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"El Gobierno ha de poner fin a esto"

Rafael Ramírez, docente despedido y readmitido

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¿Cómo empezó a dar clases de Religión?

Cuando acabé Teología me planteé esta salida a mi carrera y empecé a hacer algunas sustituciones como profesor de la asignatura. En el curso 1991-1992 ya era indefinido y me destinaron a un instituto de Telde (Las Palmas).

¿Cuándo empezó a reivindicar los derechos de los profesores?

En 1999 me presenté a las elecciones sindicales y me liberé a tiempo completo para esta labor. Era el primer profesor de Religión que lo hacía en Las Palmas. La situación de este colectivo es tan anormal que los otros maestros no reclamaban, tenían miedo.

¿Cuáles eran sus protestas?

El Gobierno del PP, en connivencia con la jerarquía católica, nos obligó a firmar contratos temporales, pero nosotros teníamos un trabajo indefinido. Empezamos con las medidas de presión: encierros en la Consejería de Educación y una huelga indefinida el 26 de enero de 2000.

¿Empezaron ahí sus problemas?

Sí, lo fuerte llegó entonces. La consejería y el Obispado buscaron cómo frenar cualquier reivindicación de los profesores y empezaron a echar gente. Yo era una referencia y pensaron que si se cargaban al cabecilla el resto pondría las barbas en remojo. Primero me amenazó el Obispado y me dijo que, o me incorporaba al centro y dejaba la liberación sindical, o no iba a poder volver a dar clases. Opté por perder mi condición de liberado como miembro del comité de empresa, pero no dejé de reivindicar nuestros derechos.

¿Qué medidas tomaron la consejería y el Obispado?

No les gustó que siguiera dando la lata. El delegado del Obispado, Hipólito Cabrera, me dijo que si no me estaba quietecito en el curso 2001-2002 no daría más clases. Y así fue. Con el curso empezado, unos días después de hacer unas declaraciones a un periódico y a pesar de tener una sentencia que reafirmaba mi condición de indefinido y de miembro del comité sindical, me enteré por la prensa de que la consejería me había echado.

¿Qué hizo entonces?

Fui a los juzgados y tras varios pleitos el TSJC ha declarado nulo el despido. Me incorporé a mi trabajo en 2002.

¿Y ahora qué pasará?

A mí, nada, pero a muchos compañeros que llevan siete años pleiteando no sé... La consejería se ampara en la actuación del Obispado, pero es responsable de esta historia. El Gobierno central debe poner fin a esta situación.