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Un funcionario comunista reconoce que murieron 3 tibetanos en las revueltas en Lhasa

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Un alto cargo comunista en el Tíbet negó que las revueltas del pasado 14 de marzo en Lhasa, la capital regional, fueran un ataque de tibetanos contra chinos de la mayoría Han, y para demostrarlo reveló, por primera vez, que tres de los fallecidos eran tibetanos, informó hoy el diario "China Daily".

El vicepresidente de la región autónoma del Tíbet, Baema Chilain (subordinado al régimen de Pekín), señaló que la idea de una lucha entre etnias aparecida en los medios de comunicación es una equivocación, y aseguró que muchos tibetanos y sus negocios también fueron "víctimas" de los actos violentos.

Es la primera vez que se informa de fallecidos de etnia tibetana por los sucesos del pasado 14 de marzo, ya que hasta ahora Pekín no había dado más que una cifra oficial de 19 fallecidos, de los que uno era policía, y las fotos de cinco chinas de etnia Han que murieron en una tienda quemada por los manifestantes.

Baema, de etnia tibetana, hizo estas precisiones en una rueda de prensa al grupo de 26 periodistas extranjeros que se encuentra en Lhasa para conocer los efectos de los incidentes, durante el viaje organizado por las autoridades chinas, que en circunstancias normales no permiten a medios foráneos entrar en el Tíbet.

Mientras, el gobierno tibetano en el exilio y otras instituciones tibetanas en el extranjero cifran en más de 140 los muertos en los enfrentamientos entre los manifestantes con la Policía y el Ejército chinos.

China tiene 56 etnias, de las que la mayoritaria Han (chinos propiamente dichos) representa más del 90 por ciento de la población, aunque en el Tíbet, según cifras oficiales, representa menos del 10 por ciento.

Algunos expertos opinan que las protestas de Lhasa se deben al malestar que desde hace años sienten los tibetanos por el hecho de que la población Han sea cada vez mayor en ésa y otras localidades del Tíbet, hasta el punto que en la ciudad sagrada para los tibetanos éstos son minoría.

Incluso la prensa china dio a entender que los disturbios de Lhasa se habían debido a un enfrentamiento interétnico.

Eso llevó a varios intelectuales del país asiático a hacer pública una carta en la que manifestaron su oposición a esa idea y acusaron a Pekín de estar intentando fomentar el odio entre distintas etnias.

Los musulmanes Hui, que se concentran en un pequeño barrio de Lhasa, también fueron atacados por los manifestantes.

El gobierno tibetano en el exilio, encabezado por el Dalai Lama en Dharamsala (India), se ha mostrado conciliador en los últimos días, pidiendo el cese de la violencia en Lhasa y mostrando su apoyo a los Juegos Olímpicos de Pekín, tras el aumento de las voces favorables a un boicot.

"China Daily" también informó hoy de que algunos dueños de comercios destruidos por las revueltas están siendo ayudados con préstamos sin intereses y exenciones fiscales.

Por otro lado, el diario criticó a los monjes que ayer declararon a los periodistas foráneos que el Tíbet "no es libre", señalando que los religiosos, cuando hablaron con los reporteros, cayeron en continuas contradicciones.