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El fuego obliga a evacuar a 4.000 personas en La Palma

El Gobierno canario espera que la bajada de las temperaturas ayude a controlar este domingo el incendio

BELÉN MOLINA

Las devastadoras llamas que desde la noche del viernes asolan la isla de La Palma, en Canarias, obligaron a evacuar a más 4.000 personas de sus casas, arrasaron animales y hectáreas de cultivos, sobre todo viñedos, y centenares de familias ni siquiera saben aún si sus casas siguen en pie. Al cierre de esta edición, dos frentes del incendio permanecían sin control, a la espera de que la bajada de las temperaturas y de la intensidad del viento que se espera para hoy ayude a su extinción.

A los primeros 250 efectivos que intentaron atajar el fuego desde que se descontroló se sumaron a lo largo del día 59 integrantes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de Tenerife, que llevaron 25 vehículos y camiones cisterna, y siete helicópteros del Servicio de Emergencias canario. Más tarde se sumarían dos helicópteros y dos hidroaviones enviados desde el Ministerio del Interior, después de que el Gobierno canario reclamara ayuda al Ejecutivo central.

Las carreteras hacia el sur de la isla están cortadas y cayeron algunas líneas de teléfono. Sin embargo, las comunicaciones por mar y tierra están operativas. Por las dimensiones y descontrol del incendio, las autoridades no quisieron concretar ayer el número de hectáreas que habrían ardido.

Aunque el fuego se inició en una zona de viviendas cercana a abundante vegetación, en un principio se pensó que podría ser controlado con facilidad. No en vano, sólo dos días antes, se habían detectado siete conatos que pudieron sofocarse: cuatro se debieron a colillas mal apagadas, pero también hubo uno el jueves, al norte, que se debió al lanzamiento de cohetes. Precisamente, la pirotecnía pudo ser responsable del incendio que acabaría por descontrolarse.

No hay confirmación oficial, pero todo apunta a que el primer foco del mayor incendio de La Palma (detectado a las 23.00 horas del viernes en el municipio de Mazo) coincidió con el lanzamiento de fuegos artificiales por ser la fiesta del pueblo de Tigalate.

Los vecinos de Mazo fueron sacados de sus casas sin incidentes, algunos en pijama, y alojados en un polideportivo, mientras que a los de Fuencaliente se les instaló al principio en un hotel y horas después en un centro militar de Santa Cruz de La Palma.

Por suerte, no hay víctimas mortales, ni siquiera heridos leves, aunque algunos evacuados necesitaron ayuda psicológica. Además, un hombre de edad avanzada murió de un infarto pero esa muerte no se relaciona con el fuego.

A la posible imprudencia se han sumado las altas temperaturas (entre 38 y 40 grados) que desde el lunes se ceban con el archipiélago canario, además de un viento caprichoso que ayer variaba repentinamente de dirección y que llegó a alcanzar rachas de hasta 70 kilómetros por hora. Así, el fuego pudo propagarse a la velocidad de un rayo, del sur al suoreste de la isla y finalmente en dirección al norte, con tres focos diferentes de llamas de varios metros de altura, que saltan de copa en copa en los pinares, lo que complica aún más su contención.

El foco más importante es el que a la una de la tarde de ayer ya entró en el municipio de El Paso, donde se concentran los mayores bosques de laurisilva de toda Canarias. A media tarde, el incendio ya estaba a cuatro kilómetros tan sólo de la zona más urbanizada y se acercaba peligrosamente al parque, lo que supondría una catástrofe sin precedentes en la isla. Sin embargo, los focos de Fuencaliente y de Mazo tampoco pudieron ser contenidos, y los cambios del viento los avivaron una y otra vez.

El comité de emergencia del Gobierno canario reconoció que "las perspectivas no son optimistas", pero confió en que se cumpla la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología, que anunciaba para hoy una bajada de temperaturas de más de cinco grados y viento racheado.

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