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Hay trabajos que matan

Hasta 23 suicidios en France Telecom disparan la alarma sobre el estrés laboral

ANDRÉS PÉREZ

VVeintitrés empleados de France Telecom se han quitado la vida desde 2008 en Francia. Durante meses, la dirección de la firma negó que esos suicidios tuvieran nada que ver con las nuevas técnicas de gestión. Pero el viernes, una empleada se mató tirándose por la ventana de una sede de la empresa, y el miércoles un técnico se acuchilló en directo en una reunión. Han sido las gotas que han colmado el vaso, y la dirección de la firma ha tenido que ceder en retrasar sus planes de reestructuración.

El viernes por la tarde, con todos los despachos cerrando, nadie se fijó en el bulto que caía desde un quinto piso y que chocó contra la acera al lado del selecto Parc Monceau de París, no lejos del Consulado de España. Nadie, hasta que los transeúntes vieron a una mujer de 32 años herida de muerte, empleada del servicio de cobro de morosos de Orange France Telecom situado cinco pisos más arriba. Entonces las sirenas sonaron.

Un directivo que iba a ser despedido se acuchilló en plena reunión

El miércoles en Troyes, a unos 150 kilómetros al este de París, hubo una banal reunión de inicio de la jornada, como las miles que se celebran en los locales de France Telecom todas las mañanas. La reunión era muy especial para uno de los técnicos. Se rumoreaba desde hacía semanas que su puesto iba a ser suprimido, y que iba a tener que volver a reparar enchufes. Y el jefe así lo confirmó. Por fin. El empleado, de unos cincuenta años, tomó la palabra: "No lo acepto, e iré hasta donde haya que llegar". Sacó un cuchillo, y se lo clavó en el estómago. Herido grave, pero no de muerte, a diferencia de su colega de París.

Gestos así son los que había estado negando la operadora de telecomunicaciones, dueña de la marca de telefonía Orange, desde febrero de 2008, cuando los sindicatos empezaron a detectar una tasa anormalmente elevada de suicidios.

Durante meses, la dirección recurría, después de una de la larga procesión de tentativas de suicidios, a las típicas explicaciones: tal empleado ya era depresivo de por sí; tal otro tenía problemas para devolver un crédito; el otro se angustiaba tras su divorcio... Nada que ver con sus nuevos métodos de gestión y movilidad obligatoria de la firma. Suma muertes y sigue.

Tras el incidente, el presidente ordenó parar todos los cambios de puesto

Aun así, más de veinte muertes a manos propias en menos de dos años para una sola empresa era mucho. Varios sindicatos crearon hace meses el Observatorio del Estrés y de la Movilidad Obligatoria en France Telecom. A sus primeros estudios, que indicaban una conexión entre la gestión y el sufrimiento laboral, vino a sumarse un dato escalofriante: el ritmo de suicidios parece acelerarse en la firma, con nada menos que seis muertes este verano, siete si se contabiliza la última de París.

Ante los oídos sordos de la dirección, los sindicatos habían estado aumentando la presión. Y especialmente así fue tras el suicidio fatal número 22, que se produjo a finales de agosto. Michel, de 53 años, era delegado del personal en el comité de seguridad e higiene, y se quitó la vida después de varios conflictos con la directiva. Los sindicatos lo transformaron en casus belli, y la dirección tuvo que parapetarse en sus últimas trincheras.

Esas trincheras cedieron con la cuchillada del miércoles en Troyes. Veinticuatro horas bastaron al presidente de France Telecom, Didier Lombard, para dar un giro de 180 grados. El jueves mismo dio la orden a su dirección de recursos humanos de "suspender hasta el 31 de octubre todos los cambios de destino de las personas afectadas por proyectos de reorganización" laboral, de abrir inmediatamente negociaciones sobre el estrés laboral y de renegociar localmente los acuerdos de reestructuración del personal que implican cambios de destino o recalificación profesional.

Veinticuatro horas tardó el personal de France Telecom en señalarle que eso no basta, con el triste suicidio de una empleada más, la muchacha del cobro de morosos del Parc Monceau.

Para la historia quedará que fue sólo tras ese vigésimotercer muerto, cuando el Gobierno francés tomó cartas en el asunto. Eso sí, para un gesto espectacular: El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, convocó al presidente de France Telecom a una reunión en los próximos días.

¿Pero qué ha estado pasando con la gestión del personal de France Telecom? "Queremos respuestas. Realmente hay un problema relacionado con el cambio de estatuto efectuado en los últimos quince años. Nos ha llevado a ser una empresa privada con un estilo de gestión a la americana, cuando nosotros lo que éramos es un ente público", explicó un delegado del sindicato CGT, Denis Capdevielle.

Sin llegar forzosamente a tales extremos, lo cierto es que el affaire France Telecom ha vuelto a poner sobre la mesa el problema del estrés y el sufrimiento laboral en Francia, país que ocupa el puesto número uno en productividad por hora trabajada entre las grandes economías del mundo.

El primer estallido de ese problema se produjo en 2006 en la unidad de investigaciones de Renault, el llamado Technocentre, situado en la periferia suroeste de París. En ese centro, se produjo un aumento anormal de los suicidios en verano de 2006, con cuatro muertos, coincidiendo con un cambio en las técnicas de gestión y una redefinición de objetivos. Como el personal de ese centro era la materia gris de altos vuelos que concibe los autos del futuro de Renault, la dirección general tomó cartas en mano, y exigió de inmediato a los mandos medios cambiar de maneras. No es seguro que los casi 100.000 empleados de a pie de France Telecom en Francia tengan tanta suerte. El debate sobre el sufrimiento en el trabajo resurge en el momento más oportuno. En 2010 se iniciará la renegociación de la edad de jubilación en Francia, que el Gobierno quiere retrasar más allá de los 60 años. Según la teoría del Gobierno, es obligado y justo ese retraso, dado el alargamiento de la esperanza de vida. Los sindicatos defienden que para que sea justo y justificado aplazar la jubilación, habrá que tener en cuenta el sufrimiento diferente que causa cada oficio, y la diferencia entre la esperanza de vida de un empleado raso y la de un directivo. Los suicidados de France Telecom así lo demuestran.

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