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Dos hermanas dicen que Torres Baena comenzó a abusar de ellas con 9 y 13 años

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Dos hermanas han afirmado hoy ante la Audiencia de Las Palmas que sufrieron abusos sexuales por parte del principal acusado del "caso Kárate" en su gimnasio, una a los 13 años, cuando la penetró tras vendarle los ojos, y la otra, desde los 9, cuando la convirtió en "su juguete".

Ambas, que son las testigos número 13 y 14 en el considerado mayor caso de pederastia juzgado en España, han declarado tras un biombo que el principal acusado, Fernando Torres Baena, también les obligó a mantener relaciones con las dos monitoras procesadas, María José González e Ivonne González, con otros alumnos y en grupo.

La testigo 14 ha dicho, a preguntas de la acusación, que tuvo relaciones con el cuarto imputado, Juan Luis Benítez, cuando ella tenía entre 12 y 13 años y porque éste le obligaba, pero que ninguno se lo contó a Torres Baena, aunque ha manifestado no recordar que en la fase de instrucción dijese que fueron consentidas y a los 15 años.

Estas dos hermanas, que aseguran que nunca comentaron entre ellas lo que sucedía en el gimnasio ni en el chalé de la playa de Vargas (sur de Gran Canaria), han relatado hoy su experiencia al tribunal, ante el cual se han derrumbado emocionalmente en varias ocasiones, sobre todo cuando han explicado lo alejadas que llegaron a estar de sus padres y amistades, a los que tampoco revelaron lo que ocurría.

La testigo 13 ha indicado que la primera vez que tuvo las relaciones con Torres Baena fue en un altillo del gimnasio y que este "no fue brusco, fue delicado en todo momento". Al finalizar, según su versión, el procesado le dijo: "Tranquila, muy bien, ya estás en el grupo".

A partir de ahí, tuvo más relaciones con el acusado, tanto en su chalé de Vargas como en el gimnasio.

La número 13 ha indicado que, con la acusada Ivonne, el sexo comenzó a los 13 años, pues Torres Baena le decía que era bueno hacerlo con chicas, y después tuvo también relaciones con otros alumnos, entre ellos un hijo del principal imputado, con quien le obligaba a acostarse cuando éste tenía 10 años.

Tanto ella como su hermana han indicado que para mantener relaciones sexuales primero había que tenerlas con Torres Baena.

Según esta joven, el principal acusado "te iba acaparando con cosas que te gustaban, te decía lo que tú querías oír: Que eras buena, guapa y que llegarías lejos en esta vida. Yo me lo creí".

También te decía que "pasaras de tus padres" y que no les hicieras caso, de manera que te iba separando de tu familia y amistades, algo que en su caso consiguió, ha relatado.

Su hermana, la testigo 14, ha declarado que comenzó a ir al gimnasio de Torres Baena a los 8 o 9 años porque el acusado Benítez le daba clase en su colegio y la derivó al centro del principal imputado, porque decían que tenía futuro como karateca.

Al llegar al gimnasio, el trato con Torres Baena se fue intensificando poco a poco y, a los 9 años, en el altillo también, el acusado le empezó a tocar y le dijo que no tuviera miedo, que si quería ser campeona "tenía que pasar por ahí".

En esa ocasión, según la testigo 14, solo hubo tocamientos y le introdujo los dedos en su vagina, pero posteriormente perdió con él la virginidad.

La número 14 ha narrado que después de lo del altillo comenzó a ir al chalé de Vargas, donde desde su primera estancia tuvo también relaciones con la acusada María José, pues según Torres Baena "tenía que conocer todo para ganar en todos los terrenos".

Esta testigo ha manifestado que le consta que otro menor también tuvo relaciones siendo niño con Torres Baena, porque le vio salir de la habitación que el imputado tenía en el tercer piso del gimnasio "con la misma cara de pena que ella".

Precisamente, ha señalado que el ver que cada vez eran más pequeños los niños que veía con la "cara destrozada" le impulsó a denunciar los hechos, pues pensaba que "eso no se lo merecía nadie".

El acusado y sus tres colaboradores se enfrentan a penas de más 600 años de prisión en este proceso.