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Hambre e incomunicación en 18 horas de larga espera

Un argentino demanda por 333.000 euros a España por discriminación

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Pasaje regalado por el jefe de tu hermano, 1.000 euros. Ir en secreto a la boda de tu hermano en Barcelona para darle una sorpresa, que la Policía te trate de “sudaca” y que te deporten a tu país después de estar de 18 horas incomunicado, ahora también tiene precio: 333.000 euros. Es la cantidad que reclama Walter Ricardo Vergara, de 30 años, al Gobierno español por lo que él considera que fue una “discriminación, tratos inhumanos y privación ilegítima de la libertad”. “El que la hace las paga, por eso he puesto la demanda. Para que no se vuelva a repetir”, explica este hombre.

Tener rasgos latinos y ser artista puede volverse el objetivo perfecto buscado por la policía de migraciones. Todo depende del humor del jefe de la policía de turno que esté en el aeropuerto de llegada. Lo peor, aseguran los damnificados, es que mientras permanecen encerrados en el aeropuerto español no saben nada y son tratados “como delincuentes”.

Bailarín de tango

Todo esto le sucedió a Walter Ricardo Vergara, bailarín de tango del elenco estable de la Orquesta Provincial de Música Ciudadana del Teatro del Libertador de Córdoba (Argentina), quien llegó al aeropuerto de El Prat (Barcelona) el 17 de noviembre junto a su novia, también bailarina, para darle una sorpresa a su hermano Hernán, que se casaba al día siguiente.

Yo estaba muy tranquilo, mi pareja y yo teníamos todo en regla: dinero, tarjetas de crédito, carta de invitación, pasaje de regreso y también un lugar donde quedarnos. Pero después de que la policía nos interrogase por separado durante dos horas en el aeropuerto, nos hicieron cruzar un pasillo sin darnos explicaciones”, explica este argentino. Walter Ricardo y su novia fueron conducidos en el aeropuerto de El Prat a un salón que ahora describe como “la casa de Gran Hermano latinoamericano” porque, según su relato, había otros 100 detenidos procedentes del continente americano, la mayoría de entre 20 y 40 años. Allí comenzó la larga espera, el hambre y la incomunicación.

Una firma y sin boda

“Tuvimos que firmar que no teníamos pasaje de regreso, cuando no era verdad. La policía española nos trató de sudacas”, se indigna Walter Ricardo al recordar esos días. En la sala de inadmitidos de El Prat él y su novia permanecieron 18 horas y luego fueron deportados a Argentina. Se perdieron la boda de su hermano.

Hay más casos similares. Julio Espíndola, un artesano rosarino de 41 años, fue “inadmitido” en España en mayo de 2007 cuando viajó para el bautizo de su sobrino. Tenía 870 euros y pasaje de regreso. “Yo soy bajito y moreno. De todo el avión, fui al único al que detuvieron”, denuncia. Dado que su hermano residía ilegalmente en Salou (Tarragona), la carta de invitación la firmó una amiga a la que supuestamente había conocido por Internet. “La Policía la llamó y le dijeron que estaba loca, que yo podía ser un terrorista y asesinarla, y después le empezaron a preguntar por mis rasgos físicos. Incluso preguntaron cuánto calzaba, cuanto medía, cosas que yo sé solo porque soy yo. Y ella se asustó”, relata Julio.

Interrogatorio

Para comprobar si era turista, la policía española exigió a Julio la agenda de actividades turísticas, “a un rubio no le preguntan qué piensa visitar”, y luego, sin reservas, lo trataron de “sudaca”, siempre según su versión. “Me dijeron, dinos la verdad: esa guitarra la traes para tocar en el Metro”.
Luego, el abogado de oficio le instó a que firmara un documento asumiendo su culpabilidad. “Mi revancha fue cuando me crucé con los mismos policías. Les dije ‘mándenme ya a mi país, yo no vine a trabajar ni quiero saber nada más’”, se enoja.

Si en total se tienen en cuenta los 33 vuelos semanales que hay entre Buenos Aires y Madrid o Barcelona, y lo que sucede con otras nacionalidades, las inadmisiones de argentinos en aeropuertos españoles (127 en el año 2004 y 196 durante 2007 según datos de la Cancillería Argentina) son pocas. Lois López Leira, un argentino que emigró a Vigo en el año 1975 y que coordina el Movimiento de Argentinos en el Exterior, conoce el tema y ofrece la siguiente una explicación: “Los argentinos tenemos la suerte de ser casi todos caucásicos y no llamamos la atención”.