Gobierno, ni fetos en formol, pero con un mensaje claro para los participantes resumible en 'no al aborto ni a más matrimonio que el heterosexual'.

La fe y La Razón -se repartieron ejemplares gratuitos- nunca se llevaron tan bien. Media hora antes de empezar, los villancicos ambientaban a un personal aterido por el frío sólo interrumpidos por advertencias tipo 'hay unos confesores en la puerta de la Biblioteca Nacional, el resto de sacerdotes no deben moverse porque tienen que dar la comunión'. O por cuñas publicitarias sobre las bondades de la colección de libros Alfa y Omega.

En calidad de ministros de la comunión, 500 hombres de Rouco se dispersaron por la plaza de Colón y aledaños para alimentar a las miles de almas. Para organizarse contaron con apoyo humano había 1.700 voluntarios y técnico incluidas varias capillas móviles y una cabina para lactancia.

José, de 68 años, es de misa diaria y se acercó desde Alcorcón. Hacía cola ante una de las furgonetas reconvertidas en capillas para limpiarse de sus pecados en confesión. Sólo perdió la paciencia cuando falló el sonido en pleno mensaje del Papa y vio clara la mano 'de Rubalcaba'. Después, cuando llegó el momento de las peticiones, José volvería a contener la respiración durante unos instantes. Numerosos grupos habían pedido por los niños, por los padres y por los abuelos. Hasta ahí, todo bien. Pero cuando llegó el turno de que uno de los concelebrantes pidiese a Dios 'por el bienestar de nuestro obispo' y necesitó unos segundos para pronunciar su nombre de pila, el hombre mostró su incomodidad. No se sabe si el sacerdote no lo recordaba o si no podía fijar la vista en el libro que le sostenía una mano de pulso poco firme. Cuando el sacerdote acertó a decir 'Antonio María', José pudo relajarse.

Macarena, con nueve hijos, se quejó

Aunque hubo espacio para la entusiasmada guitarra de Kiko Argüello y para que el coro de la catedral de la Almudena entonara multitud de cánticos, el mensaje del Papa fue contundente: 'El futuro de la humanidad pasa por la familia cristiana'. El cardenal arzobispo de Madrid entró en los detalles al definir el aborto como 'una lacra de nuestro tiempo, tan orgulloso de sí mismo y de su progreso' y referirse a los niños 'asesinados' como 'santos inocentes de nuestra historia contemporánea'.

Con el convencimiento de estar en posesión de una receta infalible, Macarena y su marido, Alberto, presumían de sus nueve hijos. Protestaban porque el Gobierno 'apoya a otras familias pero no a la verdadera, a la natural, a la que es como Dios manda'. No eran necesarias más precisiones, pero ella quiso aclarar que la familia natural era la suya, capaz de conducir cinco horas desde Sevilla para venir a Madrid 'a dar testimonio de fe' con toda su prole vestida para la ocasión.

'Por favor, usted ponga que esto es una fiesta, pero no un acto político', recomendaba un asistente en tono amable. Empeñado en convencer al escéptico, señalaba la letra de uno de los himnos, concretamente la del Canto de la Familia. 'Mire, mire, pone la unión del esposo con la esposa desvela el rostro nuevo del amor, ¿qué hay de político en eso? dígamelo'.

Rouco animó a los fieles a vencer

Mientras, el arzobispo de Madrid clamaba contra dos males tan poderosos como 'la cultura de la muerte o el relativismo' y se contagiaba del espíritu de Obama para recordar a las ovejas de su rebaño que era posible, 'que la familia cristiana sí podía vencerlos'.

Muchos de los madrileños católicos que no se acercaron hasta la plaza de Colón pudieron seguir la misa por Telemadrid y contagiarse con el entusiasmo de la periodista que narraba el evento. Junto al sacerdote-comentarista Diego Figueroa Soler, llegó a ofrecer algunos momentos delirantes.

Una de las opiniones: 'Pues muy sencilla he visto yo esta misa, como las que se suelen celebrar cada domingo'. El religioso aventuró una hipótesis: 'Quizá por el momento de crisis muchos están descubriendo que la Iglesia ofrece una alternativa buena'. Ella convino que sí, que podía ser. Y cuando percibió un exceso de tibieza y de palabras melifluas, no tuvo problemas en centrar el tema, para que nadie se distrajese del objetivo: '¿Y esto no será una especie de estamos aquí por el momento histórico que vivimos, con la ley del aborto y demás?'.

 

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