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De la Guerra Fría a la pista de baile

Kraftwerk, padre de la música electrónica, reedita su obra

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En un intento definitivo por dejar atrás un pasado de ceniza y asentar un futuro brillante, a finales de los sesenta, una escena bulliciosa de grupos alemanes se lanzó a buscar las raíces de su propia tradición musical, su folclore, que entendían interrumpido desde la llegada de Hitler al poder en 1933. Con la mirada puesta en el rock vanguardista, la psicodélica británica, el folk americano y el minimalismo de compositores europeos como Stockhausen, consiguieron que el rock alemán no sólo naciera como etiqueta (krautrock), sino que además devolviera, como un bumerán sónico, su influencia sonora al resto de Europa y América.

El documental Krautrock: The Rebirth of Germany describe muy bien en su título las intenciones de la época: se trataba de volver a construir la cultura de Alemania desde cero.

Es en ese escenario en el que nace Kraftwerk, hoy considerados padres de la música electrónica y de muchos estilos surgidos de ella, desde el techno matemático y bailongo de Chicago al ambient sensiblero, del pop electrónico de éxito al electro chatarrero y el ruidoso industrial. Hasta el hip hop: Afrika Bambaataa utilizó material de Trans Europe Express (1977) para Planet Rock y popularizó el sampling.

Habituales en los circuitos universitarios y galerías de arte de Düsseldorf, los dos cerebros de Kraftwerk, Florian Schneider y Ralf Hütter se conocieron en el conservatorio y, después de alejarse de la escena krautrock, se lanzaron a buscar la banda sonora que mejor reflejase la segunda mitad del siglo XX (y parte del XXI). Allí donde conviven la paranoia por la Guerra Fría, el ruido mecánico de trenes y los motores de los coches, el paisaje artificial hecho de estaciones eléctricas y ondas de radio, los ordenadores como herramientas de trabajo y los robots como metáfora del hombre moderno y mecánico.

Según Hütter, una de las influencias del grupo era, atención, los Beach Boys. En su opinión, si el grupo de Brian Wilson había sido capaz de capturar el sonido de California, con sus paisajes soleados y los surferos rubios en bañador, Kraftwerk debía capturar el sonido de Alemania de la época, frío, gris, con abrigo y corbata.

¿Cómo lo consiguieron? Además de usar instrumentos inusuales entonces, como el vocoder, los sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmos, se sumó la tecnología de su propio estudio, Kling Klang, que durante estos cuarenta años ha sido un protagonista más del sonido de la banda: allí se guardaron toneladas de material gráfico y sonoro, que hoy se recupera en The Catalogue (EMI): ocho discos fundamentales, tal y como se concibieron, con artwork, títulos y conceptos originales, y con sonido limpio y remasterizado.

Por si hay duda, hoy Kraftwerk siguen en activo. Esta año han sido teloneros de Radiohead en parte de su gira y se habla de nuevo material. Esta caja es su puesta al día.

 

 'Autobahn' (1974)
La autopista como icono del desarrollo alemán. La sinfonía homónima, de 22 minutos, resume la idea de un disco donde caben pitidos y chirridos de rueda, la rítmica nacida del interior de un motor y un estribillo juguetón: “Vamos, vamos, vamos por la autopista”.

'Radio-Activity' (1975)
Las estaciones de radio, y no la radioactividad, inspiró a Hütter y Schneider unos títulos como ‘Radio Star’, ‘Antenna’ y ‘Transistor’. Con el grupo gozando de popularidad fuera de Alemania, fue grabado, como las viejas películas, en dos idiomas (inglés y alemán) para sendos mercados.

'Trans-Europe Express' (1977)
La idea romántica de una Europa unida por trenes recorre el álbum. El propio Hütter describía en la revista ‘Uncut’ la situación: “En Düsseldorf estábamos a 20 minutos de Holanda, media hora de Bélgica y dos horas de Francia. Berlín estaba mucho más allá”.

'The Man Machine' (1978)
Alejados de la experimentación inicial y empujados por un pálpito pop, este es su disco más irónico, del que luego beberían bandas como Devo o nuestros Aviador Dro. Fue su época de mayor éxito: ‘The Model’ fue número 1 en Inglaterra.

'Computer World' (1981)
Curiosamente, en 1981, Kraftwerk no trabajaba con ordenadores (el primer Atari llegó tras este álbum), pero sí les inspiró unos ritmos tipo calculadora de bolsillo y unas letras sobre la utilización de una tecnología de origen bélico para hacer música. 

'Techno Pop' (1986)
El título con el que salió al mercado, ‘Electric Café’, no le hace justicia al original, ‘Techno pop’, que pone a Kraftwerk en la cúspide de la pirámide de grupos como New Order o Depeche Mode. De nuevo, la estética y el arte, con modelos 3D, fueron pioneros. 

'The Mix' (1991)
En plena fiebre del remix (hasta The Cure habían lanzado un disco con versiones extendidas), los abuelos no podían dejar de ofrecer un disco dirigido a la pista de baile , que reelaborara los temas más clásicos del grupo y los actualizara a la era digital.  

'Tour de France' (2003)
Hütter siempre ha sido fanático del ciclismo. El centenario del ‘Tour de France’ le permitió hacer un disco conceptual con viejo y nuevo material alrededor de su ‘hobby’. Y puso de paso fin a una década de silencio discográfico.

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