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Hollywood lamenta la pérdida de Minghella, uno de sus más brillantes orfebres

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Ajeno a las tendencias de la industria actual pero sin renunciar a su grandilocuencia, la obra del británico Anthony Minghella siempre despidió un aroma clásico, razón por la cual con su muerte desaparece también una forma única de rodar y entender el cine.

A Minghella, un tipo extremadamente perfeccionista y cuyos trabajos retoman las esencias del celuloide estadounidense más tradicional, siempre se le recordará por los nueve Premios Óscar que ganó en 1996 con su tercer filme como cineasta, "The English Patient", incluidos el de mejor película y mejor director.

Ayudado por la inolvidable partitura de Gabriel Yared, convirtió en poesía la ya de por sí aclamada novela del canadiense Michael Ondaatje.

"El cine ha sufrido una enorme pérdida hoy", aseguró a Efe Rose Adkins, antigua ejecutiva de los estudios Universal. "Hay muy pocas personas en nuestra industria que tienen el don de crear algo que quede para la posteridad", afirmó la presidenta de los estudios Farcor.

Harvey Weinstein, con quien Minghella rodó para Miramax "The English Patient", expresó también su tristeza: "Tengo el corazón roto".

"Era mi, mentor, compañero y, más que todo, mi hermano. La gracia, alegría y dulzura que imprimía a sus películas era un símbolo de su vida", dijo el productor en un comunicado.

"Hemos compartido muchos momentos en lo personal y en lo profesional y los guardaré como un tesoro durante el resto de mi vida", afirmó.

El idilio del británico con el Óscar no acabó con "The English Patient". En la gala de 2000 "The Talented Mr. Ripley", basada en la novela de Patricia Highsmith, con Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law como protagonistas, obtuvo cinco candidaturas a la máxima distinción del cine.

Tras un silencio de cuatro años en el que rodó el corto "Play", en 2003 volvió por la puerta grande a Hollywood, con la artesanal y academicista "Cold Mountain", en donde volvió a contar con Law.

El intérprete inglés le debe mucho a Minghella.

Bajo su tutela logró sus dos nominaciones a los Óscar, la primera como mejor actor secundario, por su papel de playboy en "The Talented Mr. Ripley", y la segunda al mejor actor, al ponerse en la piel de un soldado, el amor de Nicole Kidman, en "Cold Mountain".

"Estoy profundamente conmocionado y entristecido al conocer la prematura muerte de Anthony", dijo el actor en un comunicado.

"Trabajé con él en tres películas, más que con cualquier otro director, pero lo valoro más como un amigo que como un colega", agregó Law. "Le echaré de menos enormemente".

La última colaboración entre ambos fue "Breaking and Entering", un drama estrenado en 2006.

"Era un escritor y director con un talento brillante que escribía unos diálogos que eran una alegría entonar y que al trasladarlo a la pantalla lograba que pareciera algo sin esfuerzo", continuó Law, que gracias a su Dickie Greenleaf de "The Talented Mr.Ripley" asentó su imagen de rompe-corazones en Hollywood.

"Hacía que el trabajo fuera divertido. Era un hombre dulce, cándido, brillante y gracioso a quien le interesaba todo, desde el fútbol a la ópera, las películas, la música, la literatura, la gente y, sobre todo, su familia, que adoraba, y a quien mando mi amor y mis pensamientos", apuntó.

"Cold Mountain", adaptación cinematográfica de la novela homónima de Charles Frazier, que se alzó con siete candidaturas al Óscar y el premio de la Academia para Renée Zellweger a la mejor actriz secundaria, guardaba más de un punto en común con "The English Patient".

Ambas relataban los horrores de un conflicto bélico (la Guerra de Secesión americana y la II Guerra Mundial), el sufrimiento del protagonista después de ser herido (Jude Law en la primera, Ralph Fiennes en la segunda) y la búsqueda incesante del amor (el de Nicole Kidman, el de Kristin Scott Thomas).

El título de su primera cinta, "Truly, Madly, Deeply", resulta ahora premonitorio de las encendidas despedidas que ha levantado su temprana muerte, a los 54 años, a causa de una hemorragia cerebral.