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El Gobierno chino eleva a 13 los muertos por los disturbios en Lhasa

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Trece "civiles inocentes" fueron quemados o apuñalados hasta morir en los disturbios del pasado viernes en Lhasa, la capital de la región autónoma del Tíbet, informó hoy el presidente tibetano, Qiangba Puncog.

Puncog, citado por la agencia estatal china Xinhua, aseguró en rueda de prensa que los autores de los disturbios causaron más de 300 incendios en zonas residenciales y tiendas, además de destrozar 56 vehículos y 214 tiendas.

Los disturbios además causaron heridas a 61 policías, de los que seis están graves.

El presidente tibetano, actualmente en Pekín, aseguró tras dar las cifras que la población de esa región "luchará firmemente contra el separatismo, a favor de la patria unificada, y en pos de mantener la estabilidad social".

También afirmó que "cualquier intento secesionista de sabotear la estabilidad del Tíbet no recibirá el apoyo del pueblo y está condenado al fracaso".

Según la prensa oficial, la electricidad ha vuelto a la capital tibetana, donde las protestas iniciadas el 10 de marzo, en coincidencia con el 49 aniversario de la revuelta contra el régimen comunista chino, alcanzaron sus momentos más violentos el pasado viernes.

Aunque las informaciones son contradictorias, parece que los disturbios se originaron a raíz del maltrato a los monjes que se manifestaron el 10 de marzo, lo que originó la ira de la población tibetana hacia los chinos de la mayoría Han que según ellos "colonizan" Lhasa y otras ciudades del Tíbet.

El Dalai Lama aprovechó los graves incidentes para acusar a China de cometer un "genocidio cultural" en el Tíbet, algo que el presidente tibetano calificó de "ridículo".

Según Puncog, Dalai y su "camarilla" califica los disturbios de "manifestaciones pacíficas", y los esfuerzos de volver al orden de "represión", algo que según el presidente del Tíbet confunde a la opinión pública.