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Fredegunda, la reina sangrienta

Asesinó a reyes y a príncipes con un solo objetivo: gobernar

GUILLAUME FOURMONT

Guapa y carismática, encantadora y manipuladora. Fredegunda también era paciente, muy paciente, porque su único objetivo era conseguir, ejercer y conservar el poder. Lo consiguió: asesinó a todos los que podían ser un obstáculo. La segunda mitad del siglo VI de la historia de Francia, cuando gobernaba la dinastía merovingia, fue marcada por las manipulaciones de una mujer descrita ya en textos de la Edad Media como "la reina sangrienta".

Clotario, hijo único del gran Clodovario, murió en 561 y el reino de los francos se dividió en tres territorios gobernados por los herederos del rey: Chilperico, Gontrán y Sigiberto. De aquella división sólo podían nacer codicia y guerras. El origen de la ambición, del afán de poder de Fredegunda fue una historia de celos.

Cuando Chilperico, rey de Neustria noroeste de la actual Francia se enteró de que su hermano menor se había casado con la princesa visigoda Brunehilda, quiso hacer lo mismo. Brunehilda era "una mujer elegante, guapa, distinguida que tenía buenas maneras y con quien era agradable hablar", narró Gregorio de Tours, historiador contemporáneo de los monarcas del siglo VI, en Historia de los francos. Una mujer nada común para la época.

El rey repudió a su esposa, Audovera, y se casó con la hermana de Brunehilda, Galsvinta. Nacida en 545, Fredegunda era una mujer de origen modesto, una criada que, aunque estaba al servicio de Audovera, compartía la cama de Chilperico. Y Galsvinta no era quien para impedir que siguiera haciéndolo. Una mañana de 568, fue hallada muerta en su cama. La habían estrangulado. A los pocos días, Chilperico se casaba con Fredegunda.

Fue el principio de una larga lista de crímenes que alimentaron los conflictos entre las familias reales de una Francia dividida. Brunehilda pidió venganza y animó a su marido para enfrentarse a sus hermanos. Sigiberto casi impuso su autoridad en todo el territorio hasta que Fredegunda organizó su asesinato. "Dos esclavos hechizados por la reina, con dos cuchillos sólidos y envenenados, le golpearon. Él gritaba y, poco después de derrumbarse, falleció", escribió Gregorio de Tours.

Pero Fredegunda perdió a sus dos hijos y, para ser reina en lugar de la reina, había que acabar con los demás herederos. Una serie de complots llevaron a la muerte de los hijos de Brunehilda y Fredegunda ordenó incluso el asesinato de Audovera, quien se había refugiado en un convento.

El nacimiento de su último hijo, Clotario, la tranquilizó, porque Fredegunda por fin podía instalar a su dinastía en el trono. La sorpresa llegó en 584 cuando Chilperico fue asesinado mientras cazaba. Se acusó a Fredegunda; ella lo heredaba todo. También se dudó de su responsabilidad pues el rey era su mayor protector. Clotario sólo tenía cuatro meses y Fredegunda fue nombrada reina de Neustria. Se benefició del respaldo de Gontrán, el hermano de su difunto marido, aunque también quiso matarle. Nunca lo consiguió y cuando Gontrán falleció, en 593, sus hombres quisieron invadir Neustria. Pero, tres años después, el heredero de Gontrán, Childeberto, era envenenado Por orden de Fredegunda.

Clotario fue nombrado rey de los francos en 613 y gobernó hasta 629, cuando Francia volvió a dividirse. Fredegunda, refugiada en su palacio de París, abandonada, murió de de disentería en 597, a los 52 años, en su cama.

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